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Junio 20, 1927
Dios al crear al hombre le dio una tierra fértil y bella.
Causa por la que tiene viva a Luisa. Todo lo que se hace
en la Divina Voluntad tiene vida continua.
(1) Me sentía oprimida y toda aniquilada en mí misma, sin poder hacer nada. Las privaciones
tan frecuentes de mi amado Jesús me vuelven incapaz para todo, y mientras por una parte las
siento a lo vivo que laceran mi pobre alma, por otra parte me hacen entontecer, petrificar como
si no tuviera más vida; o bien siento la vida para sentirme morir. ¡Oh Dios, qué penas, éstas son
sin misericordia y sin piedad! Vivir bajo la pesadilla de una pena que me lleva un peso infinito,
inmenso y eterno, no tengo a dónde ir, ni qué hacer para no sentir el peso enorme de esta
tremenda pena. Entonces pensaba entre mí: “No soy buena para nada, sino para sentir todo el
peso de mi gran desventura de estar privada de Aquél que a mí me parece que todos los demás
poseen. Sólo a mí me tocaba esta pena tan desgarradora de no poseer mi Vida, mi Todo, mi
Jesús. ¡Ah! Jesús, regresa a aquélla que Tú heriste y la dejaste en poder del dolor de la herida
que Tú mismo le hiciste, y después, ¿para qué tenerme en vida cuando no soy buena para hacer
nada?” Pero mientras desahogaba mi dolor, mi sumo bien Jesús se ha movido en mi interior y
estrechándome a Él me ha dicho:
(2) “Hija mía, la tierra creada por Dios fértil y bella, con un sol resplandeciente que la iluminaba
y alegraba, se convirtió en espinosa y llena de piedras por el pecado, la voluntad humana puso
en fuga el Sol de la mía, y densas tinieblas la cubrieron, y Yo te conservo viva porque debes
quitar las piedras de la tierra y volverla fértil de nuevo. Cada acto de voluntad humana ha sido
una piedra que ha cubierto la bella tierra creada por Mí, cada pecado venial ha sido una espina,
cada pecado grave ha sido un veneno y cada bien hecho fuera de mi Voluntad ha sido como
arena esparcida sobre el terreno, que invadiéndola toda impedía la vegetación aun a la más
pequeña planta o cualquier hilo de hierva que pudiera despuntar debajo de las piedras. Ahora
hija mía, cada acto tuyo hecho en mi Voluntad debe quitar una piedra, ¡y cuántos actos se
necesitan para quitarlas todas! y con no dar jamás vida a tu voluntad llamarás de nuevo a los
refulgentes rayos del Sol del Fiat Supremo a resplandecer sobre estos terrenos tenebrosos, y
estos rayos llamarán al viento impetuoso de la gracia, que con su imperio removerá toda aquella
arena, esto es, todo aquel bien hecho no para cumplir mi Querer, ni en Él, ni por amor mío, sino
más bien para rescatar estima, gloria, interés humano. ¡Oh! cómo es pesado este bien aparente,
más que arena que impide la vegetación a las almas y las vuelve de tal manera estériles, que
dan piedad. Por eso el Sol de mi Querer con su fecundidad cambiará las espinas en flores y
frutos, y el viento de mi Gracia será el contraveneno y verterá la vida en las almas. Entonces,
tú debes estar convencida que te tengo todavía con vida para reordenar la obra de la Creación,
y así como una voluntad humana saliéndose de la mía desordena todo hasta cambiar la faz de
la tierra, así otra voluntad humana que entra en la mía, con actos repetidos e incesantes debe
reordenar todo y restituirme el dulce encanto, la armonía, la belleza de los primeros tiempos de
la Creación. ¿No sientes en ti cuán grande es tu campo de acción? Y cómo reandando en el
Edén terrenal, donde mi Querer Divino festejó con los primeros actos del hombre, y gozábamos
juntos la tierra fértil y bella que le había dado, te llamo a ti para vincular los primeros actos y para
hacerte caminar todos los terrenos invadidos por la voluntad humana, para que abrazando todos
los tiempos juntos, ayudes a quitar las piedras, las espinas, la arena que el querer humano ha
acumulado, cambiando estos terrenos hasta dar piedad”.
(3) Entonces mi pobre mente, en el Querer Divino se ponía en el Edén, para entrar en la
unidad de aquel acto único, que sólo en Él se encuentra, para descender hasta los últimos
tiempos a fin de que mi amor, mi adoración, etc., pudieran extenderse a todos los tiempos,