(3) Después de esto continuaba mis actos en el Supremo Querer, y llegando al punto de seguir
los actos de Jesús desde que fue concebido en el seno de la Inmaculada Reina, hasta que murió
sobre la cruz, mi amable Jesús, haciéndose oír de nuevo en mi interior me ha dicho:
(4) “Hija mía, mi Humanidad vino a la tierra como en medio de los tiempos, para reunir el
pasado, cuando la plenitud de mi Voluntad reinaba en el hombre; en la Creación todo era suyo,
dondequiera que tenía su Reino, su Vida obrante y Divina, y Yo encerré en Mí esta plenitud de
mi Querer Divino, y vinculando los presentes me hice primer modelo para formar los remedios
que se requerían, las ayudas, las enseñanzas que se necesitaban para curarlos, y después
vinculaba a los futuros a la plenitud de aquella Voluntad Divina que reinaba en los primeros
tiempos de la Creación. Así que mi venida a la tierra fue vínculo de reunión de los tiempos, fue
remedio para formar este vínculo para hacer que el Reino del Fiat Divino pudiera regresar en
medio de las criaturas, fue modelo que hacía para todos, los que modelándose quedaban
reanudados en los vínculos hechos por Mí. He aquí por qué antes de hablarte de mi Voluntad
te hablé de mi venida a la tierra, de lo que Yo hice y sufrí, para darte los remedios y el modelo
de mi misma Vida, y después te hablé de mi Querer, eran vínculos que formaba en ti, y en estos
vínculos formaba el Reino de mi Voluntad, y señal de esto son los tantos conocimientos que te
he manifestado acerca de Ella, su dolor porque no reina con toda su plenitud en medio de las
criaturas, y los bienes que promete a los hijos de su Reino”.
(5) Después yo continuaba rezando y me sentía medio somnolienta, cuando de improviso oía
hablar en voz alta dentro de mí, he puesto atención y he visto a mi amado Jesús con los brazos
en alto, en acto de abrazarme, que con voz fuerte me decía:
(6) “Hija mía, Yo no pido otra cosa de ti sino que seas la hija, la madre, la hermana de mi
Voluntad, que pongas a salvo en ti sus derechos, su honor, su gloria”.
(7) Y esto lo decía con voz alta y fuerte; después, bajando la voz y abrazándome ha agregado:
(8) “El motivo hija mía por el que quiero a salvo los derechos de mi eterno Fiat, es porque
quiero encerrar en el alma la Santísima Trinidad, y sólo mi Voluntad Divina puede darnos el lugar
y la gloria digna de Nosotros, y sólo por medio de Ella podemos obrar libremente y extender en
ti todo el bien de la Creación, formar cosas aún más bellas, porque con nuestra Voluntad en el
alma podemos todo, sin Ella nos faltaría el lugar donde ponernos y donde extender nuestras
obras; por lo tanto, no siendo libres, permanecemos en nuestros apartamentos celestiales.
Sucede como a un rey, que amando con amor excesivo a un súbdito suyo quiere abajarse a
hacer vida en su pequeño tugurio, pero quiere ser libre, quiere poner en el pequeño tugurio sus
cosas reales, quiere mandar, quiere que coma junto con él sus buenos y delicados alimentos,
en suma, quiere hacer su vida de rey, pero el súbdito no quiere que el rey ponga sus cosas
reales, ni que mande, ni quiere adaptarse a los alimentos del rey. El rey no se siente libre y por
amor de la libertad se vuelve a su palacio real. Donde no reina mi Voluntad no soy libre, la
voluntad humana pone continua oposición a la mía y por eso no teniendo a salvo nuestros
derechos, no podemos reinar y por eso nos estamos en nuestra morada real”.
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21-5
Marzo 10, 1927
Cómo Dios en la Creación daba los derechos
de poseer el Reino de la Divina Voluntad.
(1) Estaba según mi costumbre siguiendo los actos del Querer Supremo en la Creación, y
habiendo llegado al punto cuando Dios creaba al hombre, me unía con los primeros actos
perfectos que hizo Adán cuando fue creado, para comenzar junto con él, y para seguir donde
terminó de amar a Dios, de adorarlo, cuando pecó, con aquella perfección con la que había