3-5
Noviembre 10, 1899
La obediencia al confesor.
(1) Después de haber pasado algunos días en contienda con Jesús, porque yo quería ser
desatada y Él no quería, ahora se hacía ver que dormía, ahora me imponía silencio; finalmente
esta mañana, mientras lo he visto, veía al confesor que me ordenaba absolutamente que me
hiciera desatar por Jesús, y esto más de una vez, pero Jesús no hacía caso, y yo obligada por
la obediencia le he dicho: “Mi amable Jesús, ¿cuándo te has opuesto a la obediencia? No soy
yo que quiero ser desatada, es el confesor que quiere que me hagas sufrir la crucifixión, por eso
ríndete a esta virtud tan predilecta por Ti, que entreteje toda tu vida, y formó el último eslabón,
uniendo todo en uno el sacrificio de la cruz”.
(2) Y Jesús: “Tú me quieres hacer violencia tocándome ese eslabón que unió la Divinidad y
la humanidad, y formó un solo eslabón, que es la obediencia”.
(3) Y mientras esto decía ha tomado el aspecto de Crucificado y, casi forzado por la potestad
sacerdotal me participó los dolores de la crucifixión. Sea siempre bendito el Señor y sea todo
para gloria suya. Así parece que he quedado desatada.
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3-6
Noviembre 11, 1899
La obediencia le impide ajustarse a la justicia.
(1) Encontrándome en mi habitual estado, me he encontrado fuera de mí misma y me parecía
que giraba por la tierra. ¡Oh, cómo estaba inundada por todo tipo de iniquidades, da horror
pensarlo! Ahora, mientras giraba he llegado a un punto y he encontrado a un sacerdote de vida
santa, y en otro punto una virgen de vida pura y santa. Nos hemos unido los tres y empezamos
a hablar sobre los tantos castigos que el Señor está enviando y tantos otros que tiene
preparados. Yo les he dicho: “Y vosotros, ¿qué hacéis? ¿Os habéis acaso conformado a la
divina justicia?” Y ellos:
(2) “Viendo la extrema necesidad de estos tristes tiempos, y que el hombre no se rendiría ni
aunque viniera un apóstol, ni si el Señor enviara a otro San Vicente Ferrer, que con milagros y
señales portentosas lo pudiese inducir a la conversión, es más, viendo que el hombre ha llegado
a tal obstinación y a una especie de locura, que la misma fuerza de los milagros lo volvería más
incrédulo, entonces, obligados por esta apremiante necesidad, por el bien de ellos y para detener
este mar purulento que inunda la faz de la tierra, y para gloria de nuestro Dios tan ultrajado, nos
hemos conformado a la justicia, sólo estamos rogando y ofreciéndonos víctimas para hacer que
estos castigos sirvan para la conversión de los pueblos. Y tú, ¿qué haces? ¿No te has
conformado con nosotros?”
(3) Y yo: “Ah no, no puedo, porque la obediencia no quiere, si bien Jesús quiere que me
uniforme, pero como la obediencia no quiere, debe prevalecer sobre todo, debo estar siempre
en oposición con Jesús bendito, cosa que me aflige mucho”.
(4) Y Ellos: “Cuando está la obediencia, seguro que no necesita adherirse”.
(5) Después de esto, encontrándome en mí misma, en cuanto he visto al amadísimo Jesús
quise saber de qué parte eran aquel sacerdote y aquella virgen, y Él me ha dicho que eran del
Perú.