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I. M. I.
Fiat!!!
22-1
Junio 1, 1927
Jesús sabe hacer todos los milagros, excepto el separarse de su
Voluntad. Dolor por la muerte del Padre Di Francia. Bien de quien
pone en práctica las verdades conocidas. Cómo Jesús la hace
ver aquella alma bendita y le habla de ella.
(1) Las privaciones de mi dulce Jesús se hacen más largas, siento que no puedo más, ¡oh! si
me fuera dado el tomar el vuelo hacia mi patria celestial, donde no hay más separaciones con
Jesús, cómo sería feliz de salir de la dura y oscura cárcel de mi cuerpo. ¡Jesús! ¡Jesús! ¿Cómo
es que no quieres tener piedad de mí, de esta pobre prisionera? ¿Cómo me has dejado sin que
ni siquiera vengas a visitarme seguido en la oscura prisión en que me encuentro? ¡Oh Jesús!,
sin Ti cómo se hace más penosa, más sombría, más tremenda mi cárcel en la cual Tú me
pusiste, diciéndome que estuviese en ella por amor tuyo y para cumplir tu Voluntad, pero que
no me dejarías sola, sino que me harías compañía. ¡Pero ahora, ahora todo ha terminado! No
tengo tu sonrisa que me alegra, no tengo tu palabra que rompe mi largo silencio, ni tu compañía
que rompe mi soledad, estoy sola, aprisionada y atada por Ti en esta prisión, y además me has
dejado. ¡Jesús! ¡Jesús! no me lo esperaba de Ti.
(2) Pero mientras desahogaba mi intenso dolor ha salido de dentro de mi interior y
abrazándome para sostenerme, porque no tenía más fuerza, me ha dicho:
(3) “Hija mía, ánimo, Yo no te dejo, más bien tú debes saber que tu Jesús sabe hacer y puede
hacer todos los milagros, salvo el milagro de separarme de mi Voluntad, si en ti está mi Divino
Querer, ¿cómo puedo dejarte? Y si esto fuera sería un Jesús sin vida. Más bien es la
interminabilidad de mi Fiat que me esconde, y tú mientras sientes la Vida de Él, no ves a tu
Jesús que está dentro de Él”.
(4) Entonces me sentía afligida, no sólo por las privaciones de mi dulce Jesús, sino porque
también me había llegado la noticia inesperada de la muerte del Reverendo Padre Di Francia,
era el único que me quedaba a quien podía abrir mi pobre alma, cómo me comprendía bien, era
un santo, al cual me confiaba y que tanto había comprendido todo el valor de lo que Jesús me
había dicho sobre la Divina Voluntad, tenía tanto interés en esto, que con insistencia se había
llevado todos los escritos para publicarlos. Así que pensaba para mí: “Después de que Jesús
permitió que se llevara los escritos con gran sacrificio de mi parte, porque yo no quería, y sólo
porque era un santo yo debí ceder, y ahora Jesús se lo ha llevado al Cielo.” Me sentía torturar
por el dolor, pero ¡Fiat! ¡Fiat! ¡Fiat! Todo termina aquí abajo; he roto en llanto encomendando
a Jesús aquella alma bendita que tanto había sufrido y obrado por Él y mientras esto hacía, mi
dulce Jesús se ha movido en mi interior y me ha dicho:
(5) “Hija mía, ánimo, tú debes saber que por todo lo que aquella alma, tan querida por Mí, ha
hecho, por todas las verdades que ha conocido sobre mi Voluntad, tanta luz de más encerró en
su alma, así que cada conocimiento de más es una luz mayor que posee, y cada conocimiento
pone en el alma una luz distinta, una más bella que la otra, con el germen de la diferente felicidad
que cada luz contiene, porque todo lo que el alma puede llegar a conocer de bien, con la voluntad
de ponerlo en práctica en sí misma, el alma queda en posesión del bien que conoce. Si no tiene
voluntad de poner en práctica los conocimientos que adquiere, sucede como cuando uno toca
una flor o también si se lava con agua fresquísima, en el acto sentirá el perfume de la flor, el
34 Este libro ha sido traducido directamente del original manuscrito de Luisa Piccarreta
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