(2) “Hija mía, mira toda la Creación, el cielo, las innumerables estrellas, el sol, el viento, el
mar, los campos floridos, los montes y los valles, todos ellos son estancias que formé, y en cada
una de ellas formé mi palacio real para hacer ahí mi morada, y esto para dar oportunidad al
hombre de que por cualquier parte que quisiera venir para encontrar a su Dios, le daba
oportunidad de encontrarlo súbito y en todas partes, y Él se ponía en cada estancia en acto de
esperarlo, dejando todas las estancias abiertas para no darle el fastidio de tocar, sino que
libremente entrara, cuantas veces lo quisiera estaba pronto a recibirla. El Creador del cielo y de
la tierra no se ponía en un sólo punto, sino dondequiera, para que el hombre lo pudiera siempre
encontrar, ponía estas estancias tan cercanas, para formar tantos caminos cortos, porque entre
Creador y criatura no debe haber distancia, sino cercanía y comunidad; así que todas estas
estancias eran y son relaciones, vínculos y caminos entre Dios y el hombre. ¿Pero quién debía
mantener vigentes estas relaciones, consolidar estos vínculos, ordenar los caminos, abrir las
puertas? Nuestra Voluntad reinante en el hombre tomaba esta tarea tan importante de mantener
el orden de toda la Creación como la hicimos salir. En cuanto el hombre se sustrajo del Fiat
Divino, las relaciones no tuvieron más vigencia, los vínculos quedaron rotos, los caminos con
barricadas, las puertas cerradas, perdió su amada heredad, quedó despojado de todos los
bienes, cada paso era un lazo a sus pies para hacerlo caer. Con no hacer nuestra Voluntad
todo se pierde, no hay bien que le quede, y con hacerla todo adquiere y no hay bien que no le
sea restituido. ¿Qué cosa no hizo la paterna bondad del Creador en la Creación por amor del
hombre? No sólo formó tantas estancias, sino una diferente de la otra para hacerse encontrar
en tantos diversos modos por aquél que amaba: En el sol se hacía encontrar investido de luz,
todo majestad, ardiente de amor, esperándolo para darle su luz para hacerse comprender, darle
su amor para hacer que el hombre, entrando en esta estancia para encontrar a su Dios, se
volviera luz y amor; en el mar se hacía encontrar el Dios fuerte para darle al hombre la fuerza;
en el viento se hacía encontrar imperante y dominante para darle el imperio y el dominio; en
suma, en cada cosa creada lo esperaba para darle la participación de sus cualidades”.
(3) Después de esto estaba pensando entre mí: “Jesús ama tanto su Querer y parece que
suspira mucho que sea conocido a fin de que domine y reine, pero me parece difícil que la Divina
Voluntad sea conocida, porque no hay quien se ocupe ni nadie tiene interés, todo el interés está
en Jesús, pero en las criaturas no existe, por lo tanto si estas criaturas faltan en dar esta gran
gloria a Dios y al mismo tiempo llevar la plenitud de todos los bienes a las criaturas, ¿cómo
podrá conocerse el Reino del eterno Fiat?” Ahora, mientras esto pensaba, mi dulce Jesús se
ha movido en mi interior y me ha dicho:
(4) “Hija mía, lo que a ti te parece difícil no es difícil para Dios, como en la Redención, en que
no hubo dificultad para Dios, ni toda la perfidia humana pudo impedir el curso de nuestro amor,
mucho menos el cumplimiento de nuestra decisión de venir a redimir al género humano. Cuando
la Divinidad establece hacer un acto, cumplir una obra, cualesquiera que sean las causas, las
circunstancias, los impedimentos, Ella triunfa sobre todo, vence todo y hace lo que ha
establecido. Así que el punto culminante e importante de Dios está en establecer lo que quiere
hacer, hecho esto, todo ha hecho. Entonces si en Nosotros está establecido que nuestra
Voluntad debe ser conocida y que su Reino vendrá a la tierra, está ya como hecho. Así como
fue hecha la Redención, porque fue establecido por Nosotros, así será un hecho nuestra
Voluntad. Mucho más que en la Creación fue hecho salir por la Divinidad este su Reino, todo
en orden, para que reinase y dominase, y con la caída del hombre este Reino no fue destruido,
sino que quedó íntegro y existe aún, sólo que quedó suspendido para el hombre. En la
Redención allané todo y como el todo lo hice para que el hombre fuese redimido, así hice todo
para que fuese quitada esta suspensión, que la criatura pudiese entrar en el Reino del Fiat
Divino, dando primero lugar a la Redención y con el andar del tiempo dar el lugar a mi Voluntad.
Así que para un reino, para una obra, lo difícil es hacerlo, pero cuando está hecho, el conocerlo
se vuelve fácil. Mucho más que tu Jesús no carece de potencia; de querer hacer o no hacer