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Marzo 16, 1927
En cuanto Jesús fue concebido, formó el reanudamiento de
su Reino con las criaturas. Cómo en la Divina Voluntad están los
actos universales que se necesitan para impetrarlo.
(1) Estaba pensando en el Fiat Supremo y en el modo como puede venir y ser realizado este
Reino, y mi amado Jesús moviéndose en mi interior me ha dicho:
(2) “Hija mía, en cuanto tu Jesús fue concebido, reanudé de nuevo el Reino de mi Voluntad
Divina con las criaturas. Era necesario que Ella tomara dominio absoluto en mi Humanidad y
tuviese su Vida libre en todos mis actos, para poder extender su Reino como quería en mi
Humanidad. Así que todo lo que Yo hacía: Obras, oraciones, respiro, latido y sufrimientos, eran
vínculos, reanudamientos del Reino de mi Fiat con las criaturas. Yo representaba el nuevo
Adán, que no sólo debía dar los remedios para salvarlos, sino debía rehacer, restituir lo que el
viejo Adán perdió; por eso me fue necesario tomar la naturaleza humana para poder encerrar
en ella lo que la criatura había perdido, y por medio mío darlo de nuevo. Era de justicia que mi
Voluntad Divina tuviera una naturaleza humana a su disposición y que en nada se opusiera,
para poder de nuevo extender su Reino en medio de las criaturas, mucho más que una
naturaleza humana le había quitado sus derechos de reinar, por eso se necesitaba otra que le
restituyera sus derechos. Por tanto mi venida a la tierra no fue por la sola Redención, más bien,
la primera finalidad fue para formar el Reino de mi Voluntad en mi Humanidad, para darlo
nuevamente a las criaturas; si esto no fuera así, mi venida sobre la tierra sería una obra
incompleta, no digna de un Dios, que nada menos no habría podido restablecer la obra de la
Creación, el orden como salió de nuestras manos creadoras, que en todo debía reinar nuestra
Voluntad. Ahora, para que estos reanudamientos que formó mi Humanidad de mi Reino con las
criaturas, pudieran tener validez, vida y ser conocidos, era necesario que eligiera a una criatura,
que dándole por oficio especial que hiciera conocer este Reino de mi Querer, vinculara con ella
todos estos reanudamientos que había formado mi Voluntad con mi Humanidad, dándole
capacidad de transmitir estos reanudamientos de mi Reino a las otras criaturas. Por eso estoy
en el fondo de tu alma manteniendo la Vida del Fiat Supremo, para vincular estos
reanudamientos y extender en ella su Reino, y te hablo tanto de Él como a ningún otro hasta
ahora le he hablado, por tanto sé atenta, que se trata de la cosa más grande, cual es restablecer
el orden de la Creación entre el Creador y la criatura.
(3) No sólo esto, sino que era necesario que escogiera primero una criatura que viviera en el
Fiat Divino para recibir de ella actos universales, porque mi Voluntad es universal, se encuentra
por todas partes, no hay criatura que no reciba su Vida. Ahora, el hombre con sustraerse de mi
Voluntad rechazó un bien universal, quitó a Dios la gloria, la adoración, el amor universal; así
que para dar nuevamente este Reino, estos bienes universales, quiere por derecho que primero
una criatura viviendo en este Fiat, se le comunique este acto universal, y conforme ama, adora,
glorifica, reza, se constituye junto con su mismo Querer amor universal por todos, adoración y
gloria por cada criatura, y difundiendo su oración como si cada una rezara, ruega en modo
universal que venga el Reino del Fiat Divino en medio de las criaturas. Cuando un bien es
universal se necesitan actos universales para obtenerlo, y sólo en mi Voluntad hay estos actos.
Conforme tú amas en Ella, tu amor se extiende dondequiera que Ella se encuentra, y mi
Voluntad siente tu amor en todas partes, se siente seguir por doquier, por lo tanto siente en ti el
primer amor como había establecido que la criatura la amara en el principio de la Creación;
siente su eco en tu amor que no sabe amar con amor pequeño y finito, sino con amor infinito y
universal; siente el primer amor de Adán antes de pecar, que no hacía otra cosa que repetir el
eco de la Voluntad de su Creador, y se siente como atraída por estos actos universales que la