otra cosa que poseerme a Mí mismo, y siendo Yo sólo el objeto encantador que encanta a todo
el paraíso y que formo todos los contentos de los bienaventurados, el alma, poseyendo la gracia,
dondequiera que se encuentre posee su paraíso”.
+ + + +
3-15
Noviembre 28, 1899
Luisa acepta sufrir en el purgatorio para liberar algunas almas.
(1) Mi amado Jesús ha venido todo afabilidad, me parecía como un íntimo amigo que tiene
tantas formalidades para otro amigo para demostrarle su amor, y las primeras palabras que me
ha dicho han sido:
(2) “Amada mía, si tú supieras cuánto te amo. Me siento atraído grandemente a amarte, mis
mismas demoras en venir me fuerzan y son nuevas causas de hacerme venir y colmarte de
nuevas gracias y carismas celestiales. Si tú pudieras comprender cuánto te amo; tu amor
comparado con el mío apenas lo percibirías”.
(3) Y yo: “Mi dulce Jesús, es verdad lo que dices, pero también yo siento que te amo mucho,
y si Tú dices que mi amor comparado con el tuyo apenas se percibe, esto es porque tu poder es
sin límites y el mío es limitado, y por tanto, puedo hacer por cuanto de Ti mismo me viene dado;
tan es verdad, que cuando tengo voluntad de sufrir más para demostrarte mayormente mi amor,
si Tú no me concedes las penas, no está en mi poder el sufrir, y estoy obligada a resignarme
aun en esto, y ser ese ser inútil que por mí he sido siempre. En cambio en Ti está en tu poder el
mismo sufrir, y en cualquier modo que quieras manifestarme tu amor, lo puedes hacer. Amado
mío, dame a mí el poder y te haré ver cuánto sé hacer por amor tuyo, porque en la medida que
me das, en esa misma medida te daré”.
(4) Él escuchaba con sumo placer mi hablar disparatado, y casi queriéndome poner a prueba
me ha transportado fuera de mí misma, cerca de un lugar profundo, lleno de fuego líquido y
tenebroso, daba horror y espanto el sólo verlo. Jesús me ha dicho:
(5) “Aquí está el purgatorio, y muchas almas están concentradas en este fuego. Irás tú a ese
lugar a sufrir para liberar a aquellas almas que me agradan, y esto lo harás por amor mío”.
(6) Yo inmediatamente, si bien temblando un poco le he dicho: “Todo por amor tuyo, estoy
dispuesta, pero debes venir Tú junto conmigo, de otra manera, si me dejas, no te dejas encontrar
más, y después me haces llorar mucho”.
(7) Y Él: “Si voy junto contigo, ¿cuál sería tu purgatorio? Esas penas con mi presencia, para
ti se cambiarían en alegrías y en contentos”.
(8) Y yo: “Sola no quiero ir, y además, mientras estemos en ese fuego Tú estarás detrás de
mis espaldas, así no te veo y aceptaré este sufrimiento”.
(9) Así he ido a ese lugar lleno de densas tinieblas, y Él me seguía por atrás, y yo por temor
de que me dejase le he tomado las manos, teniéndolas estrechadas a mis hombros. Habiendo
llegado abajo, ¿quién puede decir las penas que sufrían aquellas almas? Ciertamente son
inenarrables a personas vestidas de humana carne. Entonces, al ir yo a ese fuego, éste se
apagaba y se despejaban las tinieblas, y muchas almas salían, otras quedaban aliviadas.
Después de haber estado cerca de un cuarto de hora, hemos salido, y Jesús se lamentaba, y
yo rápidamente le he dicho: “Dime mi Bien, ¿por qué te lamentas? Amada vida mía, ¿tal vez he
sido yo la causa porque no he querido ir sola a ese lugar de penas? Dime, dime, ¿habéis sufrido
mucho al ver a esas almas sufrir? ¿Qué cosa sientes?”
(10) Y Jesús: “Amada mía, me siento todo lleno de amarguras, tanto, que no pudiéndolas
contener más, estoy por derramarlas sobre la tierra”.