que sientes al ver sufrir a las criaturas. Ha sido siempre esta mi intención al no conformarme a
la justicia, porque sufriendo el hombre sufrirás más Tú que él mismo”.
(4) Mientras esto estaba diciendo ha venido nuestra Mamá Reina, y yo he recordado que
habiendo pedido al confesor la obediencia de conformarme a la justicia, me había dicho que le
preguntara a la Virgen Santísima si quería que me uniformara. Se lo he dicho y Ella me ha dicho:
“No, no, más bien reza hija mía, y en estos días trata por cuanto más puedas de tenerte a Jesús
junto contigo y aplacarlo, porque muchos castigos están preparados”.
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3-9
Noviembre 17, 1899
La potestad sacerdotal debe concurrir con la víctima.
(1) Continúa mi amable Jesús haciéndose ver afligido. Esta mañana junto con Él ha venido
nuestra Reina Mamá, y me parecía que Ella me lo traía a fin de que lo aplacara y le rogara junto
con Ella que me hiciera sufrir a mí para librar a las gentes, y me ha dicho que si en estos días
pasados no me hubiera interpuesto, y el confesor no hubiese hecho uso de la potestad
sacerdotal para concurrir con sus intenciones de hacerme sufrir, muchas catástrofes habrían
sucedido. Mientras estaba en esto he visto al confesor, y yo enseguida he rogado por él a Jesús
y a la Reina Madre, y Jesús todo benignidad ha dicho:
(2) “A medida que tome en cuenta mis intereses, con el pedirme y también con empeñarse en
renovar la intención de hacerte sufrir, con el fin de librar a las gentes, así tomaré cuidado de él
y lo libraré. Yo estaría dispuesto a hacer este pacto con él”.
(3) Después de esto he hecho por mirar a mi dulce y único Bien, y he visto que en sus manos
tenía dos rayos, en uno contenía como preparado un fuerte terremoto y una guerra; en el otro
muchas clases de muertes imprevistas y enfermedades contagiosas. Yo le he comenzado a
rogar que vertiera sobre mí aquellos rayos, y casi se los quería quitar de sus manos, pero Él
para no dejarme llegar a esto, ha comenzado a alejarse de mí, yo buscaba seguirlo y por eso
me he encontrado fuera de mí misma; Jesús ha desaparecido y yo he quedado sola.
(4) Ahora, encontrándome sola he girado un poco y he llegado a un lugar donde en esta
estación hacen la siega, parecía que ahí había ruidos de guerra y yo quería ir para ayudar a
esas pobres gentes, pero los demonios me impedían ir a donde estaban por suceder tales cosas,
y me golpeaban para que no pudiese ayudar, ni tampoco impedir sus artificios, y han usado
tanta fuerza que me hicieron retroceder.
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3-10
Noviembre 19, 1899
Males de la soberbia.
(1) Continúa viniendo mi adorable Jesús, y como mi mente, antes de que viniera estaba
pensando en ciertas cosas que me había dicho en años pasados, y que no recuerdo bien, Él,
como para recordarme me ha dicho:
(2) “Hija mía, la soberbia roe la gracia. En los corazones de los soberbios no hay otra cosa
que un vacío todo lleno de humo, que produce la ceguera. La soberbia no hace más que hacer
de sí mismo un ídolo, así que el alma soberbia no tiene a su Dios consigo; con el pecado ha