(8) “Hija mía, para formar una luz más grande se necesita más calor. Luz y calor son
inseparables entre ellos; si hay luz debe haber calor, porque la naturaleza de la luz es el calor,
y la naturaleza del calor es la luz; así que si se quiere una gran luz, se necesita mucho calor, la
una y el otro son fuerzas iguales, y ambas forman su vida. Ahora, quien hace mi Voluntad y vive
en Ella recibe la vida de la luz y del calor de su Creador, y el alma conforme piensa en mi Divino
Querer, así forma el calor; cuando habla de Él añade más calor; cuando obra para cumplirla,
redobla el calor; cuando camina en sus caminos, multiplica el calor y la luz se hace más brillante,
más fuerte, se extiende y alarga más. Así que no hay parte de su ser que no expanda rayos de
luz vivificante, mucho más que posee la fuente de la vida de la luz, cual es mi Supremo Fiat.
Entonces por esto podrás comprender que las criaturas tanta luz y calor poseen, por cuanto
contacto han tenido con mi Voluntad, y por cuanto buscan cumplirla en sus acciones, y si esto
no fuera, aunque en ellos se vea obrar el bien, es bien sin vida, sin luz y sin calor, son virtudes
superficiales que forman una luz y calor pintados, que al tacto se encuentran fríos y sin el bien
de una luz vivificante que da la vida; y muchas veces la obras sin mi Divino Querer, se hacen
conocer que eran alimentadas por pasiones y vicios que coloreaba con aquel bien aparente”.
(9) Después ha hecho silencio y yo trataba de abandonarme toda en su Querer para seguirlo,
y mi sumo Bien Jesús ha continuado diciendo:
(10) “Hija mía, nuestra Divinidad al crear al hombre lo vinculaba todo con Nosotros, entonces
la memoria, la inteligencia, la voluntad, eran vínculos de unión; los ojos, la boca, el oído, el
corazón, las manos, los pies, eran vínculos, y si la criatura vive en mi Querer, conforme pone en
actitud cada uno de estos vínculos, recibe la actitud de la Vida Divina. Así que viene formada y
se desarrolla como una plantita, que mientras posee la fecundidad de su tierra llena de humores
vitales, regada con agua pura y abundante, está toda expuesta a los benéficos rayos del sol
recibiendo su vida continua, ¡oh!, cómo crece bien, cómo son apetitosos sus frutos, cómo son
buscados, amados y apreciados. Así el alma, con recibir la Vida continua de Dios por medio de
todos estos vínculos, que más que rayos solares se comunican sobre cada parte de su ser, se
conserva tierra fecunda llena de humores vitales y divinos, que más que sangre corren en ella,
cómo crece bien; es la amada, la buscada por el Cielo y la tierra. Su vida, sus obras, sus
palabras, más que frutos son gustados por todos, Dios mismo se complace de saborear frutos
tan preciosos. Así pues ¿cómo puedes tú temer que pudiera dejarte si estás vinculada con
tantos vínculos Conmigo, de los cuales recibes vida continua?”
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22-17
Agosto 12, 1927
Cómo la oración incesante vence a Dios. Trastorno de la naturaleza.
Las tres fuentecitas. Preparación de guerras mundiales.
(1) Me sentía bajo el peso tremendo de su privación, estaba oprimida, desvariaba, me sentía
tan mal que no podía más; y mi adorable Jesús, después de haberme exprimido bien bajo un
peso tan doloroso, teniendo compasión de mi extrema aflicción me ha estrechado fuertemente
entre sus brazos diciéndome:
(2) “Pobre hija, cómo estás mal, ánimo, no quiero que te reduzcas a estos extremos, te
oprimes demasiado, no obstante debes consolarte, tu interior es un hablar continuado ante la
Majestad Divina y un acto continuado. Y un hablar sin cesar jamás pidiendo el reino de mi Fiat
Divino ante Dios, lleva consigo la certeza de la victoria. Así que, o has vencido o estás por
vencer. Un hacer y un decir continuo adquiere la naturaleza de una potencia vencedora hacia
Dios, y Dios como si perdiera la fuerza de resistir, y el alma adquiere la fuerza de vencer. Sucede
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