Hija mía, quien vive en mi Voluntad tiene en sí el manantial de la fuente de los Sacramentos y
puede multiplicarme cuanto quiera y como quiera”.
(3) Yo he quedado con duda sobre la última frase escrita arriba y mi amado Jesús ha
agregado:
(4) “Hija mía, los Sacramentos salieron de mi Voluntad, como tantas fuentecitas las saqué
fuera de Ella, reservándose en Ella el manantial del cual recibe continuamente cada fuente los
bienes y los frutos que cada una contiene, y actúan según las disposiciones de quien los recibe,
así que por falta de disposiciones de parte de las criaturas las fuentes de los Sacramentos no
producen los grandes bienes que contienen. Muchas veces arrojan agua y las criaturas no
quedan lavadas, otras veces consagran imprimiendo un carácter divino e incancelable, pero a
pesar de todo esto no se ven santificadas. Otra fuente da a luz la Vida de tu Jesús
continuamente, reciben esta Vida, pero no se ven ni los efectos, ni la Vida de tu Jesús en ellos.
Por eso cada Sacramento tiene su dolor, porque no ven en todas las criaturas sus frutos y los
bienes que contienen.
Ahora quien vive en mi Voluntad haciéndola reinar como en su propio reino, poseyendo Ella
la fuente de los Sacramentos, ¿qué maravilla que quien viva en mi Querer Divino poseerá la
fuente de todos los Sacramentos y sentirá en sí la naturaleza de los Sacramentos con todos los
efectos y bienes que contienen? Y recibiéndolos de la Iglesia sentirá que es alimento que ella
posee, pero que lo toma para darle aquella gloria completa a aquellos Sacramentos de los cuales
ella posee la fuente, para glorificar aquella misma Voluntad Divina que los instituyó, porque sólo
en ella se dará la perfecta gloria a todas nuestras obras. Por eso suspiro tanto el reino del Fiat
Supremo, porque sólo él pondrá el equilibrio a todo, dará a las criaturas todos los bienes que
quiere y recibirá la gloria que ellas le deben.”
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22-10
Julio 10, 1927
Privaciones de Jesús. Cómo quien vive en el Querer
Divino es el triunfo de Dios y del alma.
(1) Estaba haciendo el giro en la Voluntad Divina y mi pobre mente giraba por todas las cosas
creadas imprimiendo mi te amo, hasta en las montañas más altas y en los más profundos valles,
en los abismos más oscuros de la tierra y en la parte más profunda del mar, en suma, en todas
partes. Mientras esto hacía, mi pobre mente era torturada por la privación de mi dulce Jesús y
mi pobre corazón era atormentado, porque por cuanto lo llamaba con mi amor, no sabía
encontrarlo. ¡Oh Dios, que pena! y pensaba para mí: “¿Será posible que Jesús no me escuche
más, y que mientras lleno cielo y tierra con mis te amo, ninguno de ellos lo descubra para herirlo,
y haciéndole sentir mi herida, mi tortura, mi tormento, sintiendo Él mis mismas penas, para no
sentirlas se decida hacerse encontrar por aquélla que tanto lo suspira? ¡Ah! Jesús cuánto me
cuesta el haberte conocido; no poseerte, amarte y no ser amada son penas que no se saben
decir, faltan las palabras para expresarlas”. Mientras esto decía, mi querido Jesús se ha movido
en mi interior y empezando a llorar me ha hablado sollozando, pero su sollozo era tan fuerte que
resonando en el oído de mi cuerpo penetró tanto en él, que también yo he llorado junto con Él:
(2) “Hija mía, ¿cómo, me crees lejano? ¿Cómo puedes pensar que no eres amada por tu
Jesús? Cada te amo tuyo era una herida de más a mi corazón que me hacía decir: ‘Hija mía,
donde quiera haces resonar tu te amo, por los montes, por los valles, por el mar, por los prados
floridos, por el sol, por todas partes, y Yo si bien escondido en ti, repetía, te amo hija mía’. Me
he sentido herir cuando tú pensabas que Yo no te amaba más; esto no puede ser hija mía, no
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