conducta, la Vida de su Padre, de Aquél que la ha creado. Así que tú eres una de mi familia, y
por cuanto más haces conocer mi Voluntad, tanto más te distingues delante al Cielo y a la tierra
que eres hija que nos perteneces. En cambio cuando no se tiene la misma finalidad, poco o
nada mora en el palacio real de nuestra Voluntad, va siempre girando, ahora a una habitación,
ahora a un vil tugurio, va siempre vagando en el exterior de las pasiones, haciendo actos
indignos de su familia, si trabaja es en campos extraños, si habla no resuena jamás sobre sus
labios el amor, la bondad, el ingenio, las grandes finalidades de su Padre, así que en toda su
conducta no se conoce de hecho que pertenece a su familia, ¿se puede llamar a éste, hijo de
su familia? Y si salió de esa familia, es hijo degenerado que ha roto todos los vínculos y las
relaciones que lo ataban a su familia. Por eso sólo quien hace mi Voluntad y vive en Ella puede
llamarse hijo mío, miembro de mi familia Divina y Celestial; todos los demás son hijos
degenerados y como extraños a nuestra familia. He aquí por qué cuando tú te ocupas de mi
Fiat Divino, si hablas, si giras en Él, nos pones en fiesta, porque sentimos que es una que nos
pertenece, sentimos que es nuestra hija que habla, que gira, que trabaja en el campo de nuestro
Querer, y a los hijos se les dejan las puertas abiertas, ninguna habitación se cierra para ellos,
porque lo que es del Padre es de los hijos, y en los hijos se pone la esperanza de una larga
generación del Padre, así Yo he puesto en ti la esperanza de la larga generación de los hijos de
mi Eterno Fiat”.
(5) Mi mente seguía pensando en la Voluntad Suprema y decía entre mí: “¿Pero cómo puede
ser que por mí sola, que este pequeño ser tan insignificante, que no soy buena para nada, que
no tengo ni dignidad, ni autoridad, ni superioridad, pueda imponerme, difundirme, hablar para
hacer conocer este Sol del Querer Divino y así poder formar los hijos de su generación?” Pero
mientras esto pensaba, mi dulce Jesús interrumpió mi pensamiento y saliendo de dentro de mi
interior me ha dicho:
(6) “Hija mía, es mi costumbre hacer mis obras más grandes primero al tú por tú con una sola
criatura, en efecto, una fue mi Mamá y con Ella sola desarrollé todo el obrar y el gran portento
de mi Encarnación, ninguno entró en nuestros secretos, ni penetraron en el sagrario de nuestras
habitaciones para ver lo que pasaba entre Yo y la Soberana Celestial, ni Ella ocupaba en el
mundo puesto de dignidad y de autoridad, porque Yo al elegir no veo jamás las dignidades ni
superioridades, sino que veo al pequeño individuo en el cual puedo mirar mi Voluntad, que es la
dignidad y la autoridad más grande, la alteza de la pequeña niña de Nazaret, y a pesar que no
tenía ni puesto, ni dignidad, ni superioridad en el bajo mundo, pero como poseía mi Voluntad,
de Ella pendía Cielo y tierra, en sus manos estaba la suerte del género humano, estaba la suerte
de toda mi gloria que debía recibir de toda la Creación; así que bastó que en mi elegida, en mi
única elegida fuese formado el misterio de la Encarnación para que los demás pudieran recibir
el bien de ésta. Una fue mi Humanidad y de ésta salió la generación de los redimidos. Por eso
basta formar en una todo el bien que se quiere, para poder hacer salir la generación de ese bien,
así como basta una semilla para poder multiplicar mil y mil veces la generación de aquella
semilla, por eso toda la potencia, la virtud, la habilidad que es necesaria a una virtud creadora,
está en formar la primera semilla, formada la primera es como levadura para formar la
generación de ellas. Así me basta un alma sola, que dándome libertad absoluta de encerrar en
ella todo el bien que quiero y de hacerme formar en ella el Sol del Fiat Supremo, este Sol lanzará
sus rayos sobre la superficie de la tierra y formará la generación de los hijos de mi Querer.
(7) Ahora tú debes saber que todas nuestras obras más grandes llevan en sí la imagen de la
unidad divina, y cuanto más bien están destinadas a hacer, tanto más bien encierran de esta
unidad suprema. Mira, también en la Creación existen estas semejanzas de la unidad divina,
que mientras son obras únicas, hacen más bien que el bien que hace la multiplicidad de todas
nuestras otras obras juntas; mira bajo la bóveda del cielo, uno es el sol, ¿pero cuántos bienes
no contiene? ¿Cuántos no hace a la tierra? Se puede decir que la vida de la tierra depende del
sol, mientras es uno abraza con su luz a todos y a todo, lleva todo en su regazo de luz y da a
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