un cambio: Dios desarmado y el alma armada con las armas divinas, así al Ser Supremo no le
es dado resistir. ¿Te parecerá poco a ti aquel pedirme continuamente el reino de mi Eterno
Querer? ¿Girar por toda la Creación, girar en todos los actos que Yo hice en la Redención, en
los mares de los actos de amor y de dolor de la Soberana Reina del Cielo para pedir mi reino?
Nada pides para ti, y giras y vuelves a girar, y pides y vuelves a pedir que mi Divina Voluntad
sea conocida, que domine y reine. En esto no entra sombra de humano, ni interés propio, y la
oración es el acto más santo y divino, es plegaria de Cielo no de tierra, por eso la más pura, la
más bella, la invencible que encierra sólo el interés de la gloria Divina. Hasta ahora ninguno me
ha rogado con tanta insistencia. Me pidió mi Mamá con tal insistencia por la Redención y fue
vencedora, pero por el reino de mi Voluntad ninguno hasta ahora con la insistencia de vencer a
un Dios, por eso tu insistencia dice mucho, el mismo trastorno de toda la naturaleza dice mucho.
En estos tiempos todos los elementos, trastornándose, son anunciadores de bienes, y es
necesario para reordenar mi reino. Es la cosa más grande, por eso se requiere el trastorno para
purificar la tierra, por eso no quiero que te oprimas demasiado, más bien sigue tu vuelo continuo,
tu insistencia para adquirir la fuerza completa de vencer el reino del Fiat Supremo”.
(3) Entonces yo continuaba rogando y sentía que una mano se posaba sobre mi cabeza, y de
esta mano salían tres fuentecitas, una desbordaba agua, otra fuego, y la otra sangre, que
inundaban la tierra, en las cuales eran arrolladas gentes, ciudades y reinos. Era espantoso ver
los males que vendrán y rogaba a mi amado Jesús que se aplacara, y le pedía me diera
sufrimientos para eximir de ellos a los pueblos, y Jesús me ha dicho:
(4) “Hija mía, agua, fuego y sangre se unirán y harán justicia. Todas las naciones se están
armando para hacerse la guerra, y esto irrita mayormente la Justicia Divina y dispone a los
elementos a tomar venganza de ellos, por eso la tierra verterá fuego, el aire mandará fuentes
de agua y las guerras formarán fuentes de sangre humana, en las cuales muchos
desaparecerán, ciudades y regiones quedarán destruidas. Qué maldad, después de tantos
males, de una guerra súbita, preparan otra más terrible y buscan mover a casi todo el mundo
como si fuera un solo hombre, ¿no dice esto que el pecado ha entrado hasta en los huesos,
tanto de transformar la misma naturaleza en pecado?”
(5) ¡Oh! cómo me sentía mal al oír esto y rogaba a Jesús que pusiera de lado la Justicia
haciendo salir en campo la Misericordia, y si quería una víctima, yo estaba pronta, con tal que
no fueran castigadas las gentes, y si esto no quieres concederme, quítame de la tierra, no puedo
más estar, tus privaciones me dan muerte continua, los flagelos me torturan, y además, ¿cómo
puedo vivir cuando no puedo con mis penas disminuir las penas de nuestros hermanos? ¡Jesús!
¡Jesús! Piedad de mí, piedad de todos, aplácate y contenta a tu pequeña hija.
(6) Mientras tanto, no sé cómo, me he sentido investir por penas que desde hace algún tiempo
no sentía más, no sé decir lo que ha pasado; y esto me da la esperanza de que los graves males
sean al menos en parte quitados.
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22-18
Agosto 15, 1927
Cómo todas las cosas creadas poseen la unidad de la Voluntad
Divina. Diferencia entre la prueba de Adán y la de Abraham.
(1) Estaba según mi costumbre girando por toda la Creación para unirme a los actos que la
Voluntad Suprema hace en ella, y mi siempre amable Jesús moviéndose en mi interior me ha
dicho:
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