tú me traes toda la Creación, eres la portadora de mi felicidad esparcida en ella, y Yo reconozco
a mi hijo de la luz en el sol, a mi hijo de la justicia en el mar, aquél de mi imperio en el viento,
aquél de la paz en la tierra florida, en suma, en todas las cosas creadas reconozco algún parto
de mis atributos, y Yo gozo al reconocer a mis hijos que me trae la pequeña hija de mi Querer.
Hago como aquel padre que tiene muchos hijos y cada uno de ellos ocupa un oficio de honor:
Quién es príncipe, quién es juez, quién diputado, quién senador, quién gobernador; el padre se
siente más feliz al reconocer en el parto de sus entrañas cada uno de los oficios y la dignidad
de los propios hijos, y como todas las cosas creadas fueron hechas porque debían servir para
hacer felices a los hijos del Fiat Supremo, al verte traer a Nosotros nuestras obras, reconocemos
en ti nuestra finalidad, y ¡oh! cómo gozamos al verte girar para reunir todas nuestras obras para
traernos nuestra felicidad esparcida en toda la Creación. Por eso tu vuelo en mi Voluntad sea
continuo”.
(4) Después de esto, habiendo recibido la santa Comunión, estaba diciendo a mi amado
Jesús: “Amor mío y vida mía, tu Voluntad tiene virtud de multiplicar tu Vida por cuantos seres
existen y existirán sobre la tierra, y yo en tu Querer quiero formar tantos Jesús para darte todo
entero a cada alma del purgatorio, a cada bienaventurado del Cielo, a cada viviente sobre la
tierra”. Ahora, mientras esto decía, mi celestial Jesús me ha dicho:
(5) “Hija mía, para quien vive en mi Querer, Éste es exactamente lo que hace, multiplica los
actos del alma en virtud suya por cuantos son los seres creados, el alma recibe la actitud divina,
y su acto se hace acto de todos. Es precisamente este el obrar divino: Un acto que hace se
multiplica en tantos, que todos pueden hacer suyo aquel acto como si hubiera sido hecho por
cada uno, mientras que el acto ha sido uno, así que el alma donde reina mi Querer se pone en
las condiciones de Dios mismo, sea de gloria, sea de dolor, según que las criaturas lo reciban o
lo rechacen; la gloria que su acto puede llevar, el bien y la Vida de Jesús a todos, es grande,
exuberante, infinito; el dolor de que no todas las criaturas tomen aquel bien y de que mi misma
Vida quede suspendida, sin llevar lo útil de mi Vida Divina, es dolor que supera todo dolor”.
+ + + +
21-2
Febrero 26, 1927
Donde reina la Divina Voluntad forma tres cuerdas de oro purísimo.
La Divina Voluntad hace su exposición en toda la Creación.
(1) Mi amable Jesús me hace esperar mucho su regreso, ¡oh! cómo lo suspira mi pequeña
alma, reducida sin Él como tierra sin agua y sin sol, que mientras me quemo por la sed, es tanta
la oscuridad que no sé hacia donde dirigir mis pasos para encontrar a Aquél que es el único que
me puede dar el agua que me quita la sed, y me hace surgir el sol que da luz a mis pasos para
reencontrar a Aquél que de mí se aleja. ¡Ah Jesús, Jesús, regresa! ¿No sientes mi latido en el
tuyo que te llama, y que no teniendo más humor vital, fatigosamente late y no tiene más fuerza
para seguir llamándote? Pero mientras esto y más decía, mi sumo bien Jesús se ha movido en
mi interior, y me hacía ver tres cuerdas, que unidas entre sí estaban atadas en el fondo de mi
alma, estas cuerdas descendían del Cielo, las cuales estaban atadas a tres campanas. Jesús
era un pequeño niño y con una gracia que no se puede decir, y todo deprisa tomaba las cuerdas
en sus pequeñas manitas y las jalaba fuerte, pero tanto, que parecía que en el Cielo aquellas
campanas formaban una música tan fuerte que todo el Cielo salía para ver quién era Aquél que
tocaba con tanta premura e imponencia, de llamar la atención de todo el Cielo, también yo he
quedado asombrada y mi dulce Jesús me ha dicho:
1330 sig