dimos la supremacía sobre todas nuestras obras, esto es, a la criatura en quien debía reinar
plenamente nuestro Fiat Divino, no a la criatura degradada por su voluntad, ésta es la última de
todas, no tiene ni derecho ni comunicación. En cambio donde reina mi Querer tiene el derecho
de ser la primera y llamar a todos para hacerse seguir por todos. Por eso el obrar en Él es el
milagro más grande y la plenitud de todos los actos unidos juntos y el triunfo del acto divino en
el acto humano, porque mi Voluntad era como estéril en medio de las criaturas, pero ahora ya
es feliz por su primera hija, en la cual ve sus tantos partos que vendrán a la luz, así que no más
como madre estéril vivirá en medio de las gentes, sino como madre fecunda de muchos hijos.
Era viuda, porque al crear al primer hombre se desposó con la naturaleza humana dotándola
con las riquezas inmensas de su Voluntad, sello del desposorio que formaba con el hombre,
pero en cuanto se sustrajo de Ella, quedó viuda durante tantos siglos, y ahora ha quitado el luto
de su viudez y desposándose de nuevo volvió a ponerse sus vestidos de esposa y ha hecho
salir de nuevo en campo sus dotes, y el sello de estas dotes son sus conocimientos en los cuales
hace don de las riquezas que Ella posee. Por eso hija mía sé atenta a conservar tus vestiduras
de esposa y a gozar los dominios que mi Voluntad te ha dado en dote”.
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20-61
Febrero 19, 1927
Jesús la invita a luchar. Cómo Jesús lucha con sus conocimientos, con
los ejemplos, con las enseñanzas; el alma lucha con recibirlos, con
seguir los actos de su Voluntad en la Creación y Redención.
(1) Estaba siguiendo mi vuelo en el Fiat Divino y mi dulce Jesús se hacía ver que salía de
dentro de mi interior, y entrelazaba sus manos con las mías invitándome a luchar con Él, yo era
pequeña, pequeña, y no me sentía hábil y fuerte para luchar con Él, mucho más porque salió
una voz de dentro de una luz que decía: “Es demasiado pequeñita, ¿cómo puede vencer en
esta lucha?”. Y Jesús ha respondido:
(2) “Más bien porque es pequeña puede vencer, porque toda la fuerza está en la pequeñez”.
(3) Yo estaba desconsolada, no me atrevía a luchar con Jesús, y Él incitándome a la lucha
me ha dicho:
(4) “Hija mía, ánimo, inténtalo, si tú vences vencerás el Reino de mi Voluntad, no te debes
detener porque eres pequeña, porque he puesto a tu disposición toda la fuerza de las cosas
creadas, así que junto contigo lucha toda la fuerza que contiene el cielo, el sol, el agua, el viento,
el mar, todos me dan batalla, la hacen junto Conmigo para hacerme ceder el Reino del Fiat
Divino, la hacen a las criaturas con las armas que cada cosa creada tiene en su propio puño,
para rendirlas a reconocer mi Voluntad, a fin de que la hagan reinar como la hacen ellas reinar
y queriendo vencer, todas se han puesto como en orden de batalla, y viendo que las criaturas
resisten, queriendo vencer por fuerza porque tienen con ellas la fuerza de aquella Voluntad que
las anima y domina, con las armas que poseen derriban gentes y ciudades con tal imperio, que
ninguno las puede resistir; tú no puedes comprender toda la fuerza y potencia que contienen
todos los elementos, que si mi Querer no los tuviera como frenados, sería tan encarnizada la
batalla, que de la tierra harían ruinas. Ahora, la fuerza de ellas es también tuya, y por eso tú
gira en medio de ellas para ponerlas en orden de batalla, tus actos, tu pedir continuo el Reino
del Fiat Supremo llama para poner atenta a toda la Creación, y mi Voluntad moviéndose en ella
pone todos sus actos en oficio regio para dar y hacer vencer su Reino en medio de las criaturas.
Por lo tanto es mi mismo Querer el que lucha, que da batalla con mi misma Voluntad para el
triunfo de su Reino. Así que tu lucha está animada por Ella, la cual tiene fuerza suficiente e
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