22-15
Agosto 4, 1927.
No hay felicidad mayor de un rey, que servir a su reina, y de la
reina que servir al rey. Cuando reina la Voluntad Divina es
como el latido del corazón. Ejemplo del padre con el hijo.
(1) Me sentía sumamente afligida por las acostumbradas privaciones de mi amado Jesús,
pero por cuanto es acostumbrada la pena se hace más intensa y se recrudece siempre más
hasta hacerme quedar petrificada. Ahora, mientras estaba inmersa, como en el mar, en este
dolor, me ha sido dado un refrigerio, y yo veía en aquella agua helada la Voluntad de Aquél que
me tenía torturada, pero también me amaba, que había preparado aquel refrigerio. Y mientras
lo acercaba a mis labios, Jesús se ha movido en mi interior en acto de extender la mano para
sostener el vaso para dármelo Él a beber diciendo:
(2) “Sirvo a mi reina; ella me sirve a Mí que soy el Rey, y Yo la sirvo a ella que es mi reina,
porque quien hace y vive en mi Voluntad está siempre dispuesta a hacer lo que Yo quiero, por
eso sirve a su Rey fielmente y en modo admirable, y estando mi Voluntad en ella Yo sirvo a mi
misma Voluntad que la ha vuelto reina”.
(3) Yo al oír decir esto, he estallado en llanto de ternura indecible y pensaba para mí: “¡Reina,
reina! ¿Y me deja así sola y abandonada hasta hacerme llegar a los extremos? Y después si
viene es para dejarme por más tiempo. ¡Ah, Jesús, Jesús! ¿Quieres burlarte de mí?” Pero
mientras desahogaba mi dolor se ha movido de nuevo en mi interior y ha agregado:
(4) “Hija mía, no me burlo, más bien te digo que no hay felicidad mayor que cuando el rey
sirve a la reina y la reina al rey. Y si la reina estuviera enferma, si se viera servida por el rey,
sostenida en sus brazos, alimentada por sus manos, no hay cosa que el rey no le haga, y no
permite que ningún sirviente se acerque a servir a su reina, la enfermedad se cambiaría en
felicidad para la enferma reina y al verse tocada, servida, sostenida, velada por el rey, se siente
como si su amor le diera de nuevo la vida. Si esto sucede en el orden natural, que un rey es
más feliz de ser servido por la reina, un padre por una hija, y la hija si es servida por su padre o
su madre, porque el rey, el padre, la hija, en el servicio que prestan tienen por primer acto el
amor y quisieran dar la vida con sus servicios. He aquí por qué quedan felices en sus penas, lo
que no está en los siervos, y por eso el servicio de los siervos es siempre duro. Ahora mucho
más en el orden sobrenatural, quien vive en mi Querer es mi reina, y su primer acto es el amor,
y en todos los actos que hace me da su vida, y Yo, ¡oh! cómo me siento feliz en sus actos,
porque son los actos de mi misma Voluntad que me sirven. Y Yo viéndote enferma por causa
mía, me siento feliz de servirte en las mismas cosas creadas por mí, queriéndote dar en cada
una de ellas mi misma Vida, y al dártela me siento duplicar mi felicidad, porque sirvo a mi Vida
en aquélla que posee mi Voluntad, que me la volvió reina. Esto no sucede cuando mis cosas
creadas sirven a quien no hace mi Voluntad; estos son siervos porque no poseen una Voluntad
real, y ¡oh! cómo me resulta difícil servir a los siervos. Si un rey sirve a su reina no se degrada,
más bien adquiere gloria y heroísmo, pero ser obligado a servir a los siervos, qué dolor y
humillación”.
(5) Después de esto seguía los actos en el Querer Divino y pensaba para mí: “Las privaciones
de mi dulce Jesús han hecho tal impresión sobre mi pobre alma, que no siento más aquellos
fervores ardientes de antes, sino todo es frialdad. ¡Oh Dios! que cuchillo de dos filos es tu
privación, por una parte corta, por la otra mata, y con sus cortes quita y destruye todo y deja tal
desnudez, aun de las cosas más santas, que con esfuerzo y sólo para cumplir el Querer
Supremo se vive”. Pero mientras esto pensaba, mi amado Jesús se ha movido en mi interior
diciéndome:
1389 sig