todas las obras de mi Redención, todas ellas son una familia celestial, su origen es la nobleza
divina, todas tienen por divisa, por dominio y por vida la Voluntad de su Padre Celestial, y por
eso se mantienen todas en su nobleza, bellas, decorosas, puras, de una belleza encantadora,
dignas de aquella Voluntad que las posee. A tanta gloria y honor de esta familia celestial, le ha
tocado la desventura de que un solo miembro, cual es el hombre, que ha salido del mismo Padre
de ellas, se ha degradado, y en medio a su tanta gloria y belleza está siempre sucio, hace
acciones de tonto, indignas y viles; pero no pueden negar que les pertenece, pero no lo quieren
en medio de ellos tan sucio y tonto, por eso, como cansadas, todas ruegan que venga el Reino
de mi Voluntad en medio a las criaturas, a fin de que en esta familia una sea la nobleza, el honor
y la gloria. Y al ver a la pequeña hija de mi Voluntad que va en medio de ellas, y animándolas
pide y hace pedir a todas que el Reino del Fiat Supremo venga en medio de las criaturas, se
sienten todas felices porque su dolor está pronto a terminar”.
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20-16
Octubre 26, 1926
En todos los actos que hizo Jesús, su finalidad
era el reino del Fiat Divino. Adán se siente
volver a dar el honor perdido por él.
(1) Continuaba uniéndome junto con los actos que Jesús hizo en la Redención, y mi siempre
amable Jesús me ha dicho:
(2) “Hija mía, mira como todos los actos que hice al redimir al hombre, aun mis mismos
milagros que hice en mi vida pública, no eran otra cosa que llamar el reino del Fiat Supremo en
medio de las criaturas, en el acto de hacerlos pedía a mi Padre Celestial que lo hiciera conocer
y lo restableciera en medio de las generaciones humanas. Si daba la vista a los ciegos, mi
primer acto era el de poner en fuga las tinieblas de la voluntad humana, causa primaria de la
ceguera del alma y del cuerpo, y que la luz de la mía iluminara las almas de tantos ciegos, a fin
de que obtuvieran la vista para mirar mi Voluntad para amarla, a fin de que también sus cuerpos
estuvieran exentos de perder la vista; si daba el oído a los sordos, primero pedía a mi Padre que
adquirieran el oído para escuchar las voces, los conocimientos, los prodigios de mi Querer
Divino, a fin de que entrase en sus corazones como camino para dominarlos, a fin de que no
más sordos existieran en el mundo, ni en el alma ni en el cuerpo; también cuando resucité a los
muertos pedía que resucitasen las almas en mi Eterno Querer, también aquellas putrefactas y
vueltas más que cadáveres por la voluntad humana. Y cuando tomé las cuerdas para arrojar a
los profanadores del templo, era a la voluntad humana que arrojaba, a fin de que entrase la mía,
reinante y dominante, para que fuesen verdaderamente ricos en el alma y no más sujetos a
pobreza natural. Y hasta cuando entré triunfante en Jerusalén, en medio de la muchedumbre,
rodeado de honor y de gloria, era el triunfo de mi Voluntad que establecía en medio de los
pueblos, no hubo un acto que Yo hiciera estando en la tierra en que no pusiera mi Voluntad
como acto primero para restablecerla en medio de las criaturas, porque era la cosa que más me
importaba. Y si no fuera así, que en todo lo que obré y sufrí no hubiera tenido como acto primero
el reino del Fiat Supremo para restablecerlo en medio de las criaturas, mi venida a la tierra
hubiera traído a las generaciones humanas un bien a la mitad, no completo, y la gloria de mi
Padre Celestial no habría sido completamente reintegrada por Mí, porque como mi Voluntad es
principio de todo bien, es finalidad única de la Creación y Redención, por lo tanto es fin de
cumplimiento de todas nuestras obras. Así que sin Ella nuestras obras más bellas quedan
comenzadas y sin cumplimiento, porque es Ella sola la corona de nuestras obras y el sello de
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