tu Vida Sacramental, mis afectos, mis latidos, mi amor, mis pensamientos, toda Yo misma para
tenerte defendido, cortejado, amado, reparado; tomo Yo el empeño de corresponderte por el
gran don que haces, confía en tu Mamá y Yo pensaré en la defensa de tu Vida Sacramental; y
como Tú mismo me has constituido Reina de toda la Creación, tengo el derecho de alinear en
torno a Ti toda la luz del sol como homenaje y adoración, a las estrellas, al cielo, al mar, a todos
los habitantes del aire, todo lo pongo en torno a Ti para darte amor y gloria”.
(3) Ahora, asegurándome donde podía poner este gran depósito de mi Vida Sacramental y
fiándome de mi Mamá que me había dado todas las pruebas de su fidelidad, instituí el Santísimo
Sacramento. Era Ella la única criatura digna que podía custodiar, defender y reparar mi acto.
Entonces mira, cuando las criaturas me reciben, Yo desciendo en ellas junto con los actos de
mi inseparable Mamá, y sólo por esto puedo continuar mi Vida Sacramental. Por esto es
necesario que escoja primero una criatura cuando quiero hacer una obra grande, digna de Mí,
primero para tener el lugar donde poner mi don, segundo para tener la correspondencia.
También en el orden natural se hace así, si el agricultor quiere sembrar la semilla, no la arroja
en medio del camino, sino que va en busca del pequeño terreno, lo prepara, forma los surcos y
después arroja la semilla, y para estar seguro la cubre con tierra, esperando con ansia la
cosecha para recibir la correspondencia de su trabajo y de la semilla que ha confiado a la tierra.
Otro quiere formar un bello objeto, primero prepara las materias primas, el lugar donde ponerlo
y después lo forma. Así también he hecho contigo, te escogí, te preparé y después te confié el
gran don de las manifestaciones de mi Voluntad, y así como confié a mi amada Mamá la suerte
de mi Vida Sacramental, así he querido fiarme de ti, confiándote la suerte del Reino de mi
Voluntad”.
(4) Después continuaba pensando en todo lo que mi amado Bien había hecho y sufrido en el
curso de su Vida, y Él ha agregado:
(5) “Hija mía, mi Vida fue brevísima acá abajo y la mayor parte me la pasé escondido, pero a
pesar de que fue brevísima, como mi Humanidad estaba animada por una Voluntad Divina,
¿cuántos bienes no hice? Toda la Iglesia toma de mi Vida, a saciedad bebe de la fuente de mi
doctrina, cada palabra mía es una fuente que brota en cada cristiano, cada ejemplo mío es más
que sol que ilumina, que calienta, que fecunda y hace madurar las más grandes santidades. Si
se quisiera comparar a todos los santos, todos los buenos, todas sus penas y su heroísmo, todo
puesto en comparación a mi Vida brevísima, serían siempre las pequeñas llamitas delante al
gran sol, y como en Mí reinaba la Divina Voluntad, todas las penas, las humillaciones,
confusiones, oposiciones, acusaciones que me hacían los enemigos en el curso de mi Vida y de
mi Pasión, sirvió todo para su vergüenza y para mayor confusión de ellos mismos, porque
estando en Mí una Voluntad Divina, sucedía de Mí como sucede al sol cuando las nubes,
extendiéndose en lo bajo del aire, parece que quieren hacer ultraje al sol oscureciendo la
superficie de la tierra quitando momentáneamente la viveza de la luz solar, pero el sol se ríe de
las nubes porque ellas no pueden hacer vida perenne en el aire, su vida es fugaz, basta un
pequeño viento para hacerlas desaparecer y el sol queda siempre triunfante en su plenitud de
luz que domina y llena toda la tierra. Así sucede de Mí, todo lo que me hicieron mis enemigos
y aun mi misma muerte, fueron como tantas nubes que cubrieron mi Humanidad, pero al Sol de
mi Divinidad no lo pudieron tocar, y no apenas el viento de la potencia de mi Voluntad Divina se
movió, desaparecieron las nubes y más que sol resucité glorioso y triunfante, quedando los
enemigos más avergonzados que antes. Hija mía, en el alma donde reina mi Voluntad con toda
su plenitud, los minutos de vida son siglos y siglos de plenitud de todos los bienes, y donde Ella
no reina, los siglos de vida son apenas minutos de bienes que contienen; y si el alma donde
reina mi Querer sufriera humillaciones, oposiciones y penas, son como nubes que el viento del
Fiat Divino descarga sobre aquellos, para su vergüenza, que han osado tocar a la portadora de
mi eterno Querer”.