(6) Después de esto estaba pensando en el dolor cuando mi dolorosa Mamá, traspasada en
el corazón se separó de Jesús dejándolo muerto en el sepulcro, y pensaba entre mí: “¿Cómo
fue posible que haya tenido tanta fuerza de dejarlo? Es cierto que estaba muerto, pero era
siempre el cuerpo de Jesús, ¿cómo su amor materno no la consumió para no dejarle dar un solo
paso lejos de aquel cuerpo extinto? Y sin embargó lo dejó. ¡Qué heroísmo, qué fortaleza!” Pero
mientras esto pensaba, mi dulce Jesús se ha movido en mi interior y me ha dicho:
(7) “Hija mía, ¿quieres saber cómo es que mi Mamá tuvo la fuerza de dejarme? Todo el
secreto de su fuerza estaba en mi Voluntad reinante en Ella. Ella vivía de Voluntad Divina, no
humana, y por eso contenía la fuerza inmensurable. Es más, tú debes saber que cuando mi
traspasada Mamá me dejó en el sepulcro, mi Querer la tenía inmersa en dos mares inmensos,
uno de dolor y el otro más extenso de alegrías, de bienaventuranzas, y mientras el de dolor le
daba todos los martirios, el de la alegría le daba todos los contentos y su bella alma me siguió
al limbo y asistió a la fiesta que me hicieron todos los patriarcas, los profetas, su padre y su
madre, nuestro amado San José; el limbo se transformó en paraíso con mi presencia y Yo no
podía hacer menos que hacer participar a Aquélla que había sido inseparable en mis penas,
hacerla asistir a esta primera fiesta de las criaturas, y fue tanta su alegría, que tuvo la fuerza de
separarse de mi cuerpo, retirándose y esperando el momento de mi Resurrección como
cumplimiento de la Redención. La alegría la sostenía en el dolor, y el dolor la sostenía en la
alegría. A quien posee mi Querer no puede faltarle ni fuerza ni potencia, ni alegría, todo lo tiene
a su disposición. ¿No lo experimentas en ti misma cuando estás privada de Mí y te sientes
consumar? La luz del Fiat Divino forma su mar, te hace feliz y te da la vida”.
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21-17
Abril 18, 1927
La Resurrección de Nuestro Señor ha dado a las criaturas el derecho
de resucitar. Diferencia que hay entre quien obra en el Divino
Querer y entre quien obra fuera de Él.
(1) Estaba siguiendo los actos del Santo Querer Divino cuando Jesús resucitó del sepulcro,
glorioso y triunfante, y mi amable Jesús saliendo de dentro de mi interior me ha dicho:
(2) “Hija mía, con el resucitar, mi Humanidad dio el derecho a todas las criaturas de hacer
resucitar no sólo sus almas a la gloria y a la bienaventuranza eterna, sino también a sus cuerpos.
El pecado había quitado estos derechos de resucitar a las criaturas; mi Humanidad con resucitar
los restituyó. Ella encerraba el germen de la resurrección de todos, y en virtud de este germen
encerrado en Mí, todos tuvieron el bien de poder resucitar de la muerte. Quien hace el primer
acto debe tener la virtud de encerrar en sí todos los demás actos que deben hacer las otras
criaturas, de modo que en virtud del primer acto, los demás puedan imitarlo y hacer el mismo
acto. ¿Cuánto bien no llevó la Resurrección de mi Humanidad dando el derecho a todos de
resucitar? Para el hombre, porque se había sustraído de mi Voluntad, la gloria, felicidad,
honores, todo le había quedado malogrado, había roto el eslabón de unión que uniéndolo con
Dios le daba los derechos a todos los bienes de su Creador, y mi Humanidad con resucitar
enlazó el eslabón de unión, restituyéndole los derechos perdidos, dándole virtud de resucitar.
Toda la gloria, todo el honor es de mi Humanidad, si Yo no hubiera resucitado, ninguno podría
resucitar. Con el primer acto viene la sucesión de los actos semejantes al primero. Mira qué
cosa es la potencia de un primer acto, mi Mamá Reina hizo el primer acto de concebirme; Ella
para poder concebirme a Mí, Verbo Eterno, encerró en Sí todos los actos de las criaturas para
corresponder a su Creador en modo de poder decirle: ‘Soy Yo que te amo, te adoro, te doy
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