perfecta imagen, cuando fue creado, de los hijos de mi Reino. Abraham fue símbolo de los
privilegios y del heroísmo de los hijos de mi Querer y así como llamé a Abraham a una tierra
prometida que manaba leche y miel, haciéndolo dueño de aquella tierra, tierra tan fecunda que
era envidiable y ambicionada por todas las otras naciones, era todo símbolo de lo que habría
hecho con los hijos de mi Voluntad. Jacob fue otro símbolo de ellos, porque descendiendo de
él las doce tribus de Israel, debía nacer en medio de ellos el futuro Redentor que debía reanudar
de nuevo el Reino del Fiat Divino a mis hijos. José fue símbolo del dominio que habrían tenido
los hijos de mi Voluntad, y así como él no dejó morir de hambre a tantos pueblos y aun a sus
ingratos hermanos, así los hijos del Fiat Divino tendrán el dominio y serán causa de no dejar
perecer a los pueblos que pedirán de ellos el pan de mi Voluntad. Moisés fue figura de la
potencia, Sansón símbolo de la fuerza de los hijos de mi Querer. David simbolizaba el reinar de
ellos. Todos los profetas simbolizaban la gracia, las comunicaciones, las intimidades con Dios,
que más que ellos habrían poseído los hijos del Fiat Divino. Mira, todos estos no eran más que
símbolos, figuras de ellos, ¿qué será cuando sean puestas fuera la vida de estos símbolos?
Después de todos aquellos vino la Celestial Señora, la Soberana Emperatriz, la Inmaculada, la
sin mancha, mi Madre, Ella no era símbolo ni figura, sino la realidad, la verdadera Vida, la
primera hija privilegiada de mi Voluntad, y Yo miraba en la Reina del Cielo la generación de los
hijos de mi Reino, era la primera incomparable criatura que poseía íntegra la Vida del Querer
Supremo, y por eso mereció concebir al Verbo Eterno y madurar en su corazón materno la
generación de los hijos del eterno Fiat. Después vino mi misma Vida, en la cual venía
establecido el Reino que debían poseer estos hijos afortunados. Por todo esto puedes
comprender que todo lo que Dios hizo desde el principio desde la Creación del mundo, que hace
y que hará, su finalidad principal es de formar el Reino de su Voluntad en medio de las criaturas.
Esta es toda nuestra mira, esta es nuestra Voluntad y a estos hijos serán dados todos nuestros
bienes, nuestras prerrogativas, nuestra semejanza; y si te llamo a que sigas todos los actos que
ha hecho mi Voluntad tanto en la creación del universo como en las generaciones de las
criaturas, no excluyendo aquellos que hizo en mi Madre Celestial, ni los que hizo en mi misma
Vida, es para concentrar en ti todos sus actos, hacerte don de ellos para poder hacer salir de ti
todos juntos los bienes que posee una Voluntad Divina para poder formar con decoro, honor y
gloria, el Reino del eterno Fiat. Por eso sé atenta en seguir mi Voluntad”.
(3) Después estaba pensando entre mí: “¿Cómo es que Adán al sustraerse de la Voluntad
Divina, de tal altura se precipitó tan bajo? Y Jesús moviéndose en mi interior me ha dicho:
(4) “Hija mía, así como en el orden natural, quien cae desde un punto altísimo, o muere o
queda tan deshecho y deformado que le resulta imposible readquirir su estado anterior de salud,
de belleza, de altura y quedará como un pobre lisiado, ciego, jorobado y cojo, y si éste fuera
padre, saldrían de él las generaciones de los lisiados, de los ciegos, de los jorobados y de los
cojos, así en el orden sobrenatural, Adán cayó de un punto altísimo, él había sido puesto por su
Creador en un punto tan alto que sobrepasaba la altura del cielo, de las estrellas, del sol, con
vivir en mi Voluntad moraba por encima de todo, en Dios mismo. ¿Ves entonces desde dónde
se precipitó Adán? De la altura desde donde cayó fue un milagro que no pereciera del todo,
pero si no murió, el golpe que recibió en la caída fue tan fuerte, que fue inevitable quedar lisiado,
deshecho y deformado de su insólita belleza, él quedó despojado de todos los bienes,
entorpecido en el obrar, entontecido en su intelecto, una fiebre continua lo debilitaba, que
debilitándole todas las virtudes no sentía más la fuerza para dominarse, el más bello carácter
del hombre, el dominio de sí mismo, desapareció, y entraron las pasiones a tiranizarlo, a hacerlo
inquieto y triste, y como era padre y cabeza de las generaciones, puso fuera la familia de los
lisiados.
(5) El no hacer mi Voluntad creen que sea cosa de nada, en cambio es la ruina total de la
criatura, y por cuantos actos de más de voluntad propia hace, tantas veces de más acrecienta
sus males, su ruina, y se excava el abismo más profundo donde precipitarse”.
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