la criatura con hacer su voluntad quiere rasgar esta luz y en ella forma las tinieblas, pero la mía
se levanta y hace su curso de luz dejando a la criatura en las tinieblas de su voluntad. ¿No se
le diría loco y que haría un gran mal a quien rasgase la luz del sol y se formara una larga noche?
Pobrecito, moriría de frío no recibiendo más el calor de la luz del sol, moriría de aburrimiento no
pudiendo más obrar faltándole el bien de la luz, moriría de hambre no teniendo ni luz ni calor
para hacer crecer las plantas y fecundar su pequeño terreno cubierto por las tinieblas de su
voluntad, se diría de él: ¡Mejor que jamás hubiese nacido un ser tan infeliz! Todo esto sucede
al alma que hace su voluntad, por eso el mal que es más deplorable es el no hacer mi Voluntad,
porque quitada Ella se muere de frío para todos los bienes celestiales, muere de aburrimiento,
de cansancio, de debilidad, porque falta mi Voluntad que hace surgir la alegría, la fuerza y la
vida del obrar Divino, muere de hambre porque falta su luz que hace crecer las plantas y
fecundar el pequeño terreno del alma, para formar el alimento por medio del cual debe vivir. Las
criaturas creen que no es un gran mal el no hacer mi Voluntad, mientras que esto encierra todos
los males juntos”.
(3) Después de esto ha agregado: “Hija mía, todo bien, para ser verdadero bien, debe tener
su principio en Dios, así que el amor, el hacer el bien, el sufrir, el heroísmo de aquellos que se
dan hasta la muerte para alcanzar una meta, el estudio de las ciencias sagradas y profanas, en
suma, todo lo que no tiene principio en Dios, infla a la criatura, la vacía de gracia, y todos estos
bienes que no tienen principio en Dios, que comienzan con principio humano, son como obras
llevadas por el viento impetuoso, que con su fuerza reduce a polvo ciudades, villas, cosas
suntuosas y de ellas hace un montón de ruinas. ¿Cuántas veces un viento impetuoso destruye,
echa por tierra las obras más bellas de arte, de ingenio, haciéndose con esas obras tan alabadas
y admiradas, con su furor, un juego? ¿Cuántas veces el viento impetuoso de la propia estima,
de la propia gloria, el viento furioso de agradar a las criaturas, derrumban las obras más bellas,
y Yo siento la nausea de ese mismo bien? Por eso no hay remedio más eficaz, más apropiado,
que más previene, que impide el furor de estos vientos en el alma, que la fuerza, el eclipse de
la luz de mi Voluntad. Donde está esta fuerza, este eclipse de luz divina, estos vientos vienen
impedidos de soplar, y la criatura vive bajo el influjo vital de una Voluntad Divina, de modo que
se ve en todos sus actos, pequeños y grandes, el sello del Fiat, así que su movimiento es: ‘Lo
quiere Dios, lo quiero yo, y si no lo quiere, tampoco lo quiero yo’. Además de esto mi Voluntad
mantiene el equilibrio perfecto en toda la Creación, mantiene el equilibrio del amor, de la bondad,
de la misericordia, de la fortaleza, de la potencia y hasta de la justicia, por eso cuando oyes de
flagelos y desgracias, no es otra cosa que efecto de mi Voluntad equilibrada, que por cuanto
ama a la criatura no está sujeta a desequilibrarse, de otra manera sería defectuosa y débil si
perdiera su equilibrio. Porque aquí está todo el orden y santidad de Ella: En su perfecto
equilibrio, siempre igual, sin cambiarse jamás.
(4) Ahora hija mía, primogénita de mi Querer, escucha una cosa bella sobre mi Fiat Supremo,
el alma que vive en Él y lo hace reinar para hacerle formar su reino, mi Voluntad, bilocándose,
transfiere en ella su perfecto equilibrio. Así que el alma se siente equilibrada en el amor, en la
bondad, en la misericordia, en la fuerza, potencia y justicia. Y como la Creación es vastísima,
donde mi Querer ejercita en cada una de las cosas su acto distinto de equilibrio, ahora el alma
poseyendo este su equilibrio, mi Voluntad la eleva, la engrandece tanto, de hacerle encontrar
en todos sus actos el equilibrio de la una y de la otra, la unifican y las vuelven inseparables; así
que la criatura se encuentra en el sol para hacer los actos equilibrados que mi Querer hace en
él, se encuentra en el mar, en el cielo, en la florecita que se abre para exhalar junto su perfume;
en el pajarillo que canta para alegrar toda la Creación con el equilibrio de la alegría; se encuentra
en el furor del viento, del agua, de las tempestades por el equilibrio de la justicia; en suma, mi
Voluntad no sabe estar sin esta criatura, son inseparables y hacen vida juntas. ¿Y te parece
poco que el alma pueda decir: ‘Yo estoy extendida en el cielo para conservarlo para bien de mis
hermanos, estoy en el sol para hacer germinar, para fecundar, dar luz y preparar el alimento a