espera en cada cosa creada para hacerte conocer las riquezas que hay en ellas, para hacerte
repetir junto con Ella sus actos divinos y darte el derecho de la posesión, tú misma te conviertes
en cosa suya, quedas perdida en sus inmensas riquezas y en sus mismos actos, y ¡oh! cómo
goza el Fiat Divino al hacerte propietaria de sus inmensas riquezas. Es tanto el deseo que tiene
de constituir sus herederas, que se siente doblemente feliz cuando ve a quien conoce sus
posesiones, que hace suyo su acto divino, que a pesar de que vio que el hombre con sustraerse
de su Voluntad perdió el camino para llegar a poseer estos sus dominios, no se detuvo, sino que
en el exceso de su amor y de su prolongado dolor al ver inactivas sus riquezas para el bien de
las criaturas, en cuanto el Verbo Eterno se vistió de carne humana se constituyó vida de cada
acto suyo para formar otros bienes para ellas, ayudas poderosas y remedios eficaces, más al
alcance de la humanidad caída, para realizar la finalidad de hacerles poseer lo que ha sido
puesto fuera en la Creación. No hay cosa que salga de Nosotros sin esta finalidad, que la
criatura y todo regresen en nuestro Querer, si esto no fuese nos volveríamos extraños a nuestras
obras. Así que la Creación, la Redención hija mía, la finalidad primaria, es que todo sea Voluntad
nuestra, en el Cielo y en la tierra; por eso Ella corre por doquier, por todas partes se encuentra
para hacer todo suyo y dar todo lo que a Ella pertenece. Por eso sé atenta en seguir nuestras
obras, apaga este deseo tan insistente de mi Supremo Querer, que quiere que haya quien posea
sus bienes”.
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20-39
Diciembre 22, 1926
Señales de que pertenecemos a la Familia Celestial. Dios acostumbra
hacer sus obras primero al tú por tú con una criatura; así hizo con su
Mamá. Cómo Jesús por cuanto más grande es una obra que hace,
tanto más pone en ella la imagen de la unidad Divina.
(1) Estaba pensando en el Fiat Supremo, y rogaba a mi dulce Jesús que me diera una gracia
tan grande, de hacerme cumplir en todo y por todo su Santísima Voluntad y de hacerla conocer
al mundo entero, a fin de que fuera reintegrado en la gloria que las criaturas le niegan. Ahora,
mientras esto y otras cosas pensaba, el dulce Jesús se ha movido en mi interior y me ha dicho:
(2) “Hija mía, ¿cuál es la finalidad por la que quieres que mi Voluntad sea cumplida en ti y sea
conocida por todos?”
(3) Y yo: “Lo quiero porque Tú lo quieres, lo quiero para que se establezca el orden divino y
tu reino sobre la tierra, lo quiero para que la familia humana no viva más como extraña a Ti, sino
que se vincule de nuevo a la Familia Divina de donde tuvo su origen”. Y Jesús suspirando ha
agregado:
(4) “Hija mía, tu finalidad y la mía es única. Cuando un hijo tiene la misma finalidad que el
padre, quiere lo que el padre quiere, no hace jamás morada en casa de otros, trabaja en los
campos de su padre, si se encuentra con personas habla de la bondad, del ingenio, de las
grandes finalidades de su padre. De este hijo se dice que ama, que es copia perfecta de su
padre, que se ve claramente por todos lados que pertenece a aquella familia, que es hijo digno
que lleva en sí con honor la generación de su padre. Estas son las señales si se pertenece a la
Familia Celestial: Tener mi misma finalidad, querer mi misma Voluntad, morar en Ella como en
casa propia, trabajar para hacerla conocer; si habla no sabe decir otra cosa que lo que se hace
y se quiere en nuestra Familia Celestial, esta criatura se conoce a claras notas y por todos lados
y con razón, con justicia y con derecho que es hija que nos pertenece, que es una de nuestra
familia, que no ha degenerado de su origen, que conserva en sí la imagen, los modos, la