todo el género humano’, y así en todo lo demás? ¿Quién puede decir: ‘Amo a mi Dios como se
ama a Sí mismo y amo a todos y hago todo el bien que hace mi Creador a toda la familia
humana’? Sólo quien recibe este equilibrio del Fiat Divino y lo hace reinar en ella”.
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20-43
Diciembre 29, 1926
Cómo en la Humanidad de Nuestro Señor fue formada
la nueva creación del reino de la Voluntad Suprema.
(1) Mi dulce Jesús al venir se hacía ver que llevaba en medio de su pecho un Sol, muy
estrechado entre sus brazos y acercándose a mí ha tomado aquel Sol de en medio de su pecho
y con sus manos me lo ha puesto en medio del mío, después me ha tomado mis manos entre
las suyas y las ha cruzado apretadamente sobre aquel Sol diciéndome:
(2) “Este Sol es mi Voluntad, tenlo estrechado, no lo dejes jamás escapar, porque Él tiene el
poder de convertirte a ti y todos tus actos en luz, de modo de incorporarte toda en Él, hasta
formar un solo Sol”.
(3) Después de esto estaba pensando en todo lo que mi dulce Jesús había hecho en su venida
a la tierra para la Redención, para unirme a sus actos y pedirle por amor de sus mismos actos
que hiciera conocer su Voluntad para hacerla reinar, y mi adorado Jesús ha agregado:
(4) “Hija mía, en cuanto mi Humanidad fue concebida, así comencé una nueva creación, para
extender el Reino de mi Voluntad sobre todos los actos que hacía mi Humanidad. Todos mis
actos que hacía dentro y fuera de mi Humanidad, estaban animados por una Voluntad Divina
que contenía la potencia creadora, y por eso mis actos recibían la nueva creación y se convertían
en actos de Voluntad Divina, y Yo extendía en mi interior y en todos mis actos externos su Reino.
En efecto, ¿quién destruyó y rechazó este Reino de mi Voluntad en el hombre? Su voluntad
humana, que rechazándola de sí no se dejó dominar, animar por la mía, sino que se hizo dominar
y animar por la suya y ahí formó el reino de las miserias, de las pasiones y de las ruinas. Ahora,
mi Humanidad antes que todo debía rehacer y volver a llamar a este Reino del Querer Supremo
en Mí, en mi naturaleza humana, para poderme disponer a formar la Redención y así poder dar
al género humano los remedios para salvarse. Si no hubiese puesto a salvo en Mí este Reino,
no le hubiese dado sus derechos de dominio, no habría podido formar el bien de la Redención;
mi Voluntad Divina habría sido inexorable en cederme sus bienes si no hubiera tenido primero
el derecho de formar su Reino en Mí, y después, como segundo acto, me cedía los remedios
para salvar a las criaturas. Así que mi Voluntad Suprema se ponía en actitud de acción en todos
mis actos, Ella dominaba y triunfante investía con su potencia creadora mis lágrimas y gemidos
infantiles, mis suspiros, latidos, pasos, obras, palabras y penas, en suma, todo, y conforme los
investía los embellecía con su luz interminable y formaba la nueva creación de su Reino en
todos mis actos, por eso por cada cosa de más que Yo hacía, el Fiat Divino agrandaba los
confines de su Reino en mi Humanidad. Ahora, si la Creación fue llamada de la nada y fue
formada sobre la base de mi palabra creadora que dijo y creó, mandó y todas las cosas tomaron
su puesto de orden y de armonía, en cambio en la creación del Reino de mi Supremo Querer no
se contentó con la nada para formarlo, sino que quiso como garantía de seguridad, la base, los
fundamentos, los muros y todos los actos y penas de mi Humanidad Santísima para formar la
creación de su Reino. Ve entonces cuánto costó este reino de mi Querer, con cuánto amor lo
desarrollé en Mí, por eso este reino existe, no queda más que hacerlo conocer para hacer salir
en campo todos los bienes que contiene. Por eso lo que quiero de ti, es que así como mi
Humanidad dejó libre a mi Voluntad para hacerle formar su Reino, así tú me dejes libre, no te