(3) Después de esto me sentía oprimida, las privaciones de Jesús se hacen más largas, sentía
todo el peso del largo exilio y el dolor de mi Patria lejana, una profunda tristeza invadía mi pobre
alma, y mi amado Jesús moviéndose en mi interior me ha dicho:
(4) “Hija mía, los dos debemos tener paciencia y pensar en el trabajo de la formación del Reino
de la Divina Voluntad; ninguno conoce lo que estamos haciendo, los sacrificios que se necesitan,
los actos continuados, las oraciones que son necesarias para formar y obtener un bien tan
grande. Ninguno toma parte en nuestros sacrificios, ninguno nos ayuda a formar este Reino que
les llevará tanto bien, y mientras no nos ponen ninguna atención, piensan en gozarse la mísera
vida, sin ni siquiera disponerse a recibir el bien que estamos preparando. ¡Oh! si las criaturas
pudiesen ver lo que pasa en el secreto de nuestros corazones, cómo quedarían sorprendidas
por la maravilla. Esto sucedió cuando Yo y mi Mamá estábamos en la tierra, mientras entre Ella
y Yo estábamos preparando el Reino de la Redención, todos los remedios que eran necesarios
a fin de que todos pudiesen encontrar la salvación, no se ahorraban ni sacrificios ni trabajos, ni
vida, ni oraciones, y mientras estábamos atentos a pensar en todos, para dar la vida por todos,
ninguno pensaba en Nosotros, ninguno conocía lo que estábamos haciendo. Mi Celestial Mamá
fue la depositaria del Reino de la Redención y por eso tomó parte en todos los sacrificios, en
todos los dolores; sólo San José sabía lo que estábamos haciendo, pero no tuvo parte de todos
nuestros dolores. ¡Oh! cómo nos dolía el corazón al ver que mientras Madre e Hijo nos
consumíamos de penas y de amor por todos, para formar todos los remedios posibles e
imaginables para todos, para sanarlos y ponerlos a salvo, ellos no sólo no pensaban en
Nosotros, sino que nos ofendían, nos despreciaban, y otros tramaban contra mi vida, aun desde
mi nacimiento. Esto lo estoy repitiendo contigo hija mía para formar el Reino del Fiat Divino. El
mundo toma de Nosotros a pesar de que no nos conoce, y sólo mi ministro asistente conoce lo
que estamos haciendo, pero no toma parte ni en nuestros sacrificios, ni en nuestro trabajo,
estamos solos, por eso paciencia en este largo trabajo, cuanto más trabajemos más gozaremos
los frutos de este Reino Celestial”.
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21-21
Mayo 4, 1927
Cómo el alma que hace la Divina Voluntad es
siempre cielo, y cómo no se agota jamás.
(1) Las privaciones de mi dulce Jesús me atormentan, me debilitan y siento mi pobre alma
como expuesta a los rayos de un sol ardiente, cual es el Querer Divino, que me ofuscan y casi
me queman, pero a pesar de que me siento quemar, estoy obligada por una fuerza suprema a
quedarme pegada en estos rayos del Sol del Fiat Divino sin poderme apartar, sin Aquél que
regándome haría menos ardientes estos rayos y haría surgir en mi ensangrentado corazón algún
hilo de hierba; cómo me siento mal, sin Jesús todo se ha cambiado en mí, sólo el Querer Divino
me ha quedado como mi única heredad que no me puede ser quitada por ninguno, ni siquiera
por Jesús. Ella sola es mi vida, mi morada, mi todo, todo lo demás ha terminado, todos me han
dejado, no tengo a quién dirigirme, ni al Cielo ni a la tierra. Pero mientras desahogaba mi dolor,
mi amado Bien, Aquél que me da muerte y me da vida, que vuelve infeliz mi pobre existencia y
mi felicidad, se ha movido en mi interior diciéndome:
(2) “Hija mía, el cielo es siempre cielo, no se cambia jamás, ni se aparta, y a pesar de que a
veces las nubes lo oscurecen, se extienden y cubren el bello azul del cielo, sin embargo las
nubes no lo pueden tocar, se extienden tan en lo bajo del aire, que hay gran distancia entre el