que nuestra obra está cumplida. He aquí por esto, que por honor y gloria de la misma obra de
la Redención, debía tener como acto primero la finalidad del Reino de mi Voluntad”.
(3) Después de esto estaba comenzando mi giro en la Divina Voluntad y poniéndome en el
Edén terrenal, donde Adán había hecho el primer acto de sustracción de su voluntad a la Divina,
decía a mi dulce Jesús: “Amor mío, quiero aniquilar mi querer en el tuyo, para que jamás tenga
vida, para hacer que en todo y por siempre tenga vida la tuya, para reparar el primer acto que
hizo Adán, para volver a dar toda aquella gloria a tu Supremo Querer como si Adán no se hubiera
sustraído de Él. ¡Oh! cómo quisiera volver a darle el honor perdido por él porque hizo su voluntad
y rechazó la tuya, y este acto intento hacerlo por cuantas veces todas las criaturas han hecho
su voluntad, causa de todos sus males y han rechazado la tuya, principio y fuente de todos los
bienes, por eso te ruego que venga pronto el Reino del Fiat Supremo, a fin de que todos, desde
Adán hasta todas las criaturas que han hecho su voluntad, reciban el honor, la gloria perdida y
tu Querer reciba el triunfo, la gloria y su cumplimiento”. Ahora, mientras esto decía, mi Sumo
Bien Jesús se ha conmovido todo y enternecido, y haciéndome presente a mi primer padre Adán,
ha hecho que él me dijera con un énfasis de amor todo especial:
(4) “Hija bendita, finalmente mi Señor Dios después de tantos siglos, ha hecho salir a la luz
del día a aquella que debía pensar en volverme a dar el honor y la gloria que perdí con hacer
desdichadamente mi voluntad. Cómo me siento duplicada mi felicidad, hasta ahora ninguno ha
pensado en volver a darme este honor que perdí, por eso agradezco vivamente a Dios que te
ha hecho salir a la luz, y te agradezco a ti, como hija a mí muy amada, que hayas tomado el
empeño de volver a dar a Dios la gloria como si jamás su Voluntad hubiese sido ofendida por
mí, y a mí el gran honor de que el Reino del Fiat Supremo sea restablecido en medio de las
generaciones humanas. Es justo que te ceda el lugar que a mí me tocaba, como primera criatura
salida de las manos de nuestro Creador”.
(5) Después de esto mi amable Jesús estrechándome a Él me ha dicho:
(6) “Hija mía, no sólo Adán, sino todo el Cielo esperan tus actos en mi Querer, a fin de que
reciban el honor que les ha quitado su querer humano; tú debes saber que he puesto más gracia
en ti que no puse en Adán, para hacer que mi Querer te poseyera y con triunfo te dominara, y el
tuyo se sintiese honrado de no tener jamás vida y cediera el puesto a mi Voluntad. En él no
puse mi Humanidad como ayuda y fuerza suya y como cortejo de mi Voluntad, porque no la
tenía entonces, en ti la he puesto para suministrarte todas las ayudas que se necesitan para
hacer que la tuya esté en su puesto y la mía pueda reinar, y junto contigo seguir tus giros en mi
Eterno Querer para establecer su Reino”.
(7) Yo al oír esto, como sorprendida he dicho: “Jesús mío, ¿qué dices? Me parece que
quieres tentarme y burlarte de mí. ¿Será posible que has puesto más gracia en mí que en
Adán?”
(8) Y Jesús: “Cierto, cierto hija mía, debía hacer de modo que tu voluntad fuera sostenida por
una Humanidad Divina para hacer que no vacilara y estuviera firme en mi Voluntad, por eso no
me burlo, sino que te lo digo a fin de que me correspondas y seas atenta”.
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