insistentemente el reino del Fiat Supremo. Mamá, Reina mía, debo servirme de tu misma vía,
de tus mismos mares de amor y de gracias para vencerlo y hacerle ceder su reino sobre la tierra,
como lo venciste Tú para hacer descender al Verbo Eterno. ¿No quieres Tú ayudar a tu pequeña
hija, dándome tus mares para que pueda obtener que pronto venga el reino del Fiat Supremo
sobre la tierra?” Ahora, mientras esto hacía y decía, pensaba entre mí: “Mi Mamá Celestial no
se ocupó, ni tuvo tanto interés del Reino del Fiat Supremo, que pronto viniera a reinar a la tierra,
tuvo interés del suspirado Redentor y lo obtuvo, y del Fiat Divino que era más necesario y que
debía poner el perfecto orden entre Creador y criatura no se ocupó, mientras que le tocaba a
Ella, como Reina y Madre el poner en paz a la voluntad humana y a la Divina, a fin de que reinara
con su pleno triunfo”. Mientras estaba en esto, mi siempre amable Jesús ha salido de dentro de
mi interior y me ha dicho todo bondad:
(4) “Hija mía, la misión de mi inseparable Mamá era para el suspirado Redentor y la cumplió
perfectamente; pero tú debes saber que todo lo que hicimos, tanto Yo como Ella, la sustancia,
la fuente, la causa primaria era el Reino de mi Voluntad. Pero como para que viniera este Reino
era necesario primero la Redención, mientras en nuestros actos, hacia adentro estaba el Reino
del Fiat, hacia afuera de ellos estábamos todos atentos y ocupados en el Reino de la Redención.
En cambio tu misión es exclusivamente para el Reino del Supremo Querer, y todo lo que hicimos
la Soberana Reina y Yo está a tu disposición para ayudarte, para suplirte, para darte acceso
junto a la Divina Majestad para implorar y pedirle incesantemente que venga el Reino del Eterno
Fiat. Tú para recibir el bien del suspirado Redentor deberías haber hecho tu parte, pero no
estando tú en aquel tiempo mi Mamá te suplió, ahora tú debes suplirla en su parte para el Reino
de mi Querer; así que la Mamá suplió a la hija y la hija suple a la Mamá. Mucho más que la
Reina del Cielo fue la primera hija de mi Voluntad, y como vivió siempre en nuestros confines,
se formó sus mares de amor, de gracias, de adoración, de luz. Ahora, siendo tú la segunda hija
de mi Querer, lo que es suyo es tuyo, porque tu Mamá te tiene como parto suyo y goza de que
su hija esté en sus mismos mares para hacerles implorar el tan suspirado Reino del Fiat Divino
sobre la tierra. Así que mira cómo tan ampliamente te suple tu Mamá, dándote todo lo que es
suyo, más bien se siente honrada de que sus inmensos mares te sirvan para hacerte conseguir
un Reino tan santo”.
(5) Después de esto estaba siguiendo en el Querer Divino lo que Jesús hizo en la Redención,
y mi dulce Jesús regresando ha agregado:
(6) “Hija mía, mi Redención vino como remedio del hombre y por eso sirve como remedio,
como medicina, como alimento a los enfermos, a los ciegos, a los mudos, a todas las especies
de enfermedades, y como están enfermos no toman gusto ni reciben toda la fuerza que
contienen todos los remedios que vine a traerles para su bien; el Sacramento Eucarístico que lo
dejé como alimento para darles perfecta salud, muchos lo comen y comen y se ven siempre
enfermos. Pobre alimento de mi misma Vida escondida bajo los velos de los accidentes del pan,
cuántos paladares corruptos, cuántos estómagos indigestos que les impide sentir gusto de mi
alimento y no digieren toda la fuerza de mi Vida Sacramental, y por eso quedan enfermos, y
como son miembros con calentura en el mal, lo toman sin apetito. Por eso suspiro tanto que
venga el Reino del Fiat Supremo, porque entonces todo lo que Yo hice cuando vine a la tierra
servirá como alimento a aquellos que gozarán perfecta salud. ¿Cuál no es la diferencia entre
un enfermo que toma el mismo alimento y otra persona que goza de perfecta salud? El enfermo
lo toma sin apetito, sin gusto, y le sirve para mantenerse y para no morir; el sano lo toma con
apetito, y conforme lo gusta toma de más y se conserva fuerte y sano. Así que, ¿cuál no será
mi contento al ver que en el Reino de mi Querer todo lo que Yo hice servirá no más como
alimento a los enfermos, sino como alimento a los hijos de mi Reino, que estarán todos llenos
de vigor y de perfecta salud? Más bien con poseer mi Voluntad, poseerán mi Vida permanente
en ellos mismos, como la poseen los bienaventurados en el Cielo, así que mi Voluntad será el
velo que esconderá mi Vida en ellos, y así como los bienaventurados mientras me poseen dentro