a la otra; la fortaleza alimenta la dulzura, y la dulzura a la fortaleza, y así de todo el resto de
nuestras cosas divinas, de manera que cada una nos felicita. Cada una de nuestras cualidades,
por separado, nos oprimirían, en cambio juntas, siendo de perfecta igualdad, nos sirven de
felicidad, de alegría, de contentos, y todos hacen competencia por hacernos felices: El calor
nos lleva la felicidad del amor y la frescura nos lleva la alegría de lo bello, de lo fresco; la luz nos
lleva la alegría de la luz, y la belleza moderando la viveza de la luz nos lleva la felicidad de lo
bello, de lo bueno, de lo santo, de la inmensidad, ella entreteje todas nuestras cualidades y todas
nos las vuelve bellas, amables y admirables; la fortaleza nos lleva la felicidad de los fuertes, y la
dulzura invadiéndola toda nos lleva las alegrías mezcladas de dulzura y fortaleza. Y todo lo que
se ve en la Creación no son otra cosa que desahogos de la abundancia de la luz, del calor, de
la frescura, belleza y fortaleza que poseemos dentro de Nosotros, y estos desahogos fueron
puestos fuera de Nosotros para alimentar y hacer felices a las criaturas con nuestros mismos
desahogos, en modo de hacerlas felices, y por medio de alimentarse de nuestras cualidades
hacerse semejantes a Nosotros, y las criaturas debían ser portadoras de felicidad y de alegrías
a su Creador. Cómo debía ser bello verlas luminosas como soles, más bellas que prado florido
y cielo estrellado, fuertes como viento impetuoso adornado de frescura divina, de manera de
mantenerse siempre nuevos y frescos sin cambiarse. Nuestra Voluntad les llevaría todos
nuestros desahogos unidos juntos, donde uno felicita al otro, pero como el hombre se sustrajo
del Fiat Supremo recibe nuestros desahogos separados el uno del otro, y por eso el calor lo
quema, la luz lo eclipsa, el frío lo entorpece, el viento lo daña y muchas veces lo aterra, lo derriba.
Nuestras cualidades no viendo en el hombre la copia de su Creador, ni el vínculo de la unión
con el Fiat Divino, actúan separadas sobre de él y no recibe la felicidad que unidas ellas
contienen. Por eso con mi Voluntad la criatura habría sido el ser más feliz; en cambio sin Ella
es el más infeliz”.
(3) Después continuaba mi vuelo en el Querer Divino, y sobrevolando sobre cada pensamiento
de criatura y acto, sobre cada planta y flor, sellaba mi te amo y pedía el reino del Fiat Divino.
Pero mientras esto hacía pensaba para mí: “Qué gran historia en mi pobre mente, no parece
que me pueda apartar, debo ir encontrando todos los tiempos, todos los lugares, todos los actos
humanos, hasta plantas y flores y todo, para imprimir un te amo, un te adoro, un te bendigo, un
gracias, y pedirle su reino”. Pero mientras esto pensaba, mi dulce Jesús moviéndose de nuevo
en mi interior me ha dicho:
(4) “Hija mía, ¿crees que eres tú quién hace esto? No, no, es mi Voluntad que va buscando
todos sus actos que puso fuera en la Creación, adornando cada acto suyo, pensamiento,
palabra, paso, con su te amo, y este te amo corre a través de cada acto y pensamiento hacia
cada criatura. Quien está en mi Voluntad siente este amor de Dios esparcido por todas partes,
aun en las plantas, en las flores, hasta debajo de la tierra en las raíces, su amor está escondido,
porque no pudiendo contenerlo desgarra la tierra y adorna plantas y flores con su te amo para
manifestar su ardiente amor hacia la criatura, y mi Voluntad reinando en el alma quiere continuar
su te amo de la Creación y por eso te llama a seguir su eterno amor, y llamando cada uno de
los pensamientos y actos, y todos los elementos creados, dice y te hace decir, ‘te amo’, y te
hace pedir con su misma Voluntad su reino para vincularlo de nuevo en medio a las criaturas.
Qué encanto hija mía, ver tu te amo unido a aquel de mi Querer, que corre en cada pensamiento
y acto de criatura y pide mi reino, ver correr este te amo en la impetuosidad del viento,
extenderse en los rayos del sol, murmurar en el murmullo del mar, en el fragor de las olas,
imprimirse sobre cada planta y elevarse con la más bella adoración en el perfume de las flores
y más que voz trémula decir, ‘te amo en el dulce temblor y centelleo de las estrellas’, en resumen,
en todas partes. Quien no vive en mi Querer Divino no escucha este lenguaje de mi eterno amor
en todos sus actos y en cada una de las cosas creadas, pero quien vive en Él se siente tantas
veces llamada a amar por cuantas veces la ha amado su Creador. Todas las cosas le hablan
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