abunda de luz, el aire de pájaros, el mar de peces, la tierra de plantas y de flores, así, haciendo
eco a la Creación el Reino del Fiat Supremo, los hijos de mi Reino serán felices y abundarán en
todo, así que cada uno poseerá la plenitud de los bienes y plena felicidad en el puesto en el cual
el Querer Supremo los haya colocado, cualquiera que sea la condición y el oficio que ocuparán,
todos estarán felices de su suerte. Y como el Reino del Fiat Supremo será el eco perfecto del
Reino que mi Voluntad posee en la Creación, por eso se verá un sol en lo alto, otro sol en lo
bajo, en medio de las criaturas que poseerán este Reino, se verá el eco del cielo en estos hijos
afortunados, con sus actos lo poblarán de estrellas, es más, cada uno será un cielo y un sol
distinto, porque donde está mi Voluntad no sabe estar sin cielo y sin sol, es más, conforme
tomará posesión de cada uno de sus hijos formará su cielo y su sol, porque es naturaleza suya
que donde tiene su posesión estable, su santidad, su luz interminable, es como cielo y sol que
forma y multiplica por doquier. Pero no es todo aún, la Creación, eco de la Patria Celestial,
contiene la música, la marcha real, las esferas, el cielo, el sol, el mar, y todos poseen el orden y
la armonía perfecta entre ellos y giran continuamente, este orden, esta armonía y este girar sin
jamás detenerse forma tal sinfonía y música admirable, que se diría que es como el aliento del
Fiat Supremo que toca como tantos instrumentos musicales a todas las cosas creadas y forma
la más bella de las músicas, que si se pudiera oír por las criaturas, éstas quedarían extáticas.
Entonces el Reino del Fiat Supremo tendrá el eco de la música de la Patria Celestial y el eco de
la música de la Creación, será tal y tanto el orden, la armonía y su continuo girar en torno a su
Creador, que cada acto de ellos, palabra paso, será una música distinta, como tantos diversos
instrumentos musicales que recibirán el aliento del Querer Divino, de modo que todo lo que
hagan serán tantos conciertos musicales distintos que formarán la alegría y la fiesta continua
del Reino del Fiat Divino. Tu Jesús no encontrará más diferencia en quedarse en la Patria
Celestial, o en descender a entretenerse en medio de las criaturas en el Reino del Fiat Supremo
sobre la tierra. Y entonces nuestra obra de la Creación cantará victoria y pleno triunfo, y
tendremos tres Reinos en uno, símbolo de la Trinidad Sacrosanta, porque todas nuestras obras
llevan el sello de Aquél que las ha creado”.
(3) Después de esto pensaba entre mí: “Los verdaderos hijos del Fiat Supremo serán felices,
abundarán de todo, no obstante mi Mamá Reina, Jesús mismo que era la misma Voluntad Divina
fueron pobres en esta baja tierra, sufrieron las penas, las incomodidades de la pobreza”. Y mi
dulce Jesús ha agregado:
(4) “Hija mía, pobreza verdadera es cuando una criatura tiene necesidad, quiere tomar y no
tiene qué tomar y está obligada a pedir a los demás un estrecho medio para vivir, esta pobreza
es de necesidad y casi forzada; en cambio, tanto en Mí como en la Mamá Celestial que era toda
la plenitud del Fiat Eterno, era no pobreza de necesidad, mucho menos forzada, sino pobreza
voluntaria, pobreza espontánea, exprimida por la prensa del amor Divino. Todo era nuestro, a
una señal nuestra se habrían edificado suntuosos palacios, servido mesas con alimentos jamás
vistos y gustados, como en efecto cuando era necesario, a una pequeña señal nuestra los
mismos pájaros nos servían, trayéndonos en sus picos frutos y peces y más, y hacían fiesta
porque servían a su Creador y a su Reina; con sus trinos, cantos y gorjeos, nos hacían las
músicas más bellas, tanto que para no llamar la atención de las demás criaturas debíamos darles
la orden de que se alejaran, siguiendo su vuelo bajo la bóveda del cielo donde nuestro Querer
los esperaba, y ellos obedientes se retiraban. Por eso nuestra pobreza fue de amor, pobreza
de ejemplo para enseñar a las criaturas el desapego de las cosas bajas de la tierra, no fue
pobreza de necesidad, ni podía serlo absolutamente, porque donde reina la plenitud, la Vida de
mi Voluntad, todos los males terminan como de un solo golpe y pierden la vida”.
(5) Después, habiéndose enterado el muy reverendo padre Di Francia que yo tenía fiebre, me
mandó decir que si tenía necesidad tomara lo que necesitara de su dinero que había depositado
conmigo para una obra suya. Y mi amable Jesús al venir, casi sonriendo me ha dicho:
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