tersísimo en el cual nos reflejábamos para ver a nuestra hija, se veía tierra primaveral, siempre
florida, que atraía al Celestial Artífice a hacer sus paseos. ¡Oh! cómo era bella la Soberana
Celestial, al ver en Ella no sólo nuestra copia, sino todas nuestras obras encerradas en Ella, y
esto porque encerraba en Ella nuestra Voluntad. Ahora, para venir el Reino del Fiat Supremo
se necesitaba otra hija de nuestra Voluntad, porque si no fuera hija suya no podría confiarle ni
sus secretos, ni sus dolores, ni sus conocimientos, ni sus prodigios, ni su santidad, ni sus
dominios. Como un padre o una madre gozan con dar a conocer sus bienes a sus hijos y
hacérselos poseer, más bien quisieran tener más para hacerlos más ricos y felices, así también
mi Voluntad goza con hacer conocer sus bienes a sus hijos para hacerlos ricos y felices, de una
felicidad sin fin. Ahora, en el Reino del Fiat Supremo tendremos las copias de la Soberana
Reina, así que también Ella suspira, espera este Reino Divino sobre la tierra para tener sus
copias. Qué bello Reino, porque será Reino de luz, de riquezas infinitas, reino de perfecta
santidad y de dominio, nuestros hijos de este Reino serán todos reyes y reinas, todos
pertenecerán a la familia Divina y real, encerrarán en ellos toda la Creación, tendrán la
semejanza, la fisonomía de nuestro Padre Celestial, y por eso serán el cumplimiento de nuestra
gloria y la corona de nuestra cabeza”.
(3) Entonces me he quedado pensando en lo que Jesús me había dicho y decía entre mí: “Mi
Mamá, antes que conociera que debía ser Madre del Verbo no tenía penas ni dolores, mucho
más que viviendo en los confines del Querer Supremo era feliz, por eso a los tantos mares que
poseía, le faltaba el mar de las penas, no obstante sin este mar del dolor impetró el suspirado
Redentor”. Y Jesús retomando su decir ha agregado:
(4) “Hija mía, mi amada Mamá aun antes que conociera que debía ser mi Madre, tenía su mar
de dolor, y este mar era la pena de las ofensas a su Creador, ¡oh! cómo se dolía y además, esta
pena suya era animada por una Voluntad Divina que poseía, que contiene la virtud de la fuente,
y todo lo que se hace en Ella tiene virtud de cambiar las más pequeñas cosas, las gotas de
agua, en un mar interminable. Mi Voluntad no sabe hacer cosas pequeñas, sino todas grandes,
tan es verdad que sólo bastó abrir la boca para decir Fiat, para extender un cielo del que no se
ven los confines, un Fiat para formar un sol que llena de luz toda la tierra y tantas otras cosas;
esto dice claramente que si mi Voluntad obra o inviste un átomo, un pequeño acto, aquel
pequeño acto se vuelve mar, y si desciende a hacer las cosas pequeñas, suple con su virtud
regeneradora haciendo de ellas tantas en número, que el hombre no puede llegar a numerarlas
todas. ¿Quién puede llegar a numerar cuántos peces y cuántas especies hay en el mar?
¿Cuántos pájaros y cuántas plantas llenan la tierra? Por tanto el pequeño te amo en mi Voluntad
se vuelve mar de amor, la pequeña oración se cambia en mar de oración, el te adoro en mar de
adoración, las pequeñas penas en mar de penas, y si el alma repite en mi Querer su te amo, su
adoración, oración, y sufre en Él, mi Querer surge, forma las olas altísimas de amor, de
oraciones y de penas, las cuales van a descargar en el mar interminable del Eterno, de manera
de poner en común el amor de Dios y el de la criatura, porque una es la Voluntad del uno y de
la otra. Por eso quien se hace dominar por mi Voluntad posee tantos mares por cuantos actos
hace en Ella, y mientras hace poco tiene mucho, tiene un Querer Divino que se deleita de hacer
del pequeño acto de la criatura un mar, y sólo con estos mares puede impetrar el suspirado
Reino del Fiat Divino, por eso se necesitaba a nuestra recién nacida, a la pequeña hija de mi
Querer, que convirtiendo sus pequeñas penas, su te amo y todo lo que hace en mares que se
comunican con el mar del Eterno, puede tener ascendencia para pedir el reino de mi Voluntad”.
(5) Después de esto pensaba entre mí: “Mi dulce Jesús cuando habla de su Querer toca
siempre, en gran parte la Creación, ¿por qué será?” Y Jesús moviéndose de nuevo me ha dicho:
(6) “Hija mía, quien debe vivir en el Reino del Fiat Supremo debe tener por su principio, su
origen y todo lo que ha hecho mi Voluntad por amor suyo, y que está haciendo, porque no se
ama mi Voluntad si no se conoce. Ahora, la Creación es la Vida hablante de mi Voluntad, en
todas las cosas creadas Ella está escondida como una noble Reina, que para salir quiere ser