humanas permanecen paja, digna de ser quemada, porque no tienen formado en ellas el grano
puro que sirve para la Patria Celestial. Ahora, como la paja se separa del grano por vía de la
trilla, así las acciones humanas se separan del grano puro de mi Divina Voluntad por medio de
la muerte, que destruyendo lo que es humano tritura la ropa que tenía vestido el grano de oro
de mi Voluntad, que poniéndolo fuera hace ver si era grano o paja lo que el alma poseía. Por
eso, no son las acciones que indican el valor de éstas, sino la voluntad por la cual son animadas.
Cuántas acciones aparentemente bellas y santas se encontrarán, si son hechas con fines de
interés, llenas de fango; si son por fines de estima y de propia gloria, llenas de viento; si son por
agradar a las criaturas, llenas de podredumbre; si por apego a lo que es humano, llenas de
humo. Cuántas cosas esconde la paja de las acciones humanas, que en el último día de la vida,
viniendo la trilla y triturando la paja hará conocer todo aquello que dentro escondían”.
(5) Después de esto seguía mi abandono en el Fiat Divino, y mi siempre amable Jesús
moviéndose en mi interior me ha dicho:
(6) “Hija mía, la voluntad humana vuelve al hombre como un edificio lesionado y por
derrumbarse, y el hombre por sí solo no tenía virtud de poder reparar, se necesitaba al Divino
Artífice que con tanto amor lo había fabricado, y que conociendo los secretos de su arte podía
reparar y hacer correr en las lesiones el líquido vital de su Fuerza Divina reparadora, para
hacerla de nuevo fuerte como lo había fabricado. Pero es necesario que el hombre se aproxime
al Divino Reparador para recibir el beneficio de su arte, se haga manejar por Él y que al querer
humano, causa primaria por la que se ha vuelto un edificio a punto de derrumbarse, no le permita
más obrar, de otra manera con todo y la venida del Celestial Artífice, el hombre será siempre
edificio lesionado y a punto de derrumbarse”.
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22-14
Julio 30,1927
Cómo la vida está en el movimiento continuo; cómo este
movimiento produce la fuente. Valor de los actos internos.
(1) Seguía al Santo Querer Divino, pero siempre con el duro clavo de estar privada de mi
Sumo Bien Jesús y pensaba para mí: “¿Qué bien me viene con seguir los actos del Supremo
Fiat cuando estoy privada de Aquel que ha puesto fuera toda la Creación con un supremo acto
de su Querer? Seguir su Voluntad y no verlo, ver sus obras que hablan de Él y no ser estrechada
entre sus brazos es dolor indescriptible, es herida que sangra continuamente”. Pero mientras
esto pensaba, mi amable Jesús se ha movido en mi interior y me ha dicho:
(2) “Hija mía, la vida está en el movimiento continuo. Todo lo que sale de Dios debe poseer
un movimiento, así que no hay cosa creada por Nosotros que no se mueva: Cielo y tierra, sol y
mar, todos se mueven, con tal orden y velocidad continua que no se detienen jamás; si se
detuvieran cesaría la vida y cesaría el bien que hacen, a lo más quedarían como cuadros
pintados que no son capaces de hacer bien a ninguno. Un bien, un acto, sólo se puede llamar
verdadero bien cuando tiene su movimiento incesante. He aquí por qué nuestro Ser Divino es
perfecto en todos nuestros actos, porque tiene su movimiento continuo, no cesa jamás de hacer
y de dar el bien, y si cesara, lo que no puede ser, cesaría la vida del bien. Ahora nuestra
Voluntad, vida y eco perfecto de nuestro Ser Divino, es movimiento incesante y por eso es bien
perfecto, y es un bien que puede darse a todos. Cuando un bien es incesante todos lo pueden
tomar, su movimiento continuo le hace poseer la fuente de la inagotabilidad. Por tanto quien
debe vivir en mi Querer Divino debe poseer el eco de mi Querer y seguir con movimiento
incesante sus actos; y el bien que te viene, que te pone en el orden del movimiento divino, con