(3) Ahora hija mía, la obra del reino del Fiat Divino es la obra más grande, y mientras se da la
mano con la obra de la Redención, por la gloria Divina y por el bien y santidad que llevará a las
criaturas, supera a la misma Redención, y por eso se requieren grandes sacrificios, penas y
dolores sin número, oraciones incesantes, por eso debía elegir una criatura que voluntariamente
debía aceptar el gran sacrificio de tantos años, de tantas variadas penas, y Yo haré conocer a
los hijos de mi reino cuánto nos ha costado a ti y a Mí este reino de mi Voluntad, para hacer que
todos pudieran entrar en él, dándoles las vías abiertas por todas partes y en todos los modos
para vencerlos y hacerlos venir. Caminos de luz, caminos de penas, caminos todas las
manifestaciones y verdades que he manifestado, y haré ver el esfuerzo increíble que has hecho
en el escribir para hacer que nada faltara para hacerles encontrar terreno sólido y caminos
seguros para atraerlos con fuerza invencible y hacerles tomar posesión del reino del Fiat
Supremo.
(4) Cuando las humanas generaciones conozcan todos los conocimientos del Querer Divino,
los grandes bienes de mi reino, y cómo quien lo ha impetrado ha sufrido tan grandes sacrificios,
mis conocimientos y tus sacrificios, unidos juntos serán imanes potentes, ayudas irresistibles,
reclamos incesantes, luces penetrantes, voces ensordecedoras que ensordeciendo todas las
otras cosas, le quedará el oído para escuchar las dulces enseñanzas del Fiat Divino y a aceptar
un reino que con tantos sacrificios les ha sido conseguido. Por eso para formar una obra grande
hay mucho qué hacer y qué sufrir, todo es necesario y lo que a ti te parece pena inútil, para los
demás puede ser una voz piadosa, que conmoviéndolos se reconocerán demasiado ingratos
por no aceptar tanto bien, que por su causa tanto nos ha costado. Por tanto déjame hacer y
déjame libre de hacer lo que quiero”.
+ + + +
22-9
Julio 4, 1927
Ofrecimiento de la Comunión. Cómo nuestra voluntad son accidentes en
los que se multiplica Jesús, cómo contiene la fuente de los Sacramentos.
(1) Estaba haciendo el agradecimiento ya que había recibido la Santa Comunión, y pensaba
entre mí que quería ofrecerla a todos y a cada habitante del Cielo, a cada una de las almas del
Purgatorio, a todos los que viven y vivirán, y no sólo esto, quisiera darle mi Jesús Sacramentado
al sol, al cielo estrellado, a los prados floridos, en suma a cada cosa creada para darle la gloria
y el triunfo de todas sus obras. Pero mientras esto decía pensaba para mí: “Son mis
acostumbradas necedades, ¿cómo puedo yo formar tantos Jesús? Esto es imposible. Y mi
amado Jesús moviéndose en mi interior me ha dicho:
(2) “Hija mía, así como en la hostia Sacramental están los pequeños accidentes del pan y
dentro de ellos se esconde tu Jesús vivo y verdadero, y tantos Jesús por cuantas hostias hay,
así en el alma están los accidentes de la voluntad humana, no sujetos a consumirse como los
accidentes de mi Vida Sacramental, por eso más afortunados y más sólidos, y así como la Vida
Eucarística se multiplica en las hostias, así mi Voluntad Divina multiplica mi Vida en cada acto
de voluntad humana, la cual más que accidente se presta a la multiplicación de mi Vida.
Conforme tú hacías correr tu voluntad en mi Voluntad y querías darme a cada uno, así la mía
formaba mi Vida en la tuya, y hacía salir fuera de su luz mi Vida dándome a cada uno, y Yo, ¡oh!
cómo me sentía feliz de que la pequeña hija de mi Querer, en los accidentes de su voluntad
formaba tantas Vidas mías para darme no sólo a las criaturas animadas, sino a todas las cosas
creadas por Mí. Entonces Yo me sentía, conforme multiplicaba mi Vida, que me constituía Rey
de todos: Rey del sol, del mar, Rey de las flores, de las estrellas, del cielo, en suma de todo.