(8) “Hija mía, todas las cosas tienen un movimiento continuo, porque habiendo salido de un
Ente Supremo que contiene un movimiento lleno de vida, venía por consecuencia que todas las
cosas salidas de Dios debían contener un movimiento vital que nunca cesa, y si cesa significa
que cesa la vida. Mira, tú misma tienes un murmullo, un movimiento continuo en tu interior; más
bien la Divinidad al crear a la criatura le daba la semejanza de las Tres Divinas Personas, ponía
en ella tres movimientos que debían murmurar continuamente para unirse a aquel movimiento
continuo y murmullo de amor de su Creador, y éstos son: El movimiento del latido del corazón
que jamás cesa, la circulación de la sangre que siempre gira sin jamás detenerse, la respiración
que jamás se detiene, esto en el cuerpo, y en el alma hay otros tres movimientos que murmuran
continuamente: La inteligencia, la memoria y la voluntad. Por eso el todo está en que tu
movimiento esté atado al movimiento de tu Creador para murmurar junto con su movimiento
eterno, así seguirás a mi Voluntad en su movimiento que jamás se detiene, en sus actos que
jamás cesan y harás regresar tu movimiento al seno de tu Creador, que con tanto amor espera
el regreso de sus obras, de su Amor y de su murmullo. La Divinidad al crear las criaturas hace
como un padre que manda a sus hijos, para su bien, uno a un país, otro a otras tierras, quién
para hacerlo navegar el mar y quién a un punto cercano y quién a uno lejano, dando a cada uno
un trabajo que hacer, pero mientras los manda espera con ansia su retorno, está siempre
vigilando para ver si vienen, si habla, habla de los hijos; si ama, su amor corre a los hijos, sus
pensamientos vuelan a los hijos; pobre padre, se siente en la cruz porque ha mandado a sus
hijos lejos de él y suspira más que la propia vida su regreso, y si, jamás sea, no los ve regresar
a todos o en parte, él está inconsolable, llora y emite gemidos y gritos de dolor hasta arrancar
lágrimas aun a los más duros, y sólo se contenta cuando los ve regresar a todos a su regazo
paterno para estrecharlos a su seno que arde de amor por sus hijos. ¡Oh! cómo nuestro Padre
Celestial más que padre suspira, arde, delira por sus hijos, porque habiéndolos parido de su
seno espera su regreso para gozárselos en sus brazos amorosos. Y es propiamente esto el
Reino del Fiat Supremo, el regreso de nuestros hijos a nuestros brazos paternos, y por eso lo
suspiramos tanto”.
(9) Después de esto me sentía toda inmersa en la adorable Voluntad de Dios, y pensaba entre
mí en el gran bien si todos conocieran y cumplieran este Fiat tan santo y el gran contento que
darían a nuestro Padre Celestial, y mi dulce Jesús volviendo a hablar ha agregado:
(10) “Hija mía, Nosotros al crear a la criatura, conforme con nuestras manos creadoras la
íbamos formando, así nos sentíamos salir de nuestro seno una alegría, un contento, porque
debía servir para mantener nuestro entretenimiento sobre la faz de la tierra y nuestra fiesta
continua, por eso conforme formábamos los pies, así pensábamos que debían servir a nuestros
besos, porque debían encerrar nuestros pasos y debían ser medio de encuentro para
entretenernos juntos; conforme formábamos las manos, así pensábamos que debían servir a
nuestros besos y abrazos, porque debíamos ver en ellas las repetidoras de nuestras obras;
conforme formábamos la boca, el corazón, que debían servir al eco de nuestra palabra y de
nuestro amor, y conforme con nuestro aliento le infundimos la vida, viendo que esa vida había
salido de Nosotros, que era vida toda nuestra, lo estrechamos a nuestro seno besándolo como
confirmación de nuestra obra y de nuestro amor, y para hacer que se mantuviese íntegro en
nuestros pasos, en nuestras obras, en el eco de nuestra palabra y amor y de la vida de nuestra
imagen impresa en él, le dimos como herencia nuestro Divino Querer, a fin de que lo conservase
tal como lo habíamos sacado para poder continuar nuestros entretenimientos, nuestros besos
afectuosos, nuestras dulces conversaciones con la obra de nuestras manos. Cuando vemos en
la criatura nuestra Voluntad, Nosotros vemos en ella nuestros pasos, nuestras obras, nuestro
Amor, nuestras palabras, nuestra memoria e inteligencia, porque sabemos que nuestra Suprema
Voluntad nada dejará entrar que no sea nuestro, y por eso como cosa nuestra todo le damos,
besos, caricias, favores, amor, ternura más que paterna, no toleramos estar con ella ni siquiera
a un paso de distancia, porque aun las más pequeñas distancias no dejan formar