hasta su rostro adorable, no faltándole ni siquiera los salivazos que tanto lo habían ensuciado.
¡Oh! cómo habría querido desatarlo para liberarlo de aquella posición tan dolorosa y humillante.
Y mi prisionero Jesús todo afligido me ha dicho:
(4) “Hija mía, ¿sabes por qué permití ser puesto en la prisión en el curso de mi Pasión? Para
liberar al hombre de la prisión de la voluntad humana. Mira cómo es horrenda mi prisión, era un
pequeño lugar que servía para encerrar las inmundicias y excrementos de las criaturas, así que
la peste era intolerable, la oscuridad era densa, no me dejaron ni siquiera una pequeña
lamparita, mi posición era desgarradora, ensuciado de salivazos, con los cabellos revueltos,
adolorido en todos los miembros, atado, ni siquiera derecho sino encorvado, no me podía ayudar
en ningún modo, ni siquiera quitarme los cabellos de los ojos que me molestaban. Esta mi
prisión es la verdadera similitud de la prisión que forma la voluntad humana de las criaturas, la
peste que exhala es horrible, la oscuridad es densa, muchas veces no les queda ni siquiera la
pequeña lamparita de la razón, están siempre inquietas, trastornadas, ensuciadas por pasiones
viles. ¡Oh! cómo hay que llorar sobre esta prisión de la voluntad humana, cómo sentí a lo vivo
en esta prisión el mal que había hecho a las criaturas; fue tanto mi dolor que derramé amargas
lágrimas y pedí a mi Celestial Padre que liberase a las criaturas de esta prisión tan ignominiosa
y dolorosa. También tú pide junto Conmigo que las criaturas se liberen de su voluntad”.
+ + + +
20-33
Diciembre 6, 1926
Pacto entre Jesús y el alma. Cómo los actos sólo se pueden
decir perfectos cuando reina la Voluntad Divina.
(1) Esta mañana mi siempre amable Jesús parece que no me ha hecho esperar tanto su
venida, es más, se ha entretenido largamente conmigo, cosa que no hacía desde hace mucho
tiempo, porque ahora si viene es siempre muy breve su visita, no me da tiempo para poderle
decir nada, sólo Él dice lo que quiere decirme, o bien habla con la luz interminable de su Querer,
que habla tanto que Jesús queda eclipsado en esta luz y yo también y ambos nos perdemos de
vista, porque aquella luz es tan fuerte y deslumbrante que la pequeñez y debilidad de mi vista
no la puede sostener, y por lo tanto pierdo todo y aun a Jesús. Ahora, mientras se entretenía
conmigo eran tales y tantos sus desvaríos de amor, que el corazón le latía muy fuerte y apoyando
su pecho sobre el mío me hacía sentir sus latidos ardientes, y acercando sus labios a los míos
vertía en mí parte de aquel fuego que lo quemaba, era un líquido que mientras era fuego líquido,
era dulcísimo, pero de un dulce que no se sabe decir, pero en aquellos ríos que venían a mi
boca, que como fuentecitas salían de su boca, había algún río amargo que la ingratitud humana
mandaba hasta el corazón de mi dulce Jesús. Todo esto Jesús no lo había hecho desde hace
mucho tiempo, mientras que antes lo hacía casi todos los días. Ahora, después de haber
desahogado conmigo, después de haber vertido lo que tenía en su corazón santísimo, me ha
dicho:
(2) “Hija mía, debemos hacer un pacto mutuo: Que tú no debes hacer nada sin Mí, y Yo no
debo hacer nada sin ti”.
(3) Y yo: “Amor mío, es bello, me gusta este pacto, no hacer nada sin Ti, ¿y cuando Tú no
vienes cómo le hago? Así que debo estar inactiva y sin hacer nada, y después Tú pones tu
Voluntad en mí y yo no sé querer sino lo que quieres Tú, por lo tanto Tú vencerás siempre y
harás lo que quieras y sin mí”. Y Jesús todo bondad ha continuado diciendo:
(4) “Hija mía, cuando no vengo no debes estar sin hacer nada, no, no, debes continuar
haciendo lo que hemos hecho juntos, lo que te he dicho que quiero que tú hagas, esto no es