criaturas, haciendo su voluntad, hacen un juego de la mía, y también cuantas veces dividen con
sus pasiones los vestidos de la inocencia. Todos los bienes son encerrados en el hombre en
virtud de esta vestidura real de la Divina Voluntad; puesta a juego ésta, él queda descubierto,
pierde todos los bienes, porque le falta la vestidura que los tenía encerrados en él. Así que a
los tantos males que hacen las criaturas con hacer su propia voluntad, agregan el mal irreparable
de jugarse la vestidura real de mi Voluntad, vestidura que no podrá ser sustituida por ninguna
otra”.
(3) Después de esto mi dulce Jesús me hacía ver que ponía mi pequeña alma dentro de un
sol, y con sus santas manos me tenía firme en aquella luz, la cual cubriéndome toda dentro y
fuera, yo no podía, ni sabía ver otra cosa que luz, y mi adorado Bien ha agregado:
(4) “Hija mía, al crear al hombre la Divinidad lo ponía en el Sol de la Divina Voluntad, y en él
a todas las criaturas, este Sol le servía de vestidura no sólo al alma, sino que sus rayos eran
tantos, que cubrían también el cuerpo, de modo que le servía más que vestidura, para volverlo
tan adornado y bello, que ni reyes ni emperadores han aparecido jamás tan adornados como
aparecía Adán con esta vestidura de luz fulgidísima. Se equivocan aquellos que dicen que Adán
antes de pecar estaba desnudo, falso, falso, si todas las cosas creadas por Nosotros están todas
adornadas y vestidas, él que era nuestro joyel, la finalidad por la cual todas las cosas fueron
creadas, ¿no debía tener la más bella vestidura y el más bello atavío entre todas? Por eso a él
le convenía la bella vestidura de la luz del Sol de nuestra Voluntad, y como poseía esta vestidura
de luz no tenía necesidad de vestidos materiales para cubrirse. En cuanto se sustrajo del Fiat
Divino, se retiró la luz del alma y del cuerpo y perdió su hermosa vestidura, y no viéndose más
circundado de luz se sintió desnudo, y avergonzándose al verse solamente él desnudo en medio
de todas las cosas creadas, sintió la necesidad de cubrirse y se sirvió de las cosas superfluas,
de las cosas creadas, para cubrir su desnudez. Tan es verdad esto, que después de mi sumo
dolor de ver divididas mis vestiduras y echada a suerte mi túnica, al resucitar mi Humanidad no
tomé otras vestiduras, sino que me vestí con la vestidura brillantísima del Sol de mi Querer
Supremo; era aquella misma vestidura que poseía Adán cuando fue creado, porque para abrir
el Cielo, mi Humanidad debía llevar la vestidura de la luz del Sol de mi Supremo Querer,
vestidura real, que dándome los distintivos de rey y el dominio en mis manos, abrí el Cielo a
todos los redimidos y presentándome ante mi Celestial Padre le ofrecí las vestiduras íntegras y
bellas de su Voluntad con las cuales estaba cubierta mi Humanidad, para hacerle reconocer a
todos los redimidos por hijos nuestros. Así que mi Voluntad, mientras es vida, es al mismo
tiempo la verdadera vestidura de la creación de la criatura y por esto tiene todos los derechos
sobre de ella, ¿pero cuánto no hacen ellas para huir de dentro de esta luz? Por eso tú sé firme
en este Sol del Eterno Fiat y Yo te ayudaré a mantenerte en esta luz”.
(5) Entonces yo al oír esto le he dicho: “Mi Jesús y mi Todo, ¿cómo es esto? si Adán en el
estado de inocencia no tenía necesidad de vestidos porque la luz de tu Voluntad era más que
vestido, sin embargo la Soberana Reina, que poseía íntegra tu Voluntad, Tú mismo que eras la
misma Voluntad, sin embargo ni la Mamá Celestial ni Tú llevabais los vestidos de luz, y los dos
os servíais de vestiduras materiales para cubriros, ¿cómo queda esto?” Y Jesús prosiguió
diciendo:
(6) “Hija mía, tanto Yo como mi Mamá vinimos a hermanarnos con las criaturas, vinimos a
levantar a la humanidad caída y por lo tanto a tomar sus miserias y humillaciones en las cuales
había caído para expiarlas a costa de la propia vida; si nos hubieran visto vestidos de luz, ¿quién
habría osado acercarse y tratar con Nosotros? Y en el curso de mi Pasión, ¿quién hubiera
osado tocarme? La luz del Sol de mi Querer los habría cegado y derribado por tierra, por lo
tanto debí hacer un milagro más grande escondiendo esta luz en el velo de mi Humanidad y
aparecer como uno de ellos, porque esta mi Humanidad representaba no a Adán inocente, sino
a Adán caído, y por lo tanto debía sujetarme a todos sus males, tomándolos sobre de Mí como
si fuesen míos para expiarlos delante de la Divina Justicia. En cambio cuando resucité de la