la felicidad de sus actos humanos. Supón un enfermo que hiciera un trabajo, o bien que
preparara un alimento y lo diera a otro que está sano, éste que goza la plenitud de la salud no
advierte nada, ni del cansancio de aquel trabajo, ni de la fatiga que el enfermo ha sentido al
hacerlo, ni el disgusto de ese alimento que habría sentido si lo hubiera tomado el enfermo, más
bien goza en la plenitud de su salud del bien, de la gloria y de la felicidad que le llevará aquel
trabajo y gusta el alimento que le ha sido ofrecido. Así el ofrecimiento de las propias acciones
purifica, desinfecta las acciones humanas y Dios recibe la gloria a Él debida, y por
correspondencia hace descender nuevas gracias sobre aquella que ofrece a Él sus acciones”.
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21-4
Marzo 5, 1927
Cómo la firmeza en el bien es sólo de Dios, el cual habiendo hecho
una vez un acto, éste no cesa más. Efectos de la firmeza. Cómo la
Humanidad de Nuestro Señor fue vínculo de tiempos, remedio y modelo.
Cómo quiere a salvo los derechos del Querer Divino.
(1) Me sentía en lo máximo de la aflicción por la privación de mi dulce Jesús, y en mi interior
le decía: “Amor mío y Vida mía, cómo es que has partido de mí sin decirme adiós, ni enseñarme
hacia dónde dirigir mis pasos, ni el camino que debo recorrer para reencontrarte, más bien me
parece que Tú mismo me has obstaculizado los caminos para no dejarte encontrar, y por cuanto
pueda girar y llamarte Tú no me escuchas, los caminos están cerrados, y yo extenuada por el
cansancio estoy obligada a detenerme y lloro por Aquél que a cualquier costo quisiera encontrar
y no encuentro. ¡Ah! Jesús, Jesús, regresa, ven a aquélla que no puede vivir sin Ti”. Pero
mientras desahogaba mi dolor, apenas se ha movido en mi interior, y yo al sentir que se movía
le he dicho: “Mi Jesús, Vida mía, ¿por qué me haces tanto esperar, hasta no poder más? Si te
haces ver es apenas como relámpago, y sin decirme nada se hace más oscuro que antes y yo
quedo más en mis desvaríos, y delirando de dolor te busco, te llamo, pero en vano te espero”.
Y Jesús compadeciéndome me ha dicho:
(2) “Hija mía, no temas, estoy aquí contigo, lo que quiero es que jamás salgas de dentro de
mi Voluntad, que siempre continúes tus actos sin apartarte jamás de los confines del Reino del
Fiat Supremo, y esto te dará la firmeza que te asemejará a tu Creador, el cual, habiendo hecho
una vez un acto, ese acto tiene vida continua sin cesar jamás. Un acto siempre continuado es
sólo de Dios, el cual no sufre interrupciones en sus actos, por eso nuestra firmeza es
inquebrantable y extendiéndose dondequiera con nuestra inmensidad, vuelve sin interrupción
nuestros actos y dondequiera que nos apoyamos encontramos nuestra firmeza que nos hace
el más grande honor, nos hace conocer como el Ente Supremo, Creador de todo, y vuelve
inquebrantable nuestro Ser y nuestros actos, porque dondequiera que queremos apoyarnos
encontramos nuestra firmeza que todo sostiene; hija mía, la firmeza es naturaleza y dote divina,
y es justo que demos esta participación y dote de naturaleza divina a quien debe ser hija de
nuestro Fiat Divino y vivir en nuestro Reino. Así que el continuar tus actos en Él sin interrumpirlos
jamás, hace conocer que ya estás en posesión de la dote de nuestra firmeza. ¡Cuántas cosas
dice la firmeza! Dice que el alma se mueve sólo por Dios; dice que se mueve con razón y con
puro amor, no con pasión e interés propio, dice que conoce el bien que hace y por eso se
mantiene firme en él sin interrumpirlo jamás; la firmeza dice con caracteres imborrables: ‘Aquí
está el dedo de Dios’. Por eso sé firme en tus actos y tendrás nuestra firmeza divina en tu obrar”.
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