esperas hasta que no puedo más, cómo se ve claro que no me quieres como antes, sin embargo
me decías que me amarías cada vez más y que jamás habrías estado sin mí, y ahora me dejas
a veces hasta por un día entero en poder del dolor y bajo el peso de tu privación, abandonada
y toda sola”. Y Jesús interrumpiendo mi hablar me ha dicho:
(2) “Hija mía, ánimo, no te abatas, Yo no te dejo, tan es verdad, que es siempre de dentro de
tu interior que salgo para entretenerme contigo, y si tú no siempre me ves, lo hago para darte el
campo para seguir aquel acto único de mi Voluntad que contiene todos los actos juntos; no ves
tú que la luz de mi Supremo Querer te corre dentro del corazón, de la boca, de los ojos, de las
manos, de los pies, de todo tu ser, y eclipsándome en ti tú no siempre me ves, porque Él siendo
interminable, lo que no es mi misma Humanidad, tiene la fuerza de eclipsarme y Yo gozo de
este eclipse de mi Supremo Querer, y desde dentro de ti misma veo tu vuelo, tus actos en el Fiat
Divino. Si Yo me hiciera ver siempre, tú para entretenerte Conmigo y gozar de mi dulce y amable
presencia te ocuparías de mi Humanidad, desahogarías tu amor Conmigo, como Yo contigo y
no tendrías corazón de dejarme para seguir el vuelo de mi Voluntad en la Creación y en los
mismos actos que hizo mi Humanidad en la Redención, por eso para hacerte cumplir la misión
a ti confiada, para hacerte más libre, Yo estoy en ti como escondido para seguir tus mismos
actos en el Eterno Fiat. ¿No recuerdas que esto fue dicho a mis mismos apóstoles, que era
necesario que se separaran de mi Humanidad, que mucho amaban y que no sabían estar sin
Ella? Tan es verdad, que mientras viví en la tierra no se alejaron de Mí para ir por todo el mundo
a predicar el evangelio y a hacer conocer mi venida a la tierra, sino que después de mi partida
al Cielo, investidos por el Espíritu Divino, tuvieron esta fuerza de dejar sus lugares para hacer
conocer los bienes de la Redención y de poner aun la vida por amor mío. Así que mi Humanidad
habría sido un estorbo a la misión de mis apóstoles. No digo que esto sea necesario contigo,
porque entre tú y Yo no hay este estorbo, porque el impedimento sucede cuando dos seres son
separables, pero cuando dos seres se han compenetrado tanto que uno vive en el otro, el
impedimento termina, porque a donde va el uno se encuentra junto el otro, por lo tanto estando
juntos no son necesarios esfuerzos para ir a donde se quiere, porque la persona amada está
dentro de ella para seguirla a todas partes; digo sólo que es necesario frecuentemente el eclipse
por la fuerte luz de mi Voluntad, que dominándote a ti y a mi misma Humanidad en ti, nos eclipsa
y nos hace seguir sus actos. Esto no dice que no te amo más que antes y que Yo sé estar sin
ti, todo lo contrario, mi Voluntad te da el amor eterno y completo de tu Jesús, y haciéndose muro
a mi alrededor con su luz, no permite que ni siquiera un instante pueda alejarme de ti. ¿Sabes
tú quién pone la distancia entre Dios y el alma? ¡La voluntad humana! Cada acto de ella es un
paso de distancia entre el Creador y la criatura, cuanto más obra la voluntad humana, tanto más
se aleja de Aquél que la ha creado, lo pierde de vista, desciende de su origen, rompe todo
vínculo con la familia celestial. Supón un rayo de sol que se pudiera separar del centro de su
esfera, conforme se aleja del sol así siente perder la luz, y si se aleja tanto de perder del todo la
vista del sol, este rayo pierde toda la luz y se convierte en tinieblas; este rayo convertido en
tinieblas siente en sí un movimiento, una vida, pero no es ya capaz de dar luz, porque no la
posee, así que su movimiento, su vida, sólo es capaz de expandir densas tinieblas. Tales son
las criaturas, rayos de luz salidos de la esfera del sol de la Divinidad, conforme se alejan de mi
Voluntad se vacían de luz, porque a Ella era dado conservar la luz en estos rayos y por eso se
convierten en tinieblas. ¡Oh, si todos conocieran qué significa no hacer mi Voluntad, cómo
estarían atentos a no hacer entrar en ellos el veneno de la voluntad humana, destructor de todo
bien!”
(3) Después de esto estaba siguiendo a mi apasionado Jesús en su dolorosa prisión, que
estando atado a una columna, por el modo tan bárbaro como lo habían atado no podía estar
firme, apoyado en la columna, sino que estaba suspendido, con las piernas dobladas atadas a
ella y por tanto se tambaleaba ahora a la derecha, ahora a la izquierda. Y yo abrazándome a
sus rodillas para hacerlo estar firme y reordenándole los cabellos todos revueltos que le cubrían