lugares, y por todos y por cada uno. Pero mientras esto pensaba y hacía, decía entre mí:
“Cuántos desatinos estoy diciendo, en los últimos tiempos, yo espero por gracia del Señor estar
allá arriba, en la Patria Celestial, ¿cómo podré amar en el tiempo mientras estaré en la
eternidad?” Y mi dulce Jesús moviéndose en mi interior me ha dicho:
(4) “Hija mía, todo lo que se hace en mi Voluntad tiene vida continua, porque todo lo que es
hecho en Ella tiene por principio el amor de su Creador, que no está sujeto a terminar, amó, ama
y amará siempre, ninguno puede interrumpir este amor. Así que quien ama, quien adora en mi
Voluntad, no hace otra cosa que seguir a aquel amor eterno, aquella adoración perfecta de las
Divinas Personas, que no tienen ni principio ni fin; el alma conforme entra en mi Voluntad, entra
en medio de nuestros actos y continúa amando con nuestro amor y adorar con nuestra
adoración, y queda vinculada con nuestro amor recíproco, con nuestra Voluntad única, la cual
tiene virtud de no cesar jamás en sus actos, y todo lo que pueden hacer los demás no es otra
cosa que la continuidad del acto hecho en mi Divina Voluntad; los actos hechos en Ella tienen
vida perenne y continua. Entonces tu amor en los últimos tiempos no será nada diferente al de
ahora, y si los otros amarán, amarán en el tuyo y con tu amor, porque él será acto primero,
porque tiene su principio en Dios. Por lo tanto desde la patria celestial tú amarás en el tiempo y
en la eternidad, mi Voluntad tendrá celosa tu amor como tiene el suyo, y dondequiera que Ella
se extenderá y tendrá su Vida, te hará amar y adorar por todas partes. Quien vive en mi Voluntad
todos sus actos tienen por principio y por fin todos los actos Divinos, el modo de nuestro obrar;
así que el alma no hace otra cosa que seguir lo que hace Dios. La Soberana Reina, que hacía
vida perfecta en la morada real de nuestro Querer, no tenía otro amor que el nuestro, ni otra
adoración, todos sus actos se ven tan fundidos en los nuestros, que lo que en nuestros actos es
naturaleza, en Ella es gracia, y como sus actos no tuvieron principio en su querer, sino en el
Nuestro, Ella por derecho tiene el primado sobre todos los actos de las criaturas, por eso si tú
amas, la Celestial Reina tiene el primado sobre tu amor, y tú sigue su amor como sigues el
nuestro, y la gran Señora y Nosotros continuaremos amando en tu amor, y así de todo lo que
puedas hacer en nuestra Voluntad. Entonces viniendo tú a la patria celestial, tu amor no partirá
de la tierra, sino que continuará amando en cada una de las criaturas. Por eso mi Fiat Divino
desde ahora te hace extender tu amor en el pasado, en el presente y en el futuro, para darte el
derecho de que tu amor se extienda por todas partes y en todos los tiempos y jamás cese de
amar. He aquí la gran diferencia entre quien vive en mi Voluntad y entre quien vive fuera de
Ella”.
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22-6
Junio 26, 1927
Todas las cosas de Dios tienen igual peso. Todo lo que Dios hizo
en la Creación está adornado por su amor, y esto lo siente
quien vive en la Divina Voluntad.
(1) Estaba haciendo mi acostumbrado giro en el Fiat Divino, y mientras giraba por toda la
Creación pensaba para mí: “Cuánta luz y calor tendrá en sí mi Creador, si tanto de ello puso
fuera al crear el sol. ¡Oh! cómo se debe sentir quemar por su calor si tanto contiene”. Y mientras
esto pensaba, mi dulce Jesús se ha movido en mi interior y me ha dicho:
(2) “Hija mía, en nuestras cosas hay perfecta e igual medida de todo, así que por cuanto es
el amor, el calor, la luz, otro tanto es la frescura, la belleza, la potencia, la dulzura, etc. Uno es
el peso de todo y por eso el calor viene alimentado por la frescura y la frescura por el calor; la
luz viene alimentada por la belleza y la belleza es alimentada por la luz, de modo que una modera