(6) “Hija mía, sin embargo esto que tú sentías primero en tu interior entraba en el orden de la
gracia ordinaria: Fervor, sensibilidad, es gracia ordinaria que doy a todos según sus
disposiciones, y están sujetas a interrupciones, ahora a nacer y ahora a morir, y por eso no
constituyen ni vida, ni firmeza de santidad. En cambio en mi Voluntad te he investido de gracia
extraordinaria, que es firmeza en el bien y acto incesante, virtudes propiamente divinas. ¿Crees
tú que sea cosa de nada u ordinaria aquel giro continuo en las obras de tu Creador? ¿La firmeza
de tu voluntad en la mía sólo por seguir los actos de mi Eterno Querer? Ante mi Voluntad, los
fervores, la sensibilidad no tienen qué hacer, son como las pequeñas luces ante el gran sol, que
no tienen razón de existir, y si existen es para no hacer nada. Mi Voluntad absorbe todo y hace
volverse al alma toda Voluntad de Dios, que quiere hacer de ella otro sol; quien es sol quiere
que todos se conviertan en sol, sería cosa no digna de él formar pequeñas lucecitas, esto no
sería de su naturaleza. Y tú lloras por las pequeñas luces y no piensas que un Sol te inviste
dándote firmeza e irremovibilidad. Mucho más que cuando reina mi Voluntad en el alma, es
como el latido del corazón, que tiene el primer acto de vida en todos los miembros, es como la
vida, el movimiento, la fuerza, el calor, todo viene del latido, si cesa el latido, cesa la vida, el
movimiento y todo.
(7) Ahora mi Voluntad, conforme late en el alma, late y da Vida Divina, late y da su movimiento
incesante, su fuerza que no disminuye jamás; late y da su luz inextinguible. Cómo es bello ver
el continuo latido de mi Voluntad en la criatura, es el más grande milagro que existe en el Cielo
y en la tierra, es el orden perfecto entre Creador y criatura. Y Yo hago como un padre con el
alma donde reina el latido de mi Querer, el cual tiene siempre consigo a su propio hijo, le
comunica sus modos, le pone en la boca sus palabras, quisiera palpitar en el hijo para darle su
ingenio, su vida, y cuando está seguro que el hijo es otro igual a sí mismo y pude hacer lo que
sabe hacer él, le dice: ‘Hijo mío, sal al campo de la vida y haz lo que hasta ahora ha hecho tu
padre; trabaja, desempeña nuestro quehacer, toma tú toda la obligación de la familia, serás la
repetición de mi vida y yo me reposo, te acompañaré con mi latido a fin de que sientas en ti la
vida de tu padre, y fielmente la desarrolles, esperándote en mi reposo para gozar juntos los
frutos de tus fatigas.’ Más que padre hago con el alma donde reina mi Querer, es más, el padre
no puede dar el latido al hijo y Yo se lo doy, la tengo siempre junto Conmigo, le enseño mis
modos divinos, le comunico mis secretos, mi fuerza, y cuando estoy seguro la lanzo en el campo
de la Vida de mi Voluntad a fin de que tome todo el empeño de la familia humana y le digo: ‘Hija
mía, déjame reposar, a ti confío todo, pero te espero frecuentemente en mi reposo para gozar
el fruto del trabajo que haces en el reino de mi Voluntad’. ¿No quieres tú que tu Padre, tu Jesús
descanse y tú trabajes, pero siempre con mi latido en vez de Mí?”
(8) Y yo: “Jesús mío, Tú casi no me dices nada y a mí no sólo me parece que debo trabajar
sola sin Ti, sino que me falta tu palabra que me extienda el camino que debo hacer en el reino
de tu Querer”. Y Jesús ha agregado:
(9) “Hija mía, mi palabra es vida, y Yo cuando hablo debo ver si esta vida puede tener vida en
las criaturas, si esto no es así no expongo una Vida Divina mía si no hay quien la reciba, y me
basta ver dispuesta aunque sea una sola criatura para sacar fuera de Mí, en mi palabra, esta
Vida Divina. He aquí por qué muchas veces no hablo, porque no veo a los dispuestos para vivir
la Vida de mi palabra. Mucho más que contigo no tengo necesidad de palabras para hacerme
entender, basta mirarnos para entendernos, ¿no es cierto? Tu me entiendes y Yo te entiendo a
ti”.
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