(3) Estas preguntas de Jesús me tocaron a lo vivo y disgustada he dicho: “Jesús, ¿qué quieres
decir con esto? No, no, no he cambiado, ni amo ni conozco otro amor, y amo más bien morir
antes que no hacer tu Santísima Voluntad”. Y Jesús dulcemente ha agregado:
(4) “¿Así que no has cambiado? Y bien hija mía, si no has cambiado tú, que tienes una
naturaleza sujeta a cambiarse, ¿podría cambiar Yo que soy el irremovible? Tu Jesús no cambia,
está segura de eso, ni puede cambiarse”.
(5) Yo he quedado confundida y no supe qué decir, y Él todo bondad ha agregado:
(6) “¿Quieres ver cómo estaba en el seno de mi Mamá Soberana y lo que en él sufría?”
(7) Ahora, mientras esto decía se ha puesto dentro de mí, en medio de mi pecho, extendido,
en un estado de perfecta inmovilidad, sus piecitos y manitas estaban tan tiesos e inmóviles que
daban piedad, le faltaba el espacio para moverse, para abrir los ojos, para respirar libremente,
y lo que más desgarraba era verlo en acto de morir continuamente. Qué pena ver morir a mi
pequeño Jesús, yo me sentía puesta junto con Él en el mismo estado de inmovilidad. Entonces,
después de algún tiempo el niñito Jesús estrechándome a Sí me ha dicho:
(8) “Hija mía, mi estado en el seno materno fue dolorosísimo, mi pequeña Humanidad tenía el
uso perfecto de razón y de sabiduría infinita, por lo tanto desde el primer instante de mi
concepción comprendía todo mi estado doloroso, la oscuridad de la cárcel materna, no tenía ni
siquiera un hueco por donde entrara un poco de luz. ¡Qué larga noche de nueve meses! La
estrechez del lugar que me obligaba a una perfecta inmovilidad, siempre en silencio, no me era
dado gemir, ni sollozar para desahogar mi dolor, cuántas lágrimas no derramé en el sagrario del
seno de mi Mamá sin hacer el mínimo movimiento, y esto era nada, mi pequeña Humanidad
había tomado el empeño de morir tantas veces, para satisfacer a la Divina Justicia, por cuantas
veces las criaturas habían hecho morir la Voluntad Divina en ellas, haciendo la gran afrenta de
dar vida a la voluntad humana, haciendo morir en ellas una Voluntad Divina. ¡Oh! cómo me
costaron estas muertes; morir y vivir, vivir y morir, fue para Mí la pena más desgarradora y
continua, mucho más que mi Divinidad, si bien era Conmigo una sola cosa e inseparable de Mí,
al recibir de Mí estas satisfacciones se ponía en actitud de justicia, y si bien mi Humanidad era
santa y también era la lamparita delante al Sol inmenso de mi Divinidad, Yo sentía todo el peso
de las satisfacciones que debía dar a este Sol Divino y la pena de la decaída humanidad que en
Mí debía resurgir a costa de tantas muertes mías. Fue el rechazar la Voluntad Divina dando
vida a la propia lo que formó la ruina de la humanidad decaída, y Yo debía tener en estado de
muerte continua a mi Humanidad y voluntad humana, para hacer que la Voluntad Divina tuviera
vida continua en Mí para extender ahí su reino. Desde que fui concebido, Yo pensaba y me
ocupaba en extender el reino del Fiat Supremo en mi Humanidad, a costa de no dar vida a mi
voluntad humana, para hacer resurgir a la humanidad decaída, a fin de que fundado en Mí este
reino, preparase las gracias, las cosas necesarias, las penas, las satisfacciones que se
necesitaban para hacerlo conocer y fundarlo en medio de las criaturas. Por eso todo lo que tú
haces, lo que hago en ti para este reino, no es otra cosa que la continuación de lo que Yo hice
desde que fui concebido en el seno de mi Mamá. Por eso si quieres que desenvuelva en ti el
reino del Eterno Fiat, déjame libre y no des jamás vida a tu voluntad”.
(9) Después de esto seguía mis actos en el Eterno Querer y el dulce Jesús ha agregado:
(10) “Hija mía, mi Voluntad es el alma y toda la Creación es el cuerpo de Ella, y como el alma
es una en el cuerpo, una su voluntad, en cambio el cuerpo tiene tantos diversos sentidos, que
como tantas diferentes teclas, cada una hace su tonadita y ejercita cada miembro su oficio
distinto; pero hay tal orden y armonía entre ellos, que cuando un miembro ejercita su oficio,
todos los demás miembros están atentos al miembro obrante, y sufren juntos si ese miembro
sufre, y gozan si goza, porque una es la voluntad que los mueve, una es la fuerza que poseen.
Así es toda la Creación, es como cuerpo animado por mi Voluntad, y a pesar de que cada cosa
creada hace su oficio distinto, están tan unidas entre ellas, que son más que miembros al cuerpo;
y siendo sólo mi Voluntad la que las anima y domina, una es la fuerza que poseen. Ahora, quien
1291 sig