frecuentemente me llevaba al Cielo y me hacía volver a la tierra con sumo dolor mío, ahora todo
ha terminado. Pero mientras esto pensaba, moviéndose en mi interior me ha dicho:
(4) “Hija mía, tú me ofendes al pensar que no te quiero como antes, esto no es otra cosa que
el orden de mi infinita sabiduría. Tú debes saber que también mi inseparable Mamá, en su tierna
edad, estaba más en el Cielo que en la tierra porque debía tomar de Nosotros los mares de
gracia, de amor, de luz, para formar en Ella su cielo donde el Verbo Eterno debía concebirse y
tener su habitación. Por eso cuando este cielo fue formado en la Soberana Reina, no fue ya
necesario que fuera frecuentemente a la Patria Celestial, pues ya tenía en Ella lo que estaba en
el Cielo. Así he hecho contigo, lo que era necesario antes no es necesario hoy, y además, ¿qué
es más? ¿Poseerme dentro en el fondo del alma, bajo el bello cielo de mi Voluntad formado en
ti, o bien visitar frecuentemente la Patria Celestial? Creo que es más poseerlo, por eso todo lo
que he hecho antes en ti, por tantos años, no ha sido otra cosa que formar mi cielo en ti; después
de formado es justo que me lo goce, y debes gozar también junto Conmigo que tu Jesús tiene
su cielo en tu alma”.
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21-9
Marzo 22, 1927
Cómo quien vive en el Querer Divino vive en el eco de la voz de Jesús.
Efectos de cuando surge el Sol de la Divina Voluntad en el alma.
(1) Continuando mi habitual estado, estaba siguiendo al Querer Divino en la Creación, y
pasando de una cosa creada a otra, llamaba a mi dulce Vida, a mi amado Jesús, que viniera
junto conmigo a seguir los actos de su Voluntad en todas las cosas creadas, y no viniendo,
sentía el clavo de su privación que me traspasaba y en mi dolor le decía: “Mi Jesús, yo no sé
qué hacer para reencontrarte, te hago llamar por tu justicia en el mar, por tu potencia en sus olas
fragorosas y Tú no me escuchas, te hago llamar por tu luz en el sol, por la intensidad de su calor
que simboliza tu amor y no vienes, te hago llamar por tu inmensidad, en todas tus obras, en la
vastedad de la bóveda del cielo y parece que no es a Ti a quien llamo. Pero dime al menos
cómo debo hacer para reencontrarte. Si no te encuentro en medio de tus obras, en tu misma
Voluntad, que son tus confines, ¿dónde podré encontrar mi vida?” Pero mientras desahogaba
mi dolor se ha movido dentro de mí diciéndome:
(2) “Cómo es bella mi hija, cómo es bello ver su pequeñez como perdida en mi Voluntad
buscarme en medio de mis obras y no encontrarme”.
(3) Y yo: “Jesús mío, Tú me haces morir, dime, ¿dónde te escondes?”
(4) Y Jesús: “Me escondo en ti; mira, si tú oyes la voz de una persona, dices que el oír su voz
es que ya está cerca de ti; ahora, mi Voluntad es el eco de mi voz, si tú estás en Ella y giras por
todas las obras de mi Fiat, ya estás en el eco de mi voz, y estando en Ella estoy junto a ti, o bien
dentro de ti, que con mi aliento te doy el vuelo para girar hasta donde llega mi voz y hasta donde
mi Fiat se extiende”.
(5) Y yo, sorprendida he dicho: “Amor mío, así que tu voz se hace anchísima y larguísima
porque tu Voluntad no hay punto donde no se encuentre”.
(6) Y Jesús ha agregado: “Cierto hija mía, no hay voluntad, ni hay voz si no está la persona
que la emite, y así como mi Voluntad se encuentra por todas partes, así no hay punto donde no
llegue mi voz que lleva mi Fiat a todas las cosas, por eso si te encuentras en mi Voluntad en
medio de sus obras, puedes estar más que segura de que tu Jesús está contigo”.