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Septiembre 28, 1926
Su gran aflicción por la publicación de los escritos. Jesús
quiere la entrega. Jesús incita al padre que debe ocuparse de esto.
(1) Me sentía oprimida y como aplastada bajo el peso de una humillación profunda, porque
me había sido dicho que no sólo se publicaría lo que se refiere a la Voluntad de Dios, sino
también lo que se refiere a todas las otras cosas que me ha dicho mi amable Jesús; era tanto el
dolor, que me quitaba hasta las palabras para poder aducir razones para que no lo hicieran, ni
sabía rogar a mi amado Jesús para que no permitiera esto, todo era silencio dentro y fuera de
mí. Entonces mi amable Jesús moviéndose en mi interior me ha estrechado a Él para infundirme
ánimo y fuerza y me ha dicho:
(2) “Hija mía, no quiero que veas como cosa tuya lo que has escrito, sino que lo veas como
cosa mía y como cosa que no te pertenece, tú de hecho no debes entrar en medio, Yo me
encargaré de todo, y por eso quiero que todo me lo entregues y conforme escribes quiero que
me lo des todo como un don, a fin de que Yo quede libre de hacer lo que quiero y para ti, te
quede sólo aquello que te conviene para vivir en mi Voluntad. Yo te he hecho tantos dones
preciosos por cuantos conocimientos te he manifestado, ¿y tú ningún don me quieres dar?”
(3) Y yo: “Mi Jesús, perdóname, yo no quisiera sentir lo que siento, el pensar que lo que ha
pasado entre Tú y yo deben saberlo los demás, me pone inquieta y me da tal pena, que yo
misma no sé explicar, por eso dame la fuerza, en Ti me abandono y todo a Ti lo dono”. Y Jesús
ha agregado:
(4) “Hija mía, así está bien, todo esto lo requiere mi gloria y el triunfo de mi Voluntad, pero el
primer triunfo lo quiere, lo exige sobre de ti. ¿No estás contenta de que tú te vuelvas la victoria,
el triunfo de esta Voluntad Suprema? ¿No quieres tú entonces hacer cualquier sacrificio para
hacer que este Reino supremo sea conocido y poseído por las criaturas? También Yo sé que
tú sufres mucho al ver que después de tantos años de secreto entre tú y Yo y que con tanto celo
te he tenido escondida, ahora al ver salir fuera nuestros secretos sientes fuertes impresiones,
pero cuando lo quiero Yo lo debes querer también tú, por eso pongámonos de acuerdo y no te
preocupes”.
(5) Después de esto me hacía ver al reverendo padre, y Jesús estando junto a él le ponía su
santa mano derecha sobre su cabeza para infundirle firmeza, ayuda y voluntad diciéndole: “Hijo
mío, hazlo pronto, no pierdas tiempo, yo te ayudaré, estaré junto a ti a fin de que todo vaya bien
y según mi Voluntad. Así como me interesa que mi Voluntad sea conocida y así como con
paterna bondad he dictado los escritos que se refieren al Reino del Fiat Supremo, así ayudaré
a la publicación, estaré en medio de aquellos que se ocuparán, a fin de que el todo sea regulado
por Mí. Por eso pronto, pronto”.
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