hace mi Voluntad y vive en Ella, es un miembro que pertenece al cuerpo de la Creación, y por
eso posee la fuerza universal de todas las cosas creadas, ni siquiera excluida la de su Creador,
porque mi Voluntad circula en las venas de toda la Creación más que sangre en el cuerpo,
sangre pura, santa y vivificada de luz, que llega a espiritualizar el mismo cuerpo. El alma está
toda atenta a toda la Creación para hacer lo que Ella hace, para estar en comunicación con
todos sus actos, y toda la Creación está atenta al alma para recibir sus actos, porque este es el
oficio de este miembro en medio de ella, es tan bella su cancioncita que todos están atentos a
escucharla, por eso el vivir en mi Querer es la suerte más feliz e indescriptible, sus actos, su
punto de partida es siempre para el Cielo, su vida está en medio de las esferas”.
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20-41
Diciembre 25, 1926
Cómo el Niño Jesús se hizo ver apenas nacido a su Mamá. Luz que
exhalaba el Niño, que daba a todos el anuncio y saludo de su llegada
a la tierra. Diferencia entre la gruta y la prisión de la Pasión.
(1) Estaba con ansia esperando al niñito Jesús, y después de muchos suspiros finalmente ha
venido y arrojándose como pequeño niño en mis brazos me ha dicho:
(2) “Hija mía, ¿quieres ver cómo me vio mi inseparable Mamá cuando salí del seno materno?
Mírame y ve”.
(3) Yo lo he mirado y lo veía pequeño niño, de una inaudita belleza, atrayente; de toda su
pequeña Humanidad, de los ojos, de la boca, de las manos y pies salían rayos brillantísimos de
luz que no sólo lo envolvían a Él, sino que se alargaban tanto de poder herir cada corazón de
criatura, como para darles el primer saludo de su venida a la tierra, el primer toquido para llamar
a los corazones, para que le abrieran y pedirles un albergue en ellos, aquel llamado era dulce
pero penetrante, pero como era llamado de luz no hacía ruido, pero se hacía oír más fuerte que
cualquier rumor. Así que en aquella noche todos sentían una cosa insólita en sus corazones,
pero poquísimos fueron los que lo abrieron para darle un pequeño alojo. Y el tierno infante al
no sentirse correspondido en el saludo, ni abiertos los corazones ante sus repetidos llamados,
comenzó su llanto con los labios lívidos y temblorosos por el frío, sollozaba, gemía y suspiraba,
pero mientras la luz que salía de Él hacía todo esto con las criaturas, recibiendo los primeros
rechazos, con su Mamá Celestial, apenas salido de su seno, se arrojó en sus brazos maternos
para darle el primer abrazo, el primer beso, y como sus pequeños brazos no alcanzaban a
abrazarla toda, la luz que salía de sus manitas la rodeó toda, de modo que Madre e Hijo
quedaron investidos por la misma luz. ¡Oh! cómo la Mamá Reina correspondió al Hijo con su
abrazo y beso, de modo que quedaron tan estrechados juntos, que parecían fundidos el uno en
la otra. Con su amor recambió el primer rechazo recibido por Jesús por parte de los corazones
de las criaturas, y el amado y cariñoso niñito depositó en el corazón de su Mamá su primer acto
de nacer, sus gracias, su primer dolor, para hacer que lo que se veía en el Hijo se pudiese ver
en su Mamá.
(4) Después de esto el gracioso niñito ha venido en mis brazos y estrechándome fuerte, fuerte,
sentía que Él entraba en mí y yo en Él, y después me ha dicho:
(5) “Hija mía, te he querido abrazar como abracé a mi amada Mamá apenas nacido, a fin de
que también tú recibas mi primer acto de nacer y mi primer dolor, mis lágrimas, mis tiernos
gemidos, a fin de que te muevas a compasión de mi estado doloroso de mi nacimiento. Si no
tuviese a mi Mamá en la cual depositar todo el bien de mi nacimiento y fijar en Ella la luz de mi
Divinidad, que Yo, Verbo del Padre contenía, no habría encontrado ninguno, ni en dónde