22-12
Julio 21, 1927
Diferencia entre el amor del Cielo y el de la tierra.
Las opresiones entorpecen al alma, la Voluntad Divina la vacía.
(1) Continúo mi vivir en el Querer Divino, y como mi dulce Jesús me priva frecuentemente de
su amable presencia, llamo a mi Mamá Soberana en mi ayuda, a los ángeles, a los santos, para
que me ayuden y me presten su amor, sus adoraciones para poder hacer yo desde la tierra lo
que ellos hacen en el Cielo, para que mi Jesús, atraído por el mismo amor del Cielo, pudiera
venir a su pequeña exiliada, a aquella que tanto lo suspira. Y Él no poniendo atención a mi duro
martirio, y como si despreciara mis suspiros, mis ansias, en lugar de tener piedad de mí, me
huye, contentándose tal vez en ver de lejos mi estado tremendo. ¡Ah! tal vez si siente en mí el
amor del Cielo que tanto le gusta, vendrá, y no más me dejará sola y abandonada por tanto
tiempo. Y mientras decía disparates en mi interior, mi dulce Jesús, mi amada Vida, ha salido de
dentro de mí misma y estrechándome entre sus brazos me ha dicho:
(2) “Hija mía, el amor del Cielo me gusta, pero el de la tierra me gusta más. Aquél de la tierra
me es siempre nuevo, son nuevas conquistas que hago, nueva gloria. Por el contrario el del
Cielo está ya en mi posesión, y ninguno me lo puede quitar, es cosa mía, en cambio el de la
tierra estoy en acto de conquistarlo, y muchas veces pierdo las nuevas conquistas que debería
hacer, porque las almas no siempre me dan el amor, la gloria que deberían darme. Ahora, tú
debes saber que cuando mueren en mi Gracia quedan confirmados en la naturaleza del amor,
en la naturaleza de la gloria y en la Vida de la Divina Voluntad; así que en el Cielo todo es
naturaleza en todos los bienaventurados, por eso ellos nada me dan de más, más bien Yo doy
siempre a ellos aquel acto continuado de alegría, de felicidad, de beatitudes siempre nuevas y
sin fin. He aquí por qué soy todo ojos por la tierra y parece como que hiciera a un lado a todo
el Cielo, porque es mío, así que soy todo ojos y pongo toda mi atención por el alma que vive en
el exilio, que a pesar de que no posee la naturaleza del Cielo quiere darme las nuevas
adquisiciones de amor, de gloria y de adoraciones. Si tú supieras cómo aletea tu amor en mi
Voluntad, cómo se eleva entre el Cielo y la tierra invistiendo todas las cosas creadas y
prorrumpiendo hasta en el Cielo, hasta donde mi Divina Voluntad se extiende, me da la nueva
posesión del amor de la criatura que se deja investir por la fuerza de mi Fiat Supremo, y mientras
me está dando la posesión del amor, otro nuevo me prepara, aquel de la gloria. Y mientras tú
vuelves a repetir tus actos, tus actos son siempre nuevos para Mí, porque antes, ciertamente,
no los tenía. Por tanto siempre eres nueva en el amor, en la gloria, en las adoraciones que me
das, porque mi Querer haciendo el eco en ti te comunica aquel acto nuevo que por naturaleza
posee. Por eso lo que Yo hago en el Cielo, dando a todos los bienaventurados el acto nuevo,
jamás interrumpido de alegrías y de contentos indecibles, estás destinada tú a dármelo desde
la tierra, en la luz y potencia de mi Querer, por eso sé atenta a seguir el vuelo rápido de Él”.
(3) Continuando mi amado Jesús a privarme de Él, me sentía de tal manera oprimida, que
pensaba para mí que todo había terminado, y tantas otras cosas que me parece inútil ponerlas
sobre el papel. Y mi amable Jesús, poniéndome sus santas manos sobre mis espaldas como
para tomarme en brazos, me ha dicho:
(4) “Hija mía, cómo te has vuelto pesada, no sabes tú que las opresiones aumentan el peso
del alma, y Yo queriéndote tomar en brazos debo hacer un esfuerzo para tomarte, mientras que
mi Voluntad vacía el peso de la naturaleza, y su luz, quitando las tinieblas de lo humano, la hace
ligera, ligera y hábil a cualquier sacrificio, y dándole las alas del amor, da al alma las primeras
dotes de la Patria Celestial que no conoce opresiones, ni tinieblas, sino día sin ocaso y alegría
que no tiene término. Y después, que dirías si oyeras decir al sol: ‘Todo ha terminado, no soy
más sol porque mi Creador no me agrega más luz.” Tú, creo responderías al sol: ‘Yo te veo