busco y no encuentro; ojo mi oído para oír al menos el ligero golpe de sus pasos, el eco dulce y
suave de su voz; mis ojos miran, a lo mejor puedan ver al menos el relámpago de su venida
fugaz. ¡Oh cómo me cuesta su privación, cómo suspiro su regreso! Ahora, mientras me
encontraba entre las ansias de quererlo, mi dulce Jesús se ha movido en mi interior y se hacía
ver dentro de mí, sentado junto a una mesita de luz, todo ocupado y atento a ver todo el orden
de lo que Él había manifestado sobre su Santísima Voluntad, si todo estaba escrito, si faltaba
alguna cosa, y hasta dónde debía llegar para completar todo lo que respecta a su Santísima
Voluntad, todo lo que se refería a su Querer, las palabras, los conocimientos, en manos de Jesús
tomaban la imagen de rayo de luz, los cuales Él ordenaba sobre esa mesita de luz, y estaba tan
absorto y ocupado que por cuanto yo decía, lo llamaba, no me ponía atención. Entonces yo he
hecho silencio, contentándome con estar cerca y mirarlo. Después de un largo silencio me ha
dicho:
(2) “Hija mía, cuando se trata de cosas que se refieren a mi Querer, cielos y tierra están
silenciosos y reverentes para ser espectadores de un acto nuevo de esta Voluntad Suprema,
cada acto nuevo de Ella lleva a todos una Vida Divina de más, una fuerza, una felicidad, una
belleza raptora. Por eso la Voluntad Divina obrante que pone fuera de Sí un acto suyo, es la
cosa más grande que puede existir en el Cielo y en la tierra; cielos nuevos, soles más bellos
pueden salir de un acto de más de mi Voluntad. Por eso cuando se trata de Ella, Yo y tú
debemos poner todo a un lado y ocuparnos sólo del Eterno Fiat. No se trata de reordenar en ti
una voluntad humana, una virtud cualquiera, sino que se trata de reordenar una Voluntad Divina
y obrante, por eso se necesita demasiado, y Yo, estando ocupado en cosas que más me
corresponden y que llevarán el gran bien de un acto nuevo de esta Suprema Voluntad, no hago
caso de tus llamadas, porque cuando se trata de hacer lo más, las cosas menores se hacen a
un lado”.
(3) Después de esto estaba siguiendo a mi apasionado Jesús en la Pasión, y habiendo llegado
al punto cuando Herodes lo acosaba a preguntas y Él callaba, pensaba entre mí: “Si Jesús
hubiese hablado tal vez aquél se hubiera convertido”. Y Jesús moviéndose en mi interior me ha
dicho:
(4) “Hija mía, Herodes no me preguntó para conocer la verdad sino para curiosear y burlarse
de Mí, y si Yo hubiese respondido habría hecho burla de él, porque cuando falta la voluntad de
conocer la verdad y de llevarla a cabo, falta el humor en el alma para recibir el calor que lleva
consigo la luz de mis verdades; este calor no encontrando la humedad para hacer germinar y
fecundar la verdad, quema de más y hace secar el bien que puede producir. Sucede como al
sol, que cuando no encuentra la humedad en las plantas, su calor sirve para secar y quemar la
vida de las plantas, pero si encuentra humedad hace prodigios, por eso la verdad es bella, es
amable, es la restauradora y fecundadora de las almas, con su calor y luz forma prodigios de
desarrollo, de gracias y de santidad, pero esto para quien ama conocerla para hacerla; pero para
quien no ama hacerla, la verdad se burla de ellos en vez de quedar burlada”.
(5) Después de esto, mientras escribía sentía tal desfallecimiento de fuerzas que lo hacía
trabajosamente, no me sentía poner las palabras por Jesús para facilitármelo, ni la plenitud de
la luz mental que cual mar se hace en mi mente, que debo contentarme con tomar pocas gotas
de luz para escribir sobre el papel, de otro manera si quisiera poner todo, haría como una
persona que va en el mar y quisiera tomar toda el agua del mar en su mano, por cuanta tome,
toda le escapa, en cambio si toma pocas gotas puede tener éxito en llevarlas consigo. Así que
todo era fatiga en mí, en el alma, en el cuerpo, en todo. Entonces sintiéndome tan mal pensaba
entre mí: “Tal vez no es más Voluntad de Dios que yo escriba, de otra manera me habría
ayudado como las otras veces, en cambio es tanta la fatiga, el esfuerzo que debo hacer, que no
puedo seguir adelante, por eso si Jesús no lo quiere, tampoco yo lo quiero”. Pero mientras esto
pensaba, mi dulce Jesús ha salido de dentro de mi interior y me ha dicho:
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