22-16
Agosto 9, 1927
Cómo la Creación y la Redención son territorios divinos
dados a las criaturas. Amor de Jesús al hacerla dormir.
Cómo luz y calor son inseparables entre ellos. Vínculos
que Dios puso al hombre en su creación.
(1) Estaba siguiendo la Divina Voluntad en sus actos y mi amado Jesús me seguía con su
mirada para ver si yo visitaba todas sus obras, y me ha dicho:
(2) “Hija mía, estoy viendo si visitas todos mis territorios. Tú debes saber que la Creación es
territorio mío, la Redención son territorios añadidos. Mi infancia, mis lágrimas y sollozos
infantiles, mis oraciones, mis obras, mis pasos, mi vida oculta y pública, son otros tantos
departamentos míos que formé en mis territorios. No hay cosa que Yo hice y pena que sufrí de
la cual no me serví para agrandar los confines de los territorios divinos para darlos a las criaturas.
(3) Ahora cada día estoy observando si al menos la pequeña hija de mi Querer visita todos
mis territorios, entra en cada departamento mío, y cuando te veo iniciar tu giro para visitar el sol,
las estrellas, el cielo, el mar y todas las cosas creadas, siento que mis territorios, que con tanto
amor he formado y dado a las criaturas no están abandonados, hay al menos quien los visita, y
si los visita significa que los ama y ha aceptado el don, y con ansia espero que continúes tus
visitas a Belén, donde nací, visites mis lágrimas, mis penas, mis pasos, mis obras, los milagros
que hice, los Sacramentos que instituí, mi Pasión, mi cruz, en suma todo, y te hago notar si
alguna cosa se te escapa a fin de que tú hagas tu visita, aunque sólo fuera de paso. Y ¡oh!
cómo quedo contento que mis departamentos sean todos visitados.
(4) Hija mía, que dolor es dar y no ser reconocido, dar y que no haya quién tome el bien que
se quiere dar. Y Yo, ¿sabes qué hago? Cuando te veo sola girar por todos mis territorios y
visitar mis departamentos te doy todos los bienes que hay en ellos, de modo que lo que debería
dar a los demás lo concentro en ti, así que todo te doy y todo me das. Porque para poder dar
todo al alma debo encontrar todo en ella, y ella para poderme dar todo debe poseer todo. Quien
todo tiene, tiene la capacidad de poderme dar todo y de recibir todo”.
(5) Entonces sentía un sueño profundo, tanto de no poder ni siquiera escribir y pensaba para
mí: “¿Por qué este sueño, mientras que en mí ha sido casi siempre natural la vigilia?” Y mi
amado Jesús, moviéndose en mi interior me ha dicho:
(6) “Hija mía, así como el médico adormece al pobre paciente que debe someterse a una
operación quirúrgica para no hacerlo sentir toda la crudeza del dolor de los cortes que debe dar
sobre el pobre enfermo, así Yo, médico celestial, que mucho te amo, para no hacerte sentir la
continua opresión de mi privación, sus golpes repetidos, la crudeza de sus dolorosos cortes, te
adormezco para que el sueño, rompiendo tu martirio, te dé un poco de tregua a un dolor tan
intenso. Pero mientras duermes, tu Jesús te sostiene entre sus brazos y continúo mi trabajo en
tu alma. Y no sólo esto, sino que te hago dormir para que mi Justicia, demasiado irritada por las
ofensas de las criaturas, pueda hacer su curso castigando a las criaturas, y tú durmiendo no
sólo la dejas libre en su curso, sino te ahorra el dolor de hacerte ver sus justos castigos sobre el
mundo ingrato. ¡Oh! si tú vieras cómo tu Jesús ligeramente te abraza para no hacerte sentir el
toque de mis abrazos, cómo despacito te beso para no hacerte sentir el toque de mis labios,
cómo quedito quedito voy repitiendo: Pobre hija mía, pobre hija mía, bajo qué duro martirio
estás, a fin de que el sonido de mi voz no te despierte, y cómo sin ruido de voces y de
movimientos continúo el trabajo del reino de mi Fiat Divino en tu alma, no dirías más que no te
quiero tanto como antes, más bien me dirías: ¡Oh! cuánto me ama mi Jesús y si me adormece
es para no hacerme sufrir de más”.
(7) Después de esto estaba siguiendo al Querer Divino, y mi dulce Jesús ha continuado: