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Enero 13, 1927
Jesús le pide a Luisa que escriba. Cómo su palabra es felicidad.
Quien vive en el Querer Divino es visto como uno de la Patria
Celestial. Reza junto con toda la Creación. Cómo Jesús
le promete que todo le será concedido.
(1) Continúo con fiebre, escribo con tal trabajo, que había decidido no escribir más hasta que
me encontrara en condición de poder escribir con menos dificultad, también para poder escribir
más extensamente lo que el bendito Jesús manifiesta a su pequeña hija, porque estando la
debilidad trato de abreviar cuanto más puedo. Ahora, mientras que ya no pensaba que debía
escribir después de mi decisión, mi siempre amable Jesús se ha movido en mi interior y como
rogándome me ha dicho:
(2) “Hija mía, escribe un poco, me contento con poco, pero no nada, cuando puedas, entonces
escribirás más extensamente, y en lo poco que escribas te ayudaré Yo, no te dejaré sola y
cuando vea que no puedes seguir adelante, Yo mismo te diré basta, porque te amo mucho y
también a tu naturaleza, porque también ella es mía y no quiero que te fatigues por encima de
tus fuerzas, pero no me quites este gusto de mantener la siempre nueva correspondencia de
escribir lo que te quiero decir. Tú sabes que no hay para Mí en todo el mundo un lugar donde
pueda participar mis felicidades y recibir la correspondencia, así que el punto de mi felicidad en
el mundo eres tú, y esta mi felicidad viene formada por mi hablar, cuando Yo puedo hablar con
una criatura, hacerme entender, para Mí es felicidad, y felicidad plena, sobreabundante, para
quien me escucha, mucho más que hablando contigo, estando tú en mi Querer, Yo te hablo en
mi misma Voluntad, no fuera de Ella, y estoy seguro de ser comprendido, mucho más que
hablándote de mi Querer siento en ti la felicidad de mi Reino, el eco de la felicidad de la Patria
Celestial. ¿Sabes hija mía cómo sucedería si no escribieras? Como Yo te tengo en el Fiat
Supremo te veo como una de mi Patria Celestial, ¿y qué dirías tú si una que vive ya en el Cielo
no quisiera recibir mis nuevas alegrías que naturalmente salen de mi seno para hacer felices a
todos los bienaventurados, porque en Mí es naturaleza dar siempre nuevas bienaventuranzas?
Esta tal sería un estorbo a mi felicidad, me encerraría en mi seno las alegrías que quiero hacer
salir; así sucedería de ti, serías un obstáculo a mi felicidad, a las alegrías siempre nuevas que
posee mi Voluntad; mucho más que Yo me siento más feliz cuando hago más feliz a la pequeña
hija de mi Querer, que sólo por nuestra causa, no por otra cosa, se encuentra en el bajo exilio
para darnos el campo de formar nuestro Reino en medio de las criaturas y de reintegrarnos los
derechos y la gloria de la obra de toda la Creación. ¿Crees tú que mi corazón puede tolerar no
hacer feliz a mi pequeña hija? No, no, para Mí sería la pena más grande, ¿no es tal vez para ti
la felicidad más grande mi palabra?”
(3) Y yo: “Cierto, oh Jesús, y si supieras cómo me vuelves infeliz cuando me privas, cómo
siento el vacío de una felicidad sin fin, que ninguna otra cosa, por cuán bella y buena podrá
suplir”.
(4) Y Jesús: “Por eso hija mía, mi palabra, mientras te hace feliz a ti, no quiero que quede en
el vacío de ti sola mi felicidad, sino quiero que sirva para establecer mi Reino, y por eso como
confirmación de mi palabra y de mi felicidad que sale de Mí, quiero que se escriba sobre el papel,
también como confirmación de nuestra correspondencia”.
(5) Después de esto me he puesto a rezar, llevando delante a la Majestad Suprema toda la
Creación junto conmigo, esto es: El cielo, las estrellas, el sol, el mar, en suma todo, a fin de que
mi oración fuese animada por todos los actos que ejercita el Fiat Supremo en toda la Creación;
mi dulce Jesús se puso junto a mí, apoyando su cabeza junto a la mía, poniéndome el brazo al
cuello como para sostenerme, y yo le decía: “Amor mío Jesús, no soy yo sola quien te ruego,
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