distancia entre criatura y Creador, dice esclavitud y servidumbre, dice desemejanza. En cambio
una voluntad libre que hace la mía y me ama, dice unión entre el alma y Dios, dice filiación, dice
que lo que es de Dios es de ella, dice semejanza de santidad, de amor, de modos, tanto que lo
que hace Uno lo hace el otro, donde se encuentra Uno se encuentra el otro. Por eso creé al
hombre libre de voluntad, para recibir este honor grande que conviene a un Dios; una voluntad
forzada que me ama, que se sacrifica, Yo no sé qué hacer con ella, más bien ni siquiera la
reconozco, ni merece ningún premio, por eso toda mi mira está sobre el alma que de espontánea
voluntad vive en la mía. El amor forzado es de los hombres, no de Dios, porque se contentan
con las apariencias y no bajan al fondo del oro de la voluntad para tener un amor sincero y leal;
como el rey que se contenta con la sujeción de los soldados con tal de que esté formado su
ejército, y no pone atención si los soldados tienen la voluntad lejana de él; si ésta está lejana,
tendrá el ejército, pero no estará al seguro, puede ser un ejército que trama contra su corona y
contra su vida. Un patrón tendrá muchos siervos, pero si no lo sirven de voluntad, sino por
necesidad, por conveniencia, por temor, por cobrar su salario, estos siervos que comen de su
pan pueden ser sus primeros enemigos. Pero tu Jesús que ve en el fondo de la voluntad no se
contenta con las apariencias, y si esta voluntad espontáneamente quiere y vive en la mía, mi
gloria, la Creación, todo está al seguro, porque son no los siervos, sino mis hijos que la poseen
y que aman tanto la gloria de su Padre Celestial, que estarían dispuestos y se sentirían honrados
de dar la propia vida por amor suyo”.
(3) Entonces yo me sentía toda sumergida en el eterno Fiat, y mi amado Jesús ha agregado:
(4) “Hija mía, en mi Voluntad todos los actos son hechos en la plenitud de la luz, por tanto son
actos llenos de todos los bienes, estos actos son actos completos, de manera que nada debe
faltar y son exuberantes, brotan para bien de todos. Mira, en cuanto tú en mi Voluntad llamabas
a mi Mamá Celestial, a los ángeles y santos a amarme, así sentía repetir en ti el amor de mi
Mamá, el amor de los ángeles, el amor de todo el Cielo. En cuanto llamabas al sol, al cielo, a
las estrellas, al mar y a todas las cosas creadas en torno a Mí para darme el amor, la gloria de
mis obras, así me sentía repetir en ti lo que Yo había hecho al crear el sol, el cielo, las estrellas,
el mar, y todo el amor que Yo puse fuera en toda la Creación. Así que el alma que vive en mi
Divina Voluntad es la repetidora de mis actos, que bilocándolos me da lo que le he dado. ¡Oh,
cómo tu Jesús goza al verse dar por la pequeñez de la criatura los honores, el amor, la gloria de
sus mismos actos plenos, completos y exuberantes”.
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21-13
Abril 8, 1927
Cómo todas las figuras y símbolos del antiguo testamento
simbolizaban a los hijos de la Divina Voluntad. Cómo Adán,
del punto más alto se precipitó al punto más bajo.
(1) Estaba siguiendo los actos que el Querer Divino había hecho en toda la Creación, también
buscaba los actos que había hecho tanto en nuestro primer padre Adán como en todos los
santos del antiguo testamento, especialmente donde el Supremo Querer había hecho resaltar
su potencia, su fuerza, su virtud vivificadora, y mi dulce Jesús moviéndose en mi interior me ha
dicho:
(2) “Hija mía, las más grandes figuras del antiguo testamento, mientras eran figuras y
figuraban al futuro Mesías, encerraban al mismo tiempo los dones, la figura, y simbolizaban
todos los dones que habrían poseído los hijos del Fiat Supremo. Adán fue la verdadera y