20-26
Noviembre 19, 1926
Cómo la Divina Voluntad está agonizante en medio de
las criaturas, y cómo quiere salir de este estado.
(1) Mi siempre amable Jesús, atrayéndome en su adorable Voluntad, me hacía ver y sentir
las condiciones dolorosas en las cuales la ponen las ingratitudes de las criaturas, y suspirando
de dolor me ha dicho:
(2) “Hija mía, las penas de mi Voluntad Divina son inenarrables e inconcebibles a la naturaleza
humana. Ella está en todas las criaturas, pero está bajo la opresión de una tremenda y
desgarradora agonía, porque en vez de darle el dominio para hacerla desarrollar su vida en
ellas, la tienen reprimida sin darle libertad de obrar, de respirar, de latir. Así que la voluntad
humana obra, respira libremente, late como quiere, y la mía está sólo para servirla, para
contribuir a sus actos y estar dentro de esos actos agonizante, sofocada bajo el estertor de una
agonía de largos siglos. Mi Voluntad se agita en la criatura bajo la opresión de una agonía
desgarradora, y su agitarse son los remordimientos de conciencia, las desilusiones, los reveses,
las cruces, el cansancio de la vida y todo lo que puede dar molestia a las pobres criaturas,
porque es justo que teniendo ellas a una Voluntad Divina en la cruz y siempre bajo el estertor
de la agonía, Ella con su agitarse las llame, no pudiendo hacer diversamente porque no tiene
dominio, quién sabe si entrando en ellas mismas, al ver la infelicidad que les da su mala voluntad,
puedan darle un poco de respiro y de tregua a su dolorosa agonía. Es tan dolorosa esta agonía
de mi Voluntad, que mi Humanidad, que la quiso sufrir en el huerto de Getsemaní, llegó a buscar
ayuda de mis mismos apóstoles, la que no obtuvo, y fue tanto el espasmo que sudé sangre viva
y sintiéndome sucumbir bajo el peso enorme de una agonía tan larga y tremenda de mi Voluntad
Divina, invoqué a mi Padre Celestial que me ayudara diciéndole: ‘Padre, si es posible pase de
mí este cáliz’. En todas las otras penas de mi Pasión, por cuán atroces, no dije nunca: ‘Si es
posible pase esta pena’; más bien sobre la cruz grité ‘sitio’, tengo sed de penas. En cambio, en
esta pena de la agonía de la Voluntad Suprema sentí todo el peso de una agonía tan larga, todo
el desgarro de una Voluntad Divina que agoniza, que se agita en las generaciones humanas.
¡Qué dolor! No hay dolor que pueda igualarlo. Ahora el Fiat Supremo quiere salir, está cansado
y a cualquier costo quiere salir de esta agonía tan prolongada, y si tú oyes de flagelos, de
ciudades derrumbadas, destrucciones, no son otra cosa que las fuertes sacudidas de su agonía,
porque no pudiendo más, quiere hacer sentir a la familia humana su estado doloroso y cuán
fuertemente se agita en ellas sin que ninguno le tenga compasión, y haciendo violencia, con su
agitación quiere hacer sentir que existe en ellas, pero que no quiere estar más en agonía, quiere
la libertad, el dominio, quiere desarrollar su Vida en ellas. ¡Qué desorden hija mía en la sociedad
porque no reina mi Voluntad! Sus almas son como habitaciones sin orden, todo de cabeza, la
peste es tan horrible, más que cadáver putrefacto, y mi Voluntad con su inmensidad que no le
es dado retirarse ni siquiera de un latido de criatura, agoniza en medio a tantos males, y esto es
en el orden general de todos; en el orden particular hay más aún, en los religiosos, en los
clérigos, en quien se dice católico, mi Voluntad no sólo agoniza, sino que la tienen en estado de
letargo, como si no tuviera vida. ¡Oh! cómo es más duro, porque en la agonía al menos me
agito, tengo un desahogo, hago sentir que existo en ellos, aunque agonizante, pero en el estado
de letargo está la total inmovilidad, el estado de muerte continuado y por eso se ven sólo las
apariencias, los vestidos de vida religiosa, porque a mi Voluntad la tienen en letargo, y como la
tienen en letargo su interior está adormecido, como si la luz, el bien no fuera para ellos y si
alguna cosa hacen al exterior, está vacía de Vida Divina y se resuelve en humo de vanagloria,
de estima propia y de agradar a las otras criaturas, y mi Supremo Querer mientras está dentro
queda fuera de su obrar. Hija mía, qué afrenta, cómo quisiera hacer sentir a todos mi tremenda