(2) “Hija mía, el alma donde reina mi Querer tiene las cuerdas de oro purísimo que descienden
de la potencia del Padre, de la sabiduría de Mí, Hijo, y del amor del Espíritu Santo. Conforme
el alma obra, ama, reza, sufre, así Yo tomo las cuerdas en mis manos y pongo en movimiento
nuestra potencia, sabiduría y amor, para bien, para gloria de todos los bienaventurados y de
todas las criaturas. El sonido de estas campanas es tan fuerte y armonioso, que llaman a todos
como invitándolos a festejar, por eso todos han salido para gozarse la fiesta de tu acto. Así que,
como ves, los actos del alma donde reina mi Querer se forman en el Cielo, en el seno de su
Creador, descienden a la tierra por las tres cuerdas de nuestra potencia, sabiduría y amor, y
suben nuevamente hasta su fuente para llevarnos la gloria a Nosotros debida, y Yo me deleito
mucho en tirar de las cuerdas para hacer oír a todos el sonido de estas misteriosas campanas”.
(3) Después de esto había oído de la exposición que se había hecho del Santísimo
Sacramento en la iglesia, y yo pensaba entre mí: “Para mí no hay ni exposiciones, ni funciones”.
Y mi dulce Jesús no dándome tiempo a pensar en otras cosas, ha salido de dentro de mi interior
y me ha dicho:
(4) “Hija mía, para ti no hay necesidad de exposiciones, porque para quien hace mi Voluntad
tiene la exposición más grande y continua que mi Voluntad tiene en toda la Creación, más bien
cada cosa creada, como están animadas por Ella, forman tantas innumerables exposiciones por
cuantas cosas existen. ¿Quién forma mi Vida Divina en la Eucaristía? Mi Voluntad. Si no fuera
porque la hostia sacramental está animada por mi Voluntad Suprema, la Vida Divina no existiría
en ella, sería una simple hostia blanca que no merecería la adoración de los fieles. Ahora hija
mía, mi Voluntad hace su exposición en el sol, y así como mi Voluntad tiene los velos de la hostia
que esconden mi Vida, así tiene los velos de la luz que la esconden en el sol, sin embargo,
¿quién hace una genuflexión, quién manda un beso de adoración, quién dice un gracias a mi
Voluntad expuesta en el sol? ¡Ninguno! ¡Qué ingratitud! Pero a pesar de esto Ella no se detiene,
es siempre estable en hacer el bien, en sus velos de luz sigue los pasos del hombre, inviste sus
acciones, por cualquier camino que tome, su luz se hace encontrar delante y detrás, llevándolo
como en triunfo en su seno de luz para hacerle el bien, dispuesta a hacerle el bien y darle la luz
aunque no la quiera. ¡Oh Voluntad mía, cuán invisible eres, amable y admirable, inmutable en
el bien, incansable sin jamás retroceder! Ve la gran diferencia entre la exposición de la
Eucaristía y aquella que mi misma Voluntad tiene en acto continuo en las cosas creadas, a
aquella de la Eucaristía el hombre debe incomodarse, ir él, acercarse, disponerse para recibir el
bien, de otra manera nada recibe; en cambio la exposición de mi Voluntad en las cosas creadas,
es Ella que va al hombre, que se incomoda y a pesar de que no esté dispuesto, mi Voluntad es
generosa y lo ahoga de sus bienes, no obstante no hay quien adore a mi eterna Voluntad en
tantas exposiciones suyas. Ella hace su exposición en el mar, y si bien en el sol, símbolo de la
Eucaristía, da su luz, su calor, da bienes innumerables, pero siempre en silencio, no dice jamás
una palabra, no hace jamás un reproche por cuantos males horrendos pueda ver; en el mar en
cambio, en los velos del agua hace su exposición en modo diferente, parece que habla al formar
su murmullo, en los velos del agua infunde temor en sus oleajes tumultuosos y en las olas
fragorosas, que si embiste naves o gentes las sepulta en el fondo del mar sin que ninguno lo
pueda resistir; mi Voluntad en el mar hace la exposición de su potencia y habla en el murmullo,
habla en los oleajes, habla en las olas altísimas llamando al hombre a amarla y a poseerla, y no
viéndose escuchada hace la exposición de la justicia divina, y cambiando aquellos velos en
tempestad se lanza contra el hombre inexorablemente. ¡Oh! si las criaturas pusieran atención
a todas las exposiciones que hace mi Voluntad en toda la Creación, deberían estar siempre en
acto de adoración, para adorar mi Voluntad expuesta en los campos floridos donde expande sus
perfumes, en los árboles cargados de frutos donde expande la variedad de sus dulzuras, así
que no hay cosa creada donde no haga su exposición divina y especial, y como las criaturas no
le tributan los honores debidos, te corresponde a ti mantener la adoración perpetua a las
exposiciones que tiene el Fiat Supremo en toda la Creación. Eres tú hija mía, la que te debes
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