(6) “Hija mía, quien debe poseer el Reino de mi Voluntad no sólo la debe hacer y debe vivir
en Ella, sino que debe sentir y sufrir lo que siente y sufre mi Voluntad en las almas; lo que tú
sientes no es otra cosa que la condición en la cual se encuentra en las criaturas, cómo corre
fatigosamente, cuántos esfuerzos no debe hacer para subyugar a las criaturas para hacerlas
hacer su Voluntad, como la tienen reprimida en la suya le quitan lo más bello de su Vida en ellos,
cual es su energía, su alegría, su fuerza, y es obligada a obrar bajo la presión de una voluntad
humana, melancólica, débil e inconstante. ¡Oh! bajo qué pesada opresión, amarga, aplastante,
tienen a mi Voluntad las criaturas, ¿no quieres tú tomar parte en sus penas? Hija mía, tú debes
ser como una tecla, para que mi Voluntad, cualquier sonido que quiera hacer, tú debes prestarte
a formar ese sonido que quiere hacer, y cuando haya formado en ti todos los sonidos que Ella
posee, sonidos de alegría, de fortaleza, de bondad, de dolor, etc., su victoria de haber formado
en ti su Reino será completa. Por eso piensa más bien que es una tonada diversa y distinta que
quiere hacer en ti, es una tecla de más que quiere agregar en tu alma, porque en el Reino del
Fiat Supremo quiere encontrar todas las notas del concierto musical de la Patria Celestial, a fin
de que ni siquiera la música falte en su Reino”.
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20-46
Enero 6, 1927
El alma que vive en el Querer Divino es siempre igual a
sí misma. El orden de la Providencia en la Encarnación
y en las manifestaciones de los Santos Magos.
(1) Estaba haciendo mis acostumbrados actos en el Supremo Querer y mi dulce Jesús ha
salido de dentro de mi interior y extendiéndome los brazos me abrazaba, pero me estrechaba
tan fuerte a Él, que quedaba toda cubierta por Jesús y me ha dicho:
(2) “Hija mía, no estoy contento si no te veo toda cubierta de Mí, y tan perdida en Mí, que no
se reconozca más a ti en ti, sino sólo a Mí en ti”.
(3) Después ha agregado: “Hija mía, quien vive en mi Voluntad es siempre igual a sí misma,
sus actos simbolizan la luz que se difunde de igual manera atrás, adelante, a la derecha y a la
izquierda, a lo más si contiene más fuerza de luz se ensancha de más, pero siempre se difunde
igual al agrandar la circunferencia de luz en torno a sí. Ahora, los actos hechos en mi Querer,
simbolizando la luz, en cuanto el acto de la criatura entra en Él abraza el pasado, el presente y
el futuro, y no careciendo de plenitud de luz se expande por doquier y toma como de un solo
golpe a todos en la circunferencia de su luz interminable. Por eso para quien vive en el Fiat
Divino, ninguno puede decir, por cuanto bien haga, yo soy semejante a ti, sólo ella puede decir,
yo soy semejante a Aquél que me ha creado, lo que hace Él hago yo, una es la luz que nos
inviste, una es la fuerza, una es la Voluntad”.
(4) Después de esto estaba pensando en los Santos Magos cuando visitaron al niñito Jesús
en la gruta de Belén, y mi siempre amable Jesús me ha dicho:
(5) “Hija mía, mira el orden de mi Providencia Divina: Para el gran portento de mi Encarnación
elegí y me serví de una Virgen, humilde, pobre; por custodio que me hacía de padre, al virgen
San José, tan pobre que tenía necesidad de trabajar para mantenernos la vida. Mira cómo en
las obras más grandes, y más grande no podía ser el misterio de la Encarnación, nos servimos
de personas que en la apariencia no llaman la atención de nadie, porque las dignidades, los
cetros, las riquezas, son siempre humos que ciegan al alma y le impiden penetrar en los arcanos
celestiales para recibir un acto grande de Dios y al mismo Dios. En cambio para manifestar a
los pueblos la venida de Mi, Verbo del Padre a la tierra, quise y me serví de autoridad regia, de
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