precipitándome en lo bajo de mi largo exilio”. Pero mientras esto pensaba, mi dulce Jesús se
ha movido en mi interior y me ha dicho:
(4) “Hija mía, quien vive en mi Voluntad vive en la unidad de su Creador, que tiene todo en Sí,
tiene en su unidad a toda la Creación y así como tiene la Creación así tiene en su unidad al alma
que vive en el Eterno Fiat, y esta unidad le lleva todos los reflejos de su Creador y su unidad
con toda la Creación, de modo que se ve en el alma la imagen viviente de Aquél que la ha
creado, que manteniendo su unidad con todos, la tiene a los reflejos de todas las cosas creadas
por Él, y estos reflejos forman en el fondo del alma el mar, el sol, el cielo y las estrellas y todas
las variedades encantadoras de la naturaleza, así que el alma que vive en mi Voluntad, puesta
en el azul cielo formaría el más bello ornamento a esa bóveda azul, de hacer maravillar cielo y
tierra, tendría todo en sí a su Creador, un cielo, un sol, un mar todo propio, no le faltaría ni
siquiera la tierra toda florida, el canto dulce de los pájaros, portador de la alegría y de la música
armoniosa de su Creador, porque cada cosa creada contiene una nota divina. Por eso en vez
de precipitarte desearían tenerte en medio de ellas, porque entre los tantos prodigios que tiene
mi Querer, tiene la potencia de pintar en el alma todas nuestras obras y de concentrar en ella
todos sus actos, no está contento si no ve en el alma su belleza, si no encuentra su eco, su
alegría y todo Sí mismo”.
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20-23
Noviembre 10, 1926
Quien vive en el Querer Divino encierra en sí toda la Creación
y es el reflector de su Creador. Dos efectos del pecado.
(1) Mis días se alternan siempre entre las privaciones y las breves visitas de mi dulce Jesús,
y muchas veces son como relámpago que huye, y mientras huye quedo con el clavo traspasante
de, ¿cuándo regresará? Y suspirando lo llamo: “Jesús mío, ven, regresa a tu pequeña exiliada
y regresa de una vez para siempre, regresa para llevarme al Cielo, no me dejes más en mi largo
exilio porque no puedo más”. Pero por cuanto lo llamaba, en vano eran mis llamadas. Entonces,
abandonándome en el Santo Querer Divino hacía por cuanto más podía mis acostumbrados
actos, girando por toda la Creación, y mi dulce Jesús moviéndose a compasión de mi pobre
alma, que no podía más, ha sacado un brazo de dentro de mi interior y todo piedad me ha dicho:
(2) “Hija mía, ánimo, no te detengas, tu vuelo en mi Eterno Querer sea continuo. Tú debes
saber que mi Voluntad en todas las cosas creadas hace su oficio continuo, y en cada cosa su
acto es distinto, no hace en el cielo lo que hace en el sol, ni en el sol lo que hace en el mar, mi
Voluntad tiene en cada cosa su acto especial, y si bien mi Voluntad es una, sus actos son
innumerables. Ahora, el alma que vive en Ella viene a encerrar en sí todos los actos que hace
en toda la Creación, así que debe hacer lo que Ella hace en el cielo, en el sol, en el mar, etc.,
todo debe encerrar en ella para hacer que el alma siga todos sus actos, y no sólo eso, sino para
tener el acto de correspondencia de la criatura. Entonces, si tu acto no es continuo mi Voluntad
no te espera, sigue su curso, pero en ti deja el vacío de sus actos, y entre tú y Ella queda una
cierta distancia y desemejanza.
(3) Ahora, tú debes saber el gran bien que encierras con encerrar en ti todo lo que hace mi
Voluntad en la Creación, mientras tú sigues sus actos recibes el reflejo del cielo y se forma y se
extiende en ti el cielo, recibes el reflejo del sol y se forma en ti el sol, recibes el reflejo del mar y
se forma en ti el mar, recibes el reflejo del viento, de la flor, de toda la naturaleza, en suma de
todo y, ¡oh! cómo se eleva desde el fondo de tu alma el cielo que protege, el sol que ilumina,
calienta y fecunda, el mar que inunda y que forma las olas de amor, de misericordia, de gracia
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